"La orilla", de Eugenio Asensio

 


Ilustraciones Esther TassisLa orilla

 o el sentido de la simetría

El teatro, como arte de la complejidad de lo humano, procura siempre poner el foco en aquello de lo que queremos apartar la mirada y pretende colocarnos frente al espejo como sociedad. En este sentido, las obras que presenta el escritor Eugenio Asensio, La orilla y la pieza breve Homenaje, cumplen con el objetivo fundamental de la literatura dramática que consiste en llamar al lector al ejercicio de la mirada.

En la nota que introduce la obra se apunta que La orilla «es un segmento en la línea temporal de la historia, pero esa cronología viene de lejos y, tristemente, se proyecta imparable hacia el futuro». La cronología a la que se refiere el autor está relacionada con las cifras de migrantes ahogados en el cruce del río Bravo en su empeño por encontrar una vida mejor. La ubicación en realidad no importa, es equiparable a otras zonas fronterizas que separan dos mundos: el del sueño del bienestar y el de la pobreza real. La obra capta una experiencia de miseria, dolor y muerte en el seno de la tragedia de los migrantes. Pero el teatro tiene la capacidad de romper la historicidad y aquí el autor aborda, a modo de distopía, la representación de una sociedad deshumanizada, con personajes movidos por el afán de competir. La obra subraya una pulsión que esconde los miedos, el instinto de supervivencia, la soledad y la vacuidad de sus vidas.

En La orilla el autor construye un juego de simetrías muy sugerente. Dos parejas de personajes, con indumentaria similar, unas sillas y armados con rifles, son definidos por rasgos de género o edad. Por un lado, una pareja formada por un hombre y una mujer de mediana edad, Max y Xam, cuyos nombres trazan ya una simetría a modo de anagrama o palíndromo. La descripción de Max aporta el sintagma «Inmigrante converso», un dato que aparentemente parece contradictorio pero que adquiere relevancia a lo largo de la obra. La segunda pareja aparece en el segundo acto y está formada por dos hombres, Jack (maduro, solitario y delirante) y Nick (Joven con poco carácter). Se menciona la presencia de una silla vacía en el escenario. Así, no aparecen más rasgos físicos o de indumentaria, tan solo algunos adjetivos de precisión que serán confirmados en los diálogos y que fomentan la capacidad del lector para imaginarlos.

            En la relación entre Max y Xam se da un cierto equilibrio de fuerzas ya que, ante los comentarios irónicos, los celos y los reproches (Xam anhela sentirse respetada por los demás), prevalece la complicidad entre ambos para alcanzar su objetivo de competición y lucro. El uso magistral de los diálogos y su gestión de la información, con demoras o avances en el curso de la acción, nos da pistas sobre los desequilibrios mentales de los personajes, relacionados tal vez con los celos, la soledad o la fragilidad del ser humano. En ambos casos, las discusiones tienen que ver con un tercero, el último amigo de Xam, a quien Max acusa de ladrón, y la muñeca hinchable de Jack, Dolly. La violencia ejercida sobre ella por parte de Nick, narrada en un cruce de diálogos, aporta escenas especialmente escabrosas. Además, algunas acotaciones descriptivas insisten en la sordidez y trazan a Nick en posturas que lo parodian.

Otros ejemplos de simetrías o juegos de espejo son la equidistancia física y simbólica entre las dos parejas de personajes situadas cada una en una orilla del río: «Pero ¡¿por qué hemos de coincidir siempre con ellos?! ¡¿Y por qué justo enfrente de nosotros?!» o los apelativos que utilizan recíprocamente para referirse a los otros: Par de tiñosos muertos de hambre, de un lado o perros sarnosos, del otro. Ambos términos, sarna y tiña, denotan afecciones cutáneas contagiosas con síntomas similares.

La acción de la obra se desarrolla en un paisaje semidesértico, un espacio configurado a partir de percepciones sensoriales como el ruido de un motor, el golpe de puertas y la dicotomía entre la oscuridad y la luz. Sin embargo, el primer acto arranca con referencias a Islandia por parte de Max. Se trata de un espacio que, por oposición, contribuye a la plasmación del paisaje donde se encuentran los personajes. Es precisamente a  partir del elemento del espacio cuando se va configurando el enigma. «Este es el lugar perfecto y lo tendrías que saber», dice Xam y se  mencionan tres elementos: el horizonte, el cielo y el río. La gestión de la intriga responde a la técnica de dotar a los deícticos (Aquí, este lugar) de capacidad simbólica además del valor puramente referencial. Es el espacio el disparador de la intriga y aparecen rodeos encargados de guardar el enigma: «Pues yo no me refería a lo que tú te referías». La ambigüedad está presente desde el principio y el lector infiere que late una trama invisible que está por revelarse.

