domingo, 24 de febrero de 2019

TUSQUETS o el arte de seducir

Sesión del ciclo: El oficio de editar, 50 años después.
Encuentro entre Beatriz de Moura y Juan Cruz.
Biblioteca Nacional
21 de febrero


Un elogio de la lectura

"La edición tiene que ver con el placer de leer"


La sesión de hoy en el auditorio de la BNE recibe a la editora Beatriz de Moura con las notas de la canción de J.M. Serrat, Mediterráneo. Confiesa su devoción por el mar Mediterráneo y declara: “Está todo ahí. La historia de todos.” Beatriz de Moura es fundadora y directora literaria de Tusquets Editores. Estudió Traducción Literaria, Historia y Ciencias Políticas y Sociales en Ginebra. Desde 1962 hasta 1969 trabajó en distintas editoriales, entre ellas la Editorial Lumen. Afirma que tuvo la satisfacción de trabajar en la creación de una editorial en los años 60 en Barcelona. Allí lo aprendió todo. Se refiere a Lumen. El periodista y escritor Juan Cruz hace de entrevistador aventajado, porque se nota una larga relación de amistad y confianza entre ellos. Le hace una pregunta genérica sobre el sentido de la edición y Beatriz abre una larga exposición que es un elogio de la lectura, una declaración de amor.
“La edición tiene que ver con el placer de leer, un placer mental y físico incluso, de poder disfrutar de un momento feliz con la lectura, o bien de ilustrarse, poder conocer al otro, conocer al mundo y conocerse uno mismo. Eres tú ante ti mismo. La lectura es un ejercicio y un placer a la vez.”
He aspirado siempre a estar rodeada de libros. Con la lectura he sido feliz.”
 “El lector lo será hasta el resto de sus días”.
En 2017 la editora donó el fondo histórico de la Editorial Tusquets a la Biblioteca Nacional y hoy ha podido ver cómo está guardado. Apunta que aquí es donde tiene que estar. La Biblioteca está viva, recibe a muchos visitantes e investigadores. Pero volvamos a los orígenes, cuando en 1969 fundó con el arquitecto Óscar Tusquets la editorial Tusquets Editores, que dirigió hasta 2014. Juan Cruz, con su voz tan singular, le pide que explique la historia de su relación con un joven Gabriel García Márquez recién llegado a Barcelona. Ella explica que siempre llevaba el mismo traje y que decía que era escritor. Hubo una relación de amistad y ella fue quien lo introdujo en el mundillo cultural de la ciudad, Él se hacía llamar Gabo. Un año y medio después, Carmen Balcells monta su primer local de representación de autores. 


Es entonces cuando Beatriz de Moura oye que Gabo ha sido el autor de una novela titulada Cien años de soledad. Ella se enfadó, no se lo esperaba y entonces GGM, como consolación, le regaló, literalmente, la obra Relato de un náufrago. Nunca hubo contrato, pero se publicó en Tusquets en la Colección Marginales, de escaso grosor y precio. Confiesa que el regalo fue producto de la amistad y la simpatía que profesaba por el autor. Fue muy importante para la construcción del catálogo en los inicios de la editorial. No recuerda cuántas ediciones se llevarán vendidas de la obra, pero calcula unas 50.


Beatriz de Moura dirigió Tusquets Editores hasta 2014, cuando pasó a ser su Presidenta de Honor al asociarse con Planeta Corporación. La conversación se centra ahora en la joya de la corona, el catálogo (1969-2009), “es como mi hijo”, apunta la editora. La calidad del catálogo es fundamental para atraer a un buen escritor, señala, y reconoce que en el mundo editorial es muy difícil comercializar la obra. Así, de la gestión empresarial se ocupaba Antonio (Toni) López de la Madrid. Debe gestionarse como una empresa, de hecho, es una empresa. Pero ella ha disfrutado más con la relación con los autores y con la lectura, siempre la lectura. 

