viernes, 27 de julio de 2018

Carmen Martín Gaite. El cuento de nunca acabar












El cuento de nunca acabar (apuntes sobre la narración, el amor y la mentira). 
Carmen Martín Gaite.
Editorial Siruela.


El estilo de Carmen Martín Gaite (1925-2000) en esta obra es el de un ensayo que fluye, un solo cauce que recorre por las impresiones del ensayista. Abundan los conectores, da una sensación de suavidad discursiva, mece al lector. Por ejemplo, a partir de las propuestas de juegos para su hija y sus amigos en el parque acaba reflexionando sobre las tareas domésticas y los juegos infantiles. Se detiene y remarca sus ideas.

“Las palabras, al fluir, van marcando la necesidad del discurso tal como sale y quebrando los propósitos que hubiéramos podido abrigar antes de ordenarlas de esta manera”

Su estilo se mueve entre lo literario y lo coloquial con predominio del registro familiar del hablante culto. Capta muy bien las modulaciones, los tonos de la lengua hablada. El léxico cotidiano adquiere nuevas cargas semánticas con resonancias íntimas, familiares o literarias.

En su obra ensayística hay un tema recurrente: el sentido de la escritura como la búsqueda de un interlocutor (lector o destinatario explícito que a veces no existe). 
Se trata de la necesidad de la interlocución del otro que escucha. Es una proyección mental que capta la esencia. Se trata de seducir al receptor con la palabra. Distingue entre los falsos interlocutores (profesor, confesor, psiquiatra, periodista) que nos obligan a la narración y el narrador verdadero, añorado en la primera edad.

TEMAS

1. Justificación del título:
La esencia y las motivaciones del decir, el contar y el inventar
El origen de la narración dentro de la narración: la aparición de un nuevo personaje que se pone a narrar hechos ajenos a la narración.
La diferente disposición de cada cual para enfrentarse con los discursos y relatos ajenos, a su manera propia de recogerlos.
La difícil caracterización del género, la tipología de lo que va a ser el libro: Utiliza  la metáfora del libro como viaje. Condición fragmentaria del libro.
“análisis de la narración”, dificultad para explicar el contenido del ensayo.
2. Las torres de marfil quebradas:
Actitud para empezar a ponerse a escribir. Receta o fórmula: Es necesario un estado de sosiego, pero con actitud activa y no pasiva: un sosiego no inmanente, que nace para ser trascendido, con un criterio de ordenación, “una cierta disciplina sobre las intuiciones” y mucha paciencia.
3. Las siete preguntas sobre el narrador.
¿Qué cuenta? Lo que ha vivido, lo que ha soñado, lo que ha visto o lo que le han contado.
4. Las mujeres noveleras
“Las que aspiran a contarse su vida de otra manera”
5. Vida y literatura: “Frontera entre lo que llamamos vida y lo que llamamos literatura”
6. La necesidad de leer novelas: el escapismo a otros mundos, curiosidad insatisfecha. En la primera edad: leer por curiosidad insatisfecha. Se añora un interlocutor verdadero, con pasión e interés.En la edad adulta: leer por evasión a la reflexión.
7. Analiza diferentes tipos de narradores o de narraciones:

1. Egocéntrico, que se autoengaña en la primera edad.
2. Inmaduro
3. Sabihondo
4. Perezoso, quejumbroso
5. Compulsivo
6. Avasallador
7. Olímpico
8. Ocasional
9. Cerrado o “Tanathos”
10. Abierto o “Eros”
11. Testigo
12. Sedentario
13. Embarullado
14. Gastronómico

Tras la reflexión sobre las dos verdades en su texto, hay un momento en el que empieza a hablar del narrador amoroso. Nos convertimos en unos narradores meticulosos, concienzudos porque nos importa mucho mantener cautivo a su lector oyente, a su destinatario. La voz que cuenta tiene que seducir, hacer cautivo al lector.
La figura del interlocutor es el objeto más deseado. Concibe su obra como un diálogo abierto con el lector, pero esto le exige en primer lugar establecerlo consigo misma. Así, la búsqueda del interlocutor está íntimamente relacionada con otra búsqueda: 
“el modo y el placer de hallar en soledad la expresión buscada”.



martes, 3 de julio de 2018

Mecánica popular. Volver a Carver.


Mecánica popular”, un cuento de Raymond Carver.