La transición entre el acto I y el acto II viene marcada por los disparos de Max sobre los nadadores, que ponen en alerta a Jack y Nick. Su observación de los «conejitos» aporta, mediante un breve diálogo, cuál es su situación y sus opciones de movimiento según la trayectoria de los disparos. Asoman entonces nuevos matices de la trama, las piezas terminan por encajar y afloran actitudes de xenofobia al equiparar delincuencia y migración.

Mención aparte merece la maestría de Eugenio Asensio a la hora de componer y armar los diálogos. Con un ritmo rápido, con frases o enunciados muy breves, logra dotarlos de la expresividad necesaria para que al lector-espectador le lleguen todos los matices. La técnica destaca en escenas como la parodia que representa Nick cuando imita a Dolly en una supuesta escena de amor con Jack. La brevedad de los enunciados así como el uso de la elipsis comportan que cada palabra sea relevante, que la frase se cargue de significación. Son diálogos que enmarcan perfectamente la relación entre los personajes y mantienen la tensión dramática. Cabe destacar, además, el empleo de recursos literarios como la ironía, la elipsis o el sarcasmo. La ironía está presente tanto en el discurso de los personajes, con frases que a menudo revelan el desprecio o el resentimiento entre ellos o hacia las víctimas, como en las acotaciones y en las transiciones entre escenas.

En el tercer acto el ritmo se acelera cuando uno de los nadadores deja el descanso y se suelta del tronco. La tensión aumenta cuando Max apunta pero no dispara finalmente al conejito y desvía el cañón del rifle para apuntar a Xam. Esta le recuerda su condición de migrante y la obra se cierra con una vuelta a los gestos cotidianos de tomar una cerveza, pero antes: «Mañana volveremos aquí y esperemos que vosotros también volváis».

La orilla presenta el acoso del ser humano hacia el ser humano; se trata de una obra referenciada en la tragedia cotidiana de la inmigración, hace presente ese horror que sigue sucediendo y que «se proyecta imparable hacia el futuro». Ante un mundo que, en el siglo XXI como en los anteriores, ha adquirido formas distópicas: pandemias, guerras, crisis migratorias, abusos de poder, modelos de neocolonialismo e imperialismo, genocidios y un largo etcétera de muestras del horror, el teatro lo presenta y nos pone en alerta. La obra nos habla desde un cronotopo imaginario que ya tenemos aquí, presentado como experiencia de injusticia que apela a la memoria colectiva.

            Parece oportuno señalar aquí que aun tratándose de una mera coincidencia, el evocador eufemismo «conejitos» que utilizan los personajes para nombrar a los migrantes que huyen a nado evoca en el lector la triste noticia de la detención de Liam Conejo, un niño de cinco años que portaba un gorro azul con orejas de conejo y una mochila de Spider. Liam y su padre fueron detenidos el 22 de enero en el distrito escolar de Columbia Heights, en Minnesota, por agentes del ICE en el marco de las redadas intensivas que la Administración Trump está llevando a cabo en este estado y que han causado hasta ahora dos muertes.

En este volumen Eugenio Asensio presenta además la pieza de teatro breve Homenaje. En ella el autor demuestra de nuevo la capacidad para que el lector/espectador dirija su mirada sobre un aspecto que nos delata como es la banalización de los conflictos o las injusticias frente a la sacralización de algunos prescriptores de moda. Y lo hace mediante una ácida sátira contra ellos. De nuevo están presentes la ironía, el humor y el sarcasmo.

La acción de Homenaje se concentra en una única escena, un acto público en honor de un famoso diseñador de alta costura, Pepe Jeferson. Los diálogos corren a cargo de la pareja de presentadores que presentan al modisto. Utilizan apelativos hiperbólicos que rozan la caricatura. Además del diálogo, cargado de tópicos que funcionan como referencias a lo insustancial del acto, aparecen elementos como las breves acotaciones, los aplausos y la presentación de diversas actuaciones que dotan a la escena de gran plasticidad. Pero es en la enumeración de las más famosas creaciones del modisto y sus motivaciones donde la ironía, el sarcasmo y el humor cumplen con la función que le es propia al teatro: ofrecer al público materia para la reflexión.


*Eugenio Asensio. La orilla

Ilustraciones:  Esther Tassis

Ediciones Mutis. 2026






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