Siente un respeto imponente por la obra de un escritor y otorga gran responsabilidad a la valoración de un manuscrito. El autor te confía su obra y tú, como editor, tienes que velar por ella. Aunque ahora los tiempos han cambiado mucho. Algunos nombres de escritores que destaca están Camus (confiesa que fue un hallazgo y que su lectura cambió la idea que tenía de sí misma y de los otros), Milan Kundera, de quien confiesa tener noticias que nunca revelará. Apunta que ahora está en silencio por problemas de salud. En cuanto a autores españoles aparecen Almudena Grandes y Luis Landero.

lunes, 18 de febrero de 2019

Christopher Homm, una novela de Charles Hubert Sisson.

Christopher Homm 
de C.H. Sisson (1914-2003)


Alba editorial rescata la novela Christopher Homm (1965) en esta edición de enero 2019, dentro de la colección Rara Avis, traducida por Catalina Martínez Muñoz. La obra consta de una “Nota al texto”, poema de cinco estrofas sobre el sentido de la existencia que precede a los 31 capítulos que narran en tercera persona el devenir de una vida, la del protagonista Christopher Homm.
La originalidad consiste en que un narrador cuenta la vida de un hombre común, de clase trabajadora, pero en orden cronológico inverso; es decir, desde su muerte, en el capítulo I “Era un dechado de amabilidad cuando se desplomó en la gravilla.”hasta su nacimiento, en el capítulo XXXI “...de haber sabido lo amargo que sería su viaje, no habría venido al mundo.”
La técnica que utiliza es la de retroceder en el tiempo narrando episodios (uno por capítulo) importantes de la vida del protagonista: su muerte, el entierro y muerte de su mujer, el nacimiento de su hija, la boda, el noviazgo, la adolescencia, la infancia, …La muerte es el punto de partida pero no es el punto final. Y lo hace con verdadero esmero en los enlaces entre las secuencias narradas, por ejemplo, con partículas espacio-temporales: “Cuandovivía Felicia…”Así, desde el entierro de su mujer retrocede a la enfermedad de Felicia y lo hace con el nexo de espacio: la casa, cuando vuelve a casa tras el entierro. El retroceso crea una nueva forma de suspense, porque el tiempo del relato no avanza, sino que retrocede; así, sabemos lo que ha pasado antes de preguntarnos lo que pasará. Conocemos las consecuencias antes que las causas, los presagios se confirman antes de ser anunciados. Los finales de los capítulos son especialmente sugerentes y algunos vienen cargados de ironía. Queda expresado el rasgo más distintivo de Homm desde que era un niño pequeño: “Siempre ha preferido el pensamiento a la acción.” “Su única manera de pensar era mirar”. 
La vida de Homm es una vida mediocre, sin aspiraciones, cargada de rutinas de convivencia familiar que revelan toda una serie de expectativas no cumplidas. El narrador muestra rasgos de la personalidad de Homm a partir de breves pinceladas desde su pensamiento: “Había dejado de ser un hombre expresivo”.“Miró a su alrededor sin comprender por qué había pagado el viaje a tanta gente. De todos modos, estaba convencido de que eso le honraba.” Frente a la actividad de Felicia, su esposa, él se retrata como inactivo. Ella cae de repente en una inmensa apatía “antinatural”, que la llevará a la muerte.
