Narrativas de América Latina ¿Nuevo boom?

 







En la última década del siglo XXI estamos asistiendo al auge y la proyección internacional de voces, en su mayoría de autoras, de la literatura latinoamericana.

    Destaca en ellas una voluntad de representar la realidad del continente a través de miradas transgresoras. Proponen una ruptura con la tradición literaria tanto en el fondo como en la forma. Sus libros se traducen a varios idiomas, obtienen importantes premios internacionales y lideran las listas de ventas. Todo ello ha contribuido a generar etiquetas como «nuevo boom latinoamericano» o «boom femenino» para designar a este fenómeno editorial, que, como ocurrió en el boom original y ¿masculino?, supone una eclosión de ventas y el reconocimiento global de las autoras. Hablamos de nombres tan destacados como Mariana Enríquez, Fernanda Melchor, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda, Liliana Colanzi,  Brenda Navarro, Cristina Rivera Garza o Valeria Luiselli, entre otras.

Sus narrativas abarcan una gran diversidad de géneros y temáticas: el género fantástico y el gótico, pero también el realismo crudo para denunciar la violencia contra las mujeres, ejercida tanto en el ámbito público como en el familiar. Otras tendencias están presentes, como la autoficción y la memoria, para denunciar el drama de las migraciones, la identidad mestiza o las dictaduras. Son obras que exploran, además, la corrupción sistematizada, el narcotráfico, los feminicidios, el trauma, la pérdida de la identidad y otros conflictos contemporáneos que persisten en el continente.

El origen de la comparación

En 2017 Samanta Schweblin fue finalista por su novela Distancia de rescate, del Booker Prize internacional que premia al mejor libro traducido al inglés en Reino Unido. La obra fue traducida por Megan McDowell (Fever Dream). En 2018 la escritora mexicana Valeria Luiselli obtuvo el American Book Award por su libro de ensayo Los niños perdidos, en el ámbito norteamericano. Es entonces cuando publicaciones de prestigio como The New York Times o The Guardian empezaron a mostrar interés por estas autoras y en la lista de finalistas del Booker Prize internacional aparecen, año tras año, los nombres de otras autoras latinoamericanas como Alia Trabucco (2019), Gabriela Cabezón Cámara y Fernanda Melchor (2020), Mariana Enríquez (2021), Claudia Piñeiro (2022), Guadalupe Nettel (2023), Selva Almada (2024). Todas fueron finalistas del Booker Prize internacional.

Los factores del éxito

Sin duda el primer factor del éxito es el talento de las escritoras, que han redefinido el panorama literario en español con un empleo original del lenguaje. Abordan temáticas acordes con la mirada de género y con los intereses de lectores contemporáneos. Exploran formas de género híbridas ampliando así las posibilidades del texto literario para indagar sobre el cuerpo femenino, la maternidad, el trauma o la violencia social.

Otro componente del éxito de estas autoras ha sido la profusión de editoriales independientes como Páginas de Espuma, Tránsito o Candaya; especializadas en cuento o microrrelato, géneros considerados menores. Destaca asimismo la presencia de editoriales dirigidas por mujeres como Vaso Roto, que traducen la obra de escritoras no solo de España sino también de Latinoamérica.

¿Qué opinan las autoras?

En general, las autoras reconocen el momento actual que vive la literatura del continente en los mercados internacionales. Sin embargo, la mayoría rechaza las etiquetas de «nuevo boom latinoamericano» o «boom femenino», porque funciona más como estrategia comercial dirigida al interés del mercado editorial. La etiqueta de «nuevo boom» se percibe como un factor de homogeneización que deprecia el valor literario de sus obras. Advierten del peligro de una mirada editorial europea que antepone la imagen exótica de América Latina, con los tópicos del realismo mágico, la exuberancia y lo pintoresco.

 Por otra parte, la connotación genérica de la expresión «boom femenino» implica una versión femenina del boom original, asociado a figuras masculinas y que silenció una larga tradición de escritoras como Elena Garro, Clarice Lispector, Silvina Ocampo o María Luisa Bombal. Precisamente, el éxito de estas autoras contemporáneas ha generado la oportunidad para reivindicar nombres y obras de las voces olvidadas del boom. Asimismo, se ha despertado el interés académico hacia las autoras; así, las universidades y la academia programan estudios sobre ellas, tanto sobre las escritoras del boom de los años 60-70, como sobre las contemporáneas.



                Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988)

«El término “boom” no corresponde con lo que estamos viviendo hoy por hoy. Me parece mucho más interesante y fructífero que hablemos de cómo se ha abierto más el campo temático, los formatos escriturales y los puntos de vista en la escritura, y de cómo ha cambiado la recepción lectora, al punto de que ya la gente no se acerca con recelo a las obras escritas por mujeres.

No es una novedad que haya mujeres escribiendo obras de calidad en Latinoamérica, esto ha sido así siempre: lo que pasa es que antes la gente no se acercaba a sus trabajos, los editores no las editaban, la crítica no estudiaba sus obras, la historia de la literatura no las recogía.

Me parece que, más que de un fenómeno escritural, de lo que deberíamos hablar es de un fenómeno de recepción lectora. Y eso se lo debemos mucho a los feminismos, claro».

      

             M.ª Fernanda Ampuero (Guayaquil, 1976)

«Me parece tremendamente injusto comparar lo que está pasando ahora con ese fenómeno de marketing editorial (en el que no necesariamente primaba el valor de las obras, sino otra cosa: crear una imagen de América Latina que fuera vendible) que fue el llamado boom latinoamericano.

Primero, porque durante ese boom había muchas mujeres que escribían extraordinariamente bien y a las que las luminarias de ese momento, ya sabes, las mesas de novedades, las páginas enteras en suplementos literarios, eligieron dejar en la sombra.

En esa oscuridad deliberada quedaron portentos de la literatura que ya tenían una obra sólida, como Clarice Lispector, Elena Garro, Rosario Castellano, M.ª Luisa Bombal, Nélida Piñón y un montón de escritoras más. Lo que quiero decir es que llamar a esta generación de escritoras el nuevo boom implicaría olvidar que hubo un explícito deseo de borrar a las mujeres de aquel boom famoso..

Otra cosa que me perturba de esa categorización es que pone el foco en algo equivocado, nuestro sexo, y le da al asunto un toque revanchista que nadie busca».


 

 Glenda Vieites, directora editorial de Penguin Random House Argentina.

«Desde la ficción o algunos géneros híbridos que van surgiendo naturalmente, describen inevitablemente las realidades que viven los pueblos latinos.

Entonces, en un territorio donde hay pobreza, narcotráfico, femicidios, y todavía se discute el aborto como si no fuera cuestión de salud pública, a la literatura como arte no le queda otra alternativa que reflejarlo.

El interés creo que tiene que ver con la visibilidad que cobraron en los últimos años situaciones injustas que vivimos las mujeres a diario y estaban totalmente naturalizadas.

La literatura hoy no es nada tradicional ni convencional, por suerte. Está en plena transformación, de la mano de la diversidad y de los multiformatos que nos obligan a ser cada vez más creativos».

 

 

 

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