EL TEXTO 
http://www.cuentosinfin.com/category/raymond-carver/

Aquel día, temprano, el tiempo cambió y la nieve se deshizo y se volvió agua sucia. Delgados regueros de nieve derretida caían de la pequeña ventana —una ventana abierta a la altura del hombro— que daba al traspatio. Por la calle pasaban coches salpicando. Estaba oscureciendo. Pero también oscurecía dentro de la casa.
Él estaba en el dormitorio metiendo ropas en una maleta cuando ella apareció en la puerta.
¡Estoy contenta de que te vayas! ¡Estoy contenta de que te vayas!, gritó. ¿Me oyes?
Él siguió metiendo sus cosas en la maleta.
¡Hijo de perra! ¡Estoy contentísima de que te vayas! Empezó a llorar. Ni siquiera te atreves a mirarme a la cara, ¿no es cierto?
Entonces ella vio la fotografía del niño encima de la cama, y la cogió.
Él la miró; ella se secó los ojos y se quedó mirándole fijamente, y después se dio la vuelta y volvió a la sala.
Trae aquí eso, le ordenó él.
Coge tus cosas y lárgate, contestó ella.
Él no respondió. Cerró la maleta, se puso el abrigo, miró a su alrededor antes de apagar la luz. Luego pasó a la sala.
Ella estaba en el umbral de la cocina, con el niño en brazos.
Quiero el niño, dijo él.
¿Estás loco?
No, pero quiero al niño. Mandaré a alguien a recoger sus cosas.
A este niño no lo tocas, advirtió ella.
El niño se había puesto a llorar, y ella le retiró la manta que le abrigaba la cabeza.
Oh, oh, exclamó ella mirando al niño.
Él avanzó hacia ella.
¡Por el amor de Dios!, se lamentó ella. Retrocedió unos pasos hacia el interior de la cocina.
Quiero el niño.
¡Fuera de aquí!
Ella se volvió y trató de refugiarse con el niño en un rincón, detrás de la cocina.
Pero él les alcanzó. Alargó las manos por encima de la cocina y agarró al niño con fuerza.
Suéltalo, dijo.
¡Apártate! ¡Apártate!, gritó ella.
El bebé, congestionado, gritaba. En la pelea tiraron una maceta que colgaba detrás de la cocina.
Él la aprisionó contra la pared, tratando de que soltara al niño. Siguió agarrando con fuerza al niño y empujó con todo su peso.
Suéltalo, repitió.
No, dijo ella. Le estás haciendo daño al niño.
No le estoy haciendo daño.
Por la ventana de la cocina no entraba luz alguna. En la oscuridad él trató de abrir los aferrados dedos ella con una mano, mientras con la otra agarraba al niño, que no paraba de chillar, por un brazo, cerca del hombro.
Ella sintió que sus dedos iban a abrirse. Sintió que el bebé se le iba de las manos.
¡No!, gritó al darse cuenta de que sus manos cedían.
Tenía que retener a su bebé. Trató de agarrarle el otro brazo. Logró asirlo por la muñeca y se echó hacia atrás.
Pero él no lo soltaba.
Él vio que el bebé se le escurría de las manos, y estiró con todas sus fuerzas.
Así, la cuestión quedó zanjada.


    EL ESTILO
El estilo de Raymond Carver (1938-1988) fue adscrito por parte de la crítica al minimalismo y a la corriente denominada Dirty Realism. Su editor, Gordon Lish, desempeñó un papel activo en la estructura de la prosa de Carver. Y es que diez años después de la muerte del escritor, un artículo en la revista “New York Times Magazine” descubrió que Lish había reescrito párrafos enteros de sus cuentos.
El relato ha tenido tres nombres y varias versiones: “Little Things” en I’m calling From, “Mine” en Furious Seasons and Other Stories, y en What We Talk About When We Talk About Love, (1981) aparece como “Popular Mechanics”, título con el que le conocemos en la traducción al castellano.
El cuento contiene elementos representativos de la narrativa de Carver: los motivos recurrentes como la dramatización de escenas cotidianas que muestran la sordidez de lo rutinario, personajes marcados por el vacío existencial y la incomunicación, la violencia como forma de relación, la soledad sobrevolando las escenas. Y como rasgos de estilo: máxima concisión, la simpleza en el lenguaje, uso de frases cortas, descripciones precisas, elipsis, diálogos ágiles y eficaces.

    EL ANÁLISIS
Mecánica popular” narra la agresiva separación de una pareja (él, ella) en un momento de forcejeo para quedarse con el bebé. En apenas un esbozo de situación cotidiana la trama queda dramatizada en un breve fraseo, con un final sarcástico y alusivo. Algunos elementos se repiten al principio y al final: la ventana a la altura del hombro, el hombro, la oscuridad. Chéjov decía que si hay un clavo al principio de un relato, alguien se colgará. Aquí aparece una ventana, un diálogo que transcribe la oralidad en el habla y se repite una palabra clave (niño), como unleit-motiv.
La atmósfera es tensa, con pocos elementos que describen el entorno doméstico de la pareja: una ventana “abierta a la altura del hombro”, un patio trasero, un dormitorio, una cocina. La oscuridad del exterior traspasa también al interior. El diálogo va acumulando violencia contenida hasta que se materializa en lo físico, la tensión se rompe y estalla:

Por la ventana de la cocina no entraba luz alguna. En la oscuridad él trató de abrir los aferrados dedos ella con una mano, mientras con la otra agarraba al niño, que no paraba de chillar, por un brazo, cerca del hombro.”

De nuevo la situación estratégica: “cerca del hombro”. La oscuridad invade toda la escena. La elipsis se enfatiza y domina la economía narrativa del relato.

Él vio que el bebé se le escurría de las manos, y estiró con todas sus fuerzas.Así, la cuestión quedó zanjada.”

Interpretación global: ventana (al principio y al final), escurría, niño, cuestión zanjada. 
Hay que tener memoria textual. Volvamos a Chéjov: si hay un clavo al principio de un relato, alguien se colgará. Aquí hay un escurrirse de las manos y un bebé. “Zanjada” es una alusión, un eufemismo de la muerte del niño.