Homm a menudo duda, se debate entre un planteamiento a doble posibilidad, imaginando ambas situaciones y; al final, se decide por una: “Sopesó las aterradoras circunstancias que estaba viviendo” “Decidió hablar con ella.” Cuando Christopher Homm descubre que sus errores levantan compasión, urde un plan para y empieza a simular que es un incompetente en el trabajo. En este sentido, nos recuerda la novela de Robert Walser,Jakob von Gunten, por lo que al aprendizaje de cosas absurdas se refiere, y todo con la finalidad de desaprender o de aprender a ser nadie, ser un cero a la izquierda. El protagonista tiene la misma vocación de anularse y llegar a ser lo mínimo. Pero en esta novela aparece cierto sentido del orgullo y de la propia dignidad. Homm tiene la intención de que el señor Wilson, su jefe, lo despida del almacén y así pueda jubilarse. Otro ejemplo es cuando se decide a buscar un trabajo estable y el hecho de encontrarlo en el almacén “significó para C.H. renunciar a una idea de sí mismo.” Antes, tras el anuncio a su mujer de que iba a buscar un empleo estable: “su primera medida fue instituir una visita diaria a lugares donde se anunciaban trabajos que tenía pocas probabilidades de obtener”. Recurre con frecuencia a planes absurdos con el fin de llevar la contraria a Felicia, quien lo ningunea y desprecia sus “peroratas” sobre Filosofía. 
Ciertamente, la vida de Homm es un ejemplo de mediocridad e insustancialidad, pero no exento en ocasiones de mezquindad. Homm prefiere siempre su propio mundo, su burbuja.“Christopher se despojaba de su majestuosidad para gatear con sus nietos en el universo de debajo de la mesa, que prefería al mundo de arriba”. 
Siempre en sentido inverso, sabemos que Homm ha llevado a cabo una especie de salvación; de alguna manera, se había reformado. El ardor empieza a aminorar y los dolores y achaques de los años le hacen ser más prudente. En los años en los que vive solo y soltero, tras abandonar a su familia, Homm se instala en un cuarto humilde y sucio; cuya casera, la señora Seemelee, viuda de 45 años, despierta en Homm cierta atracción. En su cuarto era “casi feliz con la regularidad de su vida sencilla”. El breve encuentro amoroso tiene algo de ternura más que de sordidez.“En su placer, se hizo la ilusión de que estaba recibiendo cariño”.
Tal vez la etapa de la vida de Homm donde aparece más desprotegido y débil es en la infancia. Su aspecto físico y su manera de proceder, así como la relación con su padre, son presagio de todas las derrotas que le va a deparar la vida. Así cobra todo el sentido la última frase de la novela: “De haber sabido lo amargo que sería su viaje, no habría venido al mundo.”
Por último, debemos destacar los potentes rasgos de estilo que hacen de la novela una pieza maestra por su originalidad. Así, abundan las descripciones originales: La boca de su hija Sophie “era un orificio ciego, diseñado para recibir alimentos y convertido por la costumbre en conducto para la emisión del lenguaje.”/“La cabeza de Felicia era la grotesca campana de una chimenea.” Y las comparaciones “...eran como los delegados de una empresa muy importante envueltos en el valor de sus acciones”. Otras veces, en los juegos descriptivos cargados de ironía, aparecen rasgos de la personalidad de Homm: “Cuanto más se asemejaba su traje a un caparazón, más delataban sus facciones una incertidumbre moral que debía disimular o poner a raya.”


