lunes, 17 de abril de 2017

J. Gil de Biedma y Gabriel Ferrater

La confabulación poética de 


Jaime Gil de Biedma y Gabriel Ferrater


Aires renovadores en la poesía

Además de amigos y rivales, Jaime Gil de Biedma y Gabriel Ferrater fueron dos extraordinarios poetas y críticos que, entre 1955 y 1968, uno en castellano y el otro en catalán, se propusieron renovar la poesía de su tiempo incorporando formas de la literatura anglosajona. El resultado fue una obra que ha ejercido una profunda influencia tanto en la literatura española como en la catalana.

Andreu Jaume es editor y crítico.
Ha editado la obra de Henry James, T. S. Eliot y W. Auden, así como los diarios y la correspondencia de Jaime Gil de Biedma. Publica en El País, Letras Libres y La Vanguardia.


Gabriel Ferrater (1922-1972) fue un escritor de una talla inmensa, de una gran erudición, con quien la crítica literaria está en deuda, a falta de una edición digna de su corpus poético. Su amistad con Jaime Gil de Biedma (1929-1990) data desde 1955, dentro del denominado grupo de Barcelona, cuando Carlos Barral los presentó. Ferrater era todavía estudiante de matemáticas y crítico de pintura. Su amistad fue intensa entre 1955 y 1965, etapa en la que ambos construyen su obra de madurez. Ferrater ayudó a Gil de Biedma a adentrarse en la alta cultura. Fueron poetas educados en el Simbolismo y la generación noucentista, pero ambos se dieron cuenta de que era un lenguaje estéril para hablar de los problemas que el mundo ofrecía entonces.
Los dos parten del mismo presupuesto teórico. Primero se interrogan acerca del estado en que se encontraba la lengua. Gil de Biedma escribía en castellano y Gabriel Ferrater en catalán. Ambas lenguas tenían un exceso de poesía, cierta saturación de lírica. La prosa, en cambio, es un instrumento de comunicación antes que una materia artística. Es un bien común que sirve para precisar y comunicar.
En segundo lugar, les hermana también la indagación de la intimidad. Pasaron a abordar el problema de la formulación de las emociones. Los dos ámbitos en los que se mueve la obra de Gil de Biedma son el político-social y el de la intimidad. Somete a una revisión muy severa toda la tradición en la que se había formado: la tradición medieval y la tradición anglosajona. Ambos poetas veían una especie de anquilosamiento en la expresión de la intimidad que va de lo brutal a lo cursi. Gil de Biedma empieza a escribir su diario para encontrar un lenguaje para la intimidad y para las gradaciones morales de la experiencia.

“La verdad es que los españoles no ofrecemos demasiado interés en lo que se refiere a “matización psicológica”, e inevitablemente tampoco lo ofrece nuestra poesía. Asombra comprobar de qué pocas cosas está hecho por dentro un español: somos muñecos de resorte, y así resulta de aburrido nuestro trato y de extremosa y de simple nuestra literatura.”

En la primera parte del Retrato de un artista, cuenta su resignada decisión de convertirse en un ejecutivo y dejar atrás los sueños de convertirse en diplomático (que hubiera sido una manera de huir del régimen dictatorial). En la facultad de Derecho conoce a Barral, Ferrán, Costafreda o J. M. Castellet y empieza a formarse como aprendiz de poeta. De 1957 es su primer poemario. Luis Cernuda le mostró la puerta de salida de la asfixia simbolista. Su voz poética es siempre una voz imaginada. Sus poemas crean una especie de emoción ilusoria.
También se le ha adscrito a la llamada “poesía social”, quizá porque intenta poetizar sobre lo cotidiano, pero lo hace con un tono cínico, desde una postura más escéptica. Los poemas ganan en plasticidad y modernidad bajo la influencia de Baudelaire. En el poema “Noche triste de octubre”, de 1959, articula una doble frustración, individual y colectiva, proyectando en las primeras lluvias del otoño la ansiedad por el rigor del largo invierno de la dictadura. El poeta entiende ese año que la dictadura de Franco se consolida con las leyes de estabilización económica y la eclosión turística.
Otro tema es la pérdida de la juventud y el paso del tiempo, en relación con la experiencia amorosa y la intimidad. Apunta Dionisio Cañas que:

El amor, el erotismo, la amistad y la desinteresada bondad son para él formas de derrotar la muerte.”

Su último libro, “Poemas póstumos” presenta una gran complejidad moral. Gil de Biedma se repliega en sí mismo. Se centra en la imposibilidad de asentarse en otra edad, en otra casa. Ha perdido ya la fe y el desengaño le gana. Ejemplos de ello son los poemas “No volveré a ser joven” o  “Contra Jaime Gil de Biedma”.
Gabriel Ferrater empieza a escribir poesía tardíamente, a los 36 años. Fue un gran lector de Shakespeare y un gran erudito. Temas de su obra son el erotismo y la nostalgia por el tiempo perdido. Son la expresión moral de su generación: “el paso difícil de tiempo y las mujeres que han pasado por mí”. Escribió tres libros de poesía y una recopilación de poemas nuevos titulada Les dones i els dies. Son poemas narrativos, de tono prosaico, con un estilo depurado influido por la prosa de Josep Pla. No creía en las posibilidades ilusorias de la poesía social. Una visión desesperanzada de la sociedad le hace ensombrecer sus poemas. Lejos de la sensualidad y el deseo vital de la poesía de Jaime Gil de Biedma, la voz de Gabriel Ferrater transmite alejamiento. El 27 de abril de 1972 se suicidó en su piso poco tiempo antes de cumplir 50 años. Había dicho a sus amigos que así lo haría.