martes, 25 de abril de 2017

Juan Benet y Rafael Sánchez Ferlosio


El gran estilo en Juan Benet y 


Rafael Sánchez Ferlosio


Renovación en la prosa española




Juan Benet y Sánchez Ferlosio renovaron la prosa española, vaciándola de retórica, de lírica y de costumbrismo, y explorando las posibilidades de la sintaxis con una radicalidad que no ha vuelto a conocerse. Benet, con su impresionante ciclo novelístico ubicado en el territorio ficticio de Región, y Sánchez Ferlosio, sobre todo en el ensayo y su contribución al realismo social de posguerra, crearon una obra imbatible y extraordinariamente estimulante.

Ignacio Echevarría, editor y crítico, ha publicado las antologías ensayísticas de Juan Benet
 y Rafael Sánchez Ferlosio. 
Actualmente escribe en Revista de Libros y El Cultural.


    Juan Benet y Rafael Sánchez Ferlosio fueron amigos y hoy son dos casos extraños, casi marginales en el marco de la generación de medio siglo. El ponente se pregunta si entre los que estamos en la sala habrá alguien que haya leído a alguno de los dos, o a ambos. Y es que llevan la etiqueta de “autores difíciles”, aunque a veces se crea una falsa equivalencia entre complejidad y oscuridad; así como entre claridad y simplicidad. Ambos autores son complejos, pero no oscuros. Y ambos enfrentan la complejidad de distinto modo. Juan García Hortelano bautizó a los autores del marco generacional de los 50 como “los niños de la guerra”. Lo cierto es que de aquella experiencia, a veces traumática, y otras veces no tanto, queda la experiencia de la ruina. Este es el gran tema medular de toda la narrativa de Juan Benet. Son escritores que se propusieron reconstruir la realidad, una realidad en ruinas. Apunta Benet que la literatura, como otra disciplina artística, maneja una segunda realidad, maneja un sistema de representaciones que no depende de la realidad común. Benet fue uno de los enemigos del realismo. No entendió que para muchos, esa realidad primera había quedado totalmente aniquilada; y, por lo tanto, había que reinventarla. La retórica de la guerra venía cargada de grandilocuencia, soflamas, inflamación que intentaba ocultar los efectos del sistema.

Rafael Sánchez Ferlosio (1927). Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951) fue su primera novela. Es un libro de iniciación, centrado en su infancia. Tras el éxito rotundo de El Jarama (1956), novela emblema de su generación, se retiró para dedicarse a estudiar el lenguaje. El mérito principal de El Jarama fue la rigurosa representación del habla de los personajes, que por ceñirse tan fielmente a los usos coloquiales de aquel tiempo, resulta extemporánea. Se trató de un experimento para rebajar el lenguaje de toda intención que fuera más allá de la comunicación.
Un fenómeno muy característico de la generación de los 50 fue la preocupación por el lenguaje. Sánchez Ferlosio se centró en el estudio de la hipotaxis (subordinación de elementos oracionales y frases poliarticuladas), como capacidad extraordinaria de la lengua castellana. Esta generación se sintió atraída por la lingüística, porque detectaron que el error estaba allí, en el lenguaje.

El riesgo del anacoluto y el de quedarte sin respiración. Yo ahora digo que la frase tiene que ser respiratoria, tiene que poderla decir uno bien con comas y puntos y comas con el mismo aliento, sin tener que renovar el aire y sin tener que decir “venía diciendo”. Eso es un desastre, el fracaso de la hipotaxis. Con la hipotaxis me he pasado mucho. Se coge el vicio y es un preciosismo.” 
Entrevista a El país, en abril de 2015.

Sánchez Ferlosio se dedicó después al ensayo y la crítica sacrificando su vocación como novelista. La confianza en la palabra es el tema central de Ferlosio, le lleva a pensar que se puede conquistar la razón a través de ella.
En 1986 se publica El testimonio de Yarfoz. Ya no es el habla sino la lengua lo que le interesa cuando escribe, en un estilo grave e intemporal.

Juan Benet (1927-1993) Fueron amigos y cómplices de tertulias. A Benet, una novela como El Jarama le horrorizó. Su gran preocupación no fue la lingüística, sino el estilo. Y su máximo modelo, W. Faulkner. Hace una lectura severa de la tradición literaria española y discrepa del camino seguido por sus contemporáneos, a los que reprochaba su perseverancia en el costumbrismo. Su concepto de literatura era la precisión para significar aquello que la ciencia no puede alcanzar, aquello que el foco de la ciencia no ilumina y se adentra, por lo tanto, en zonas de penumbra. Y es que “penumbra” e “incertidumbre” son palabras clave en la teoría literaria de Juan Benet. El empleo de la literatura para adentrarse en aquello que escapa a nuestra comprensión. La novela es una investigación que yace detrás de la realidad, la atraviesa sin quedarse en ella. Su idea de estilo queda expresada en su ensayo La inspiración y el estilo (1966), que es todo un programa literario en el que impugna los derroteros de la tradición literaria española de los últimos cuatro siglos y reclama la recuperación del Grand Style, o estilo noble. Con Volverás a Región (1967) quiso satisfacer sus propias exigencias.Región es el nombre de una comarca imaginaria donde transcurre la mayor parte de su obra narrativa. Benet explora el destino ruinoso que acecha a todo lo humano. Pero la obra más completa, según su propio autor, es Saúl ante Samuel (1980). La guerra civil en Región sirve de fondo a esta historia que le llevó siete años de trabajo. Aparece la rivalidad entre dos hermanos y hallamos ecos de resonancias bíblicas. Su finalidad fue ofrecer “exclusivamente sustancia literaria”.