Christopher Homm (1965) fue la segunda novela de las dos únicas que publicó Charles Hubert Sisson (1914-2003), autor de veinticinco libros de poesía, publicados a lo largo de toda su vida literaria, desde 1961 hasta 1998. De formación humanística, fue profesor de Filosofía en Bristol, traductor de obras clásicas y crítico literario, actividades en las que obtuvo un gran reconocimiento. En su primera novela, An Asiatic Romance, de 1953, narra en forma de sátira su experiencia militar en la India, país al que fue destinado durante la Segunda Guerra Mundial.

jueves, 14 de febrero de 2019

En el mundo de ANAGRAMA

Sesión del ciclo: El oficio de editar. 50 años después. 
Jorge Herralde, Jordi Gracia y Javier Rodríguez Marcos
Biblioteca Nacional de España
14 de febrero 2019



"El talento de un editor se mide en la capacidad de descubrir buenos libros."


Jordi Gracia abre el acto y hace referencia a la exposición Los papeles del cambio. Revolución, edición literaria y democracia. 1968-1988,de la que es comisario. Gracia habla de la restitución de la memoria en tiempos anteriores a todo: antes de la muerte de Franco y antes de la Constitución. Propone una reflexión sobre qué pasa antes y después del año 1978, y destaca el papel de los editores que por la vía del pensamiento, de la literatura, la filosofía, la imaginación, las ideas y la imaginación, fueron capaces de editar asumiendo riesgos mucho antes de que fuese legal hacerlo como lo hacían ellos. Jordi Herralde explica cómo mucho antes de la muerte del dictador, los editores de izquierdas apostaron por los libros de filosofía, política, el marxismo, el estructuralismo, el feminismo,.. y otras corrientes del pensamiento. A principios de los años 70 nace la colección Panorama de Ensayo y entre 1977-78 aparece la colección estrella: Panoramas de Narrativas, de la que ahora se ha publicado el número 1000, colección conocida como “la bestia amarilla.”
   Sobre los comienzos de Anagrama, Herralde explica que en un principio buscaban autores desconocidos para los que tenían que encontrar lectores. Apunta dos títulos que fueron los motores para el arranque de la editorial. De un lado, Patricia Highsmith, con la serie Ripley, se convirtió pronto en un fenómeno editorial y, por el otro, La conjura de los necios se agotó la segunda edición en dos días. Luego habla sobre la colección Narrativas Hispánicas, del premio Herralde, y, con cierta satisfacción no disimulada, Jordi Herralde menciona a tres autoras muy importantes para la literatura española de la segunda mitad del siglo XX: Carmen Martín Gaite, Josefina Aldecoa y Ana María Matute. Dice que eran escritoras cuyas obras estaban en segundo plano de alguna manera por la fuerte personalidad de sus parejas. Así, cuenta cómo C. Martín Gaite le propone la edición del libro Los usos amorosos de la posguerra española, y como se convirtió en un verdadero best seller.
     A la pregunta sobre el secreto del éxito de Anagrama y por qué ha llevado al éxito a autores que no despuntaban con otras editoriales, Herralde contesta muy seguro que lo más importante ha sido la fiabilidad del sello, un catálogo fiable, generoso y sorprendente. Así, el crédito como sello y la marca ha hecho que los lectores valoren la editorial por encima, muchas veces de los autores o los títulos. Y en cuanto al secreto del éxito afirma que es casi más importante descartar que publicar. La obra tiene que aportar algo inesperado, algo distinto. El talento de un editor se mide en la capacidad de descubrir buenos libros. La venta no es lo fundamental, para eso están los best sellers.

martes, 5 de febrero de 2019

Iris Murdoch en su centenario


Iris Murdoch en su centenario (1919-2019) 

Por Ignacio Echevarría.
Fundación Juan March.
Madrid, 29 de enero 2019

Iris Murdoch (Dublín, Irlanda, 1919-Oxford, Reino Unido, 1999) plasmó sus ideales filosóficos en novelas como El unicornio (1963), El mar, el mar (1978, con la que ganó el Premio Booker) o El libro y la hermandad (1987), a la manera de ingeniosos diálogos platónicos y morales, con personajes y situaciones de la tradición literaria británica. 
Abre Ignacio Echevarría su conferencia con la declaración de que se trata de una autora a la que adora y se considera “culpable” de haber contribuido a crear muchos adeptos a las novelas de Iris Murdoch. Describe su obra como un caudal inmenso que pone en juego conceptos como la verdad, la bondad, el bien, la libertad, el amor de los otros.

Semblanza inicial de la autora.
Nacida en julio de 1919 en Dublín, en el seno de una familia protestante, se traslada pronto a vivir a Londres. Su padre fue un gran aficionado a los libros. Mantuvo siempre un recuerdo muy feliz de todo el entorno familiar de su infancia.
Tras estudiar lenguas clásicas y filosofía en Oxford y leer su tesis sobre Wittgenstein en Cambridge, dio clases en el oxoniense St. Anne College hasta que pudo retirarse a escribir. 

En la inmediata posguerra viajó a Bélgica y Austria para participar en programas de ayuda a los refugiados, y allí recibió una influencia decisiva del existencialismo, de Sartre (sobre quien escribió su primer ensayo), y de Beckett, irlandés trasplantado como ella. Hoy ella reconoce esas influencias, pero sobre todo se reclama eslabón de los grandes realistas del XIX, como Tolstoi, de Proust, y sobre todo de los británicos: Dickens, Henry James, las hermanas Brontë y Thomas Hardy. Y Shakespeare, a quien considera gran maestro de realistas. "¡El inglés le debe tanto a Shakespeare!", dice. "Él mostró a tantas clases de gente, exhibió tantas emociones, enseñó tanto sobre política!".

En 1954 publica inesperadamente su primera novela Bajo la red, a los 35 años, un debut deslumbrante. El libro fue elegido entonces por la revista «Time» como una de las cien mejores novelas en inglés del siglo XX. Se encuentran en él los elementos esenciales de la obra de la autora: la abundancia de diálogos, las situaciones hilarantes y rocambolescas, las reflexiones filosóficas y algo que la identifica de un modo especial, una especie de teatralidad en el comportamiento de sus personajes que lleva al lector a imaginarse la acción en un escenario o en una gran pantalla. En esta ocasión seguimos a Jake Donaghue, un escritor y traductor que vive en casa de su novia hasta que ésta le echa porque se ha enamorado de un corredor de apuestas. En su deambular por Londres en busca de un lugar en el que vivir gratis, Jake visita a una antigua novia, Anna, una cantante que pasa por una mala época y que le pone en contacto con su hermana Sadie, en cuyo apartamento tendrá lugar uno de los episodios más humorísticos y cinematográficos de la novela. También visitará a un viejo amigo, Hugo, un filósofo al que traicionó cuando se apropió de sus ideas para publicar un libro.

IM perteneció a una tradición de novelistas inglesas de mitad del siglo XX, dos o tres generaciones de escritoras cultas que no aspiraban al canon ni adoptan los formalismos de los escritores masculinos. A finales de los 60 y hasta bien entrados los 70, IM escribe a un ritmo frenético una serie de novelas extraordinarias:El sueño de Bruno, Un hombre accidental, Una derrota bastante honrosa, El príncipe negro, El mar, el mar, Henry y Cato.Y muchísimas más. Numerosos premios y reconocimientos y se fraguó el mito de una autora a la que se calificó en vida como «la mujer más brillante de Inglaterra».

Tuvo una vida amorosa intensa y proteica con muchos hombres y algunas mujeres, algo que por otra parte no le impidió mantener un matrimonio largo y feliz con el profesor y crítico John Bayley, seis años más joven que ella y que la cuidó hasta el final, cuando el alzhéimer se lo quitó todo salvo la bondad, según recuerdan aún sus devotos amigos. En un libro hermoso Elegía para Iris, publicado tras la muerte de la autora, identifica la promiscuidad de su mujer con una ganas de relacionarse con la gente y su afán de conocimiento. Ella misma explica su naturaleza versátil con el mito de Proteo.

«Cuando nuestra relación se hizo más seria, y cuando nos dimos cuenta de que nos encaminábamos inevitablemente hacia una separación o una solución que no podíamos prever, Iris mencionó una o dos veces el mito de Proteo. Fue en respuesta a mi desesperado comentario de que no la entendía, o de que no entendía a la mujer en la que se transformaba para las numerosas personas con las que se relacionaba. “Acuérdate de Proteo”, y solía decirme. “Tú no me sueltes y todo irá bien.” Proteo tenía el poder de cambiar de forma a voluntad-león, serpiente, monstruo, pez,-pero , cuando Hércules lo asió fuertemente durante todas esas transformaciones, al final se vio obligado a rendirse y a adoptar de nuevo su forma humana.
Yo le respondía con tristeza que no era Hércules…nos echábamos a reír y volvíamos a ser aquellos jóvenes alegres: como cuando nos bañamos por primera vez en el río».

FILOSOFÍA
IM optó por la Filosofía Moral. Platón es su gran referencia filosófica. Participó en numerosos debates con grandes pensadores.
Iris Murdoch abrazó las dos corrientes filosóficas del momento: la filosofía analítica y el existencialismo francés. Y sobre el marxismo y el psicoanálisis, aunque de este último llegó a afirmar que uno de los efectos del psicoanálisis es que le hace a uno concentrarse enormemente en sí mismo, pensar demasiado sobre uno mismo, mientras que el mejor remedio para el sufrimiento es ayudar a otros. 
A diferencia de la mayoría de sus colegas en Oxford y Cambridge, Murdoch estaba interesada sobre todo en la vida moral y en las posibilidades reales que el ser humano tiene de hacerse mejor persona. La idea del Bien en un mundo sin Dios fue siempre su principal preocupación y a ella le dedica estos tres ensayos combativos y edificantes, que recoge Taurus en esta edición con el título de La soberanía del bien. Andreu Jaume nos ofrece una nueva traducción anotada de este clásico del pensamiento así como un largo ensayo introductorio en el que se estudia la vida, la filosofía y las novelas de quien fue definida en su tiempo como «la mujer más brillante de Inglaterra».

Reaccionó para restituir la idea de moral que puede no expresarse pero que tiene eficacia dentro de la mente del sujeto. Conceptos básicosson el bien, lo bueno, la poesía y el arte, y el concepto de atención. Toda la idea del Bien le sirve para construir una Ética: ser buenos. ¿Cómo podemos hacernos moralmente mejores?Esta es la pregunta que late en toda su obra y explica la mecánica de sus novelas. El gran arte es un propósito de acercamiento y revelación de la realidad.

Citas:
«Se da un completo equívoco cuando se plantea la existencia de “dos culturas”…no hay más que una sola cultura…el aspecto más esencial y más fundamental de esta cultura es el estudio de la literatura, pues resulta educadora de nuestra manera de representar y de comprender las situaciones humanas. Antes de ser científicos, somos seres humanos y agentes morales, y es con palabras como debemos debatir el lugar de la ciencia en la vida humana. Es la razón por la cual es y será siempre importante haber oído hablar de Shakespeare más que de cualquier sabio, si existe algún “Shakespeare de la ciencia” éste es Aristóteles».

«El Bien como tal no es visible, Platón describe el hombre de bien como el único que en rigor es capaz de mirar el sol…» [prosigue manteniendo que la ética debe adoptar nuevos términos conceptuales, para lo cual –según ella- el recurso a Platón se torna necesario].

«…El papel del amor en sus manifestaciones cotidianas…Platón era partidario de tomarlo como punto de partida. En un sentido no se puede más que estar de acuerdo con la idea de que el amor es la cosa más importante de todas; pero al mismo tiempo el amor humano es normalmente profundamente posesivo hasta el exceso y también demasiado “mecánico” para ser portador de una visión…»

Entrevista de El Mundo (14 / XI / 1992) :
«Hay algo en la naturaleza humana que requiere una moralidad. El tipo de bondad que el cristianismo asumió fue algo absoluto, pero creo que deben preservarse las grandes religiones, no para tomar literalmente el cielo y esas cosas, sino en el sentido de que nos pueden mostrar cómo es la bondad, qué aspecto tiene. Soy platónica. Creo que Platón representa uno de los más serios intentos del pensamiento humano de imaginar la posibilidad de la bondad y también de recoger los intentos que los seres humanos han hecho para encontrar un modo de vivir desinteresado, altruista…la imagen de la cueva…este proceder de salir de lo oscuro hacia la luz es el abandono del egoísmo hacia lo que es bueno…muchos sistemas filosóficos dependen de imágenes, de metáforas. Por eso no deberíamos perder de vista las verdades contenidas en la Biblia, en Jesucristo…»

NARRATIVA
Si decidió dedicarse a la novela fue porque consideró que la filosofía, después de Wittgenstein y Heidegger —a los que nunca dejó de estudiar y dar vueltas—, se había vuelto inoperante para lo que a ella le interesaba y que básicamente consistía en la experiencia moral del ser humano. Con Platón como eterno guía, reformuló el estatuto de la novela afiliándose a la corriente que va de George Eliot hasta Henry James y Proust, prescindiendo tanto de la experimentación estilística como de la crónica factual.

Murdoch es una de las escritoras que más esfuerzo dedicó en el siglo XX a revitalizar y reivindicar el poder de la novela como instrumento de transformación moral. Es la autora de una vasta obra de más de veinte novelas, cuatro obras de teatro, poesía y numerosos artículos de filosofía (asignatura que enseñó en Oxford durante años), entre los que destaca “Against dryness” (Contra la sequedad)

Iris Murdoch construye novelas muy relacionadas entre ellas, juega con elementos recurrentes, con personajes muy parecidos. El amor y os enredo amorosos juegan un importante papel en sus novelas. Traduce a todo Shakespeare a la novela contemporánea. (La tempestad, Hamlet,..)
Explora una categoría que es el enamoramiento, como hecho accidental y el amor como una construcción ética.

«Consideremos el hecho de estar enamorado. Consideremos igualmente las tentativas para controlar tal estado…Allí en donde hay emoción fuerte como es el caso en el amor sexual, el odio, el resentimiento o la envidia, la “voluntad pura” no tiene generalmente gran poder. No tiene gran utilidad decirse: “ contente del enamoramiento contén tus impulsos, sé justo”. Lo que necesitamos es una reorientación que conllevará otro tipo de energía, proveniente de otra fuente. Notamos aquí las metáforas de la orientación y de la mirada…Acabar deliberadamente con el estado amoroso no se debe a un sobresalto del querer, es la adquisición por medio de la atención de nuevos objetos, y por consiguiente de nuevas energías, a partir de una focalización nueva…que seamos susceptibles de recibir moralmente ayuda focalizando nuestra atención sobre cosas que tienen un valor intrínseco: gentes virtuosas, obras de arte, quizá la idea misma del bien…»
«El Amor es la tensión entre la imperfección del alma y la perfección del atractivo que se supone hallarse más allá de ella misma ( Platón en El Banquete lo explica…). ..amor es el nombre general dado a la calidad de nuestros afectos; esta cualidad está sujeta a infinitas degradaciones y puede ser la fuente de nuestros más grandes errores…Que el amor existe es el el signo indudable de que somos criaturas espirituales, sometidas a la atracción de la excelencia y hechas para el Bien. El Amor es el reflejo del calor y de la luz del sol».

Harold Bloom duda de que haya ningún otro novelista británico (pero se refería a los vivos, y lo decía hace más de veinte años) que tenga la altura de Murdoch. Pese a lo cual, son muchas las reservas que sus libros le suscitan, entre las cuales menciona su 'estilo anacrónico' y su forma de narrar resueltamente 'anticuada'. 'Los procedimientos novelísticos de Murdoch', observa Bloom, 'parecen dejar de lado la época de Samuel Beckett y Thomas Pynchon, post joyceana y posfaulkneriana, casi como si ella afirmara así su continuidad directa con los principales maestros de ficción rusos y británicos del siglo XIX'.

Tiene razón Bloom. Pero conviene añadir que esta actitud tiene un fundamento ético. Está ligada a algo tan grave y tan elemental a la vez como es la búsqueda de la verdad. Por decirlo con las altisonantes palabras que emplea Bradley Pearson, el escritor que protagoniza El príncipe negro (1973), otra de las grandes novelas de Murdoch: 'El arte concierne a la verdad no sólo esencialmente, sino absolutamente. Es otro nombre para designar a la verdad'.
Quizá el anacronismo de Murdoch consista en confiar al arte una misión clarificadora, que, sin eludirla en absoluto (clarificadora no es lo mismo que simplificadora), subordina la complejidad a la búsqueda de la verdad. 'En un mundo sin redentor', se dice el protagonista del Castillo de arena, 'sólo la claridad era la respuesta apropiada para la culpa'.
Lo que caracteriza mayormente el arte narrativo de Murdoch es su extraordinario sentido de la teatralidad. Shakespeare, antes que Tolstói o George Eliot, es el gran inspirador de su vocación novelística. Repletas de suculentos diálogos, de situaciones carcajeantes y rocambolescas, las novelas de Murdoch tienen mucho de vodevil; son formidables enredos que, dejando a un lado la riqueza y la originalidad de sus observaciones, la increíble plasticidad moral de sus personajes, parecen andar reclamando una adaptación escénica (y de hecho, con frecuencia la han obtenido). 

El protagonista de El mar, el mar (1978), una de las obras maestras de Murdoch, ofrece la clave de este proceder:
'Las emociones', dice, 'existen realmente en el fondo de la personalidad, o en su cima. En la zona intermedia, se representan. Por eso el mundo es un escenario'. 
Lo cual debe ponerse en conexión con la convicción, expresada por Murdoch en otro de sus libros, de que 'la novela es una forma cómica'. La vida, en general, es cómica para Murdoch. 'Prácticamente toda descripción de nuestros actos resulta cómica. Somos infinitamente cómicos para los demás. Hasta la persona más adorada y amada le resulta cómica a su amante', señala el ya mencionado Bradley Pearson de El príncipe negro. Por eso, añade, la ironía -y Murdoch es, al lado de tantas cosas, un maravilloso ironista- es nuestro necesario aunque peligroso instrumento. 
'La ironía', puntualiza Bradley, 'es una forma de tacto (qué palabra tan divertida). Es nuestro ponderado sentido de la proporción en la elección de formas para la encarnación de la belleza. Y la belleza está presente cuando la verdad ha descubierto la forma idónea'.