El nombre como destino en "Cien años de soledad"

 



La novela de Gabriel García Márquez cuenta la historia de las siete generaciones que integran la familia Buendía. La primera la conforman los fundadores de Macondo, José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán. Son un matrimonio de primos que escaparon de su pueblo natal, en Riohacha, por el riesgo de engendrar a un hijo con cola de cerdo, producto de su relación incestuosa.  Tienen tres hijos: José Arcadio, Aureliano y Amaranta, que conforman la segunda generación.

Los personajes masculinos se dividen en dos ramas según su nombre: los Aurelianos y los José Arcadios. Comparten como rasgos generales la atracción por lo insólito y lo extraordinario. A diferencia de los personajes femeninos, más racionales, que dirigen el espacio doméstico; los masculinos son personajes activos, determinan la historia de Macondo y están ligados al destino trágico de la familia. En el capítulo X, la voz del narrador reproduce una reflexión muy reveladora de la matriarca, Úrsula Iguarán:

 

        “En la larga historia de la familia, la tenaz repetición de los nombres le había permitido sacar conclusiones que le parecían terminantes. Mientras los Aurelianos eran retraídos, pero de mentalidad lúcida, los José Arcadio eran impulsivos y emprendedores, pero estaban marcados por un signo trágico.”

 

Se establece así una oposición entre las dos ramas de la familia. Los Aurelianos tienden a encerrarse en sí mismos, son generalmente reflexivos y solitarios. Los José Arcadio, en cambio, son impulsivos y emprendedores, actúan antes de reflexionar, persiguen sus deseos y suelen tener una gran energía vital. Sin embargo, esa impulsividad los conduce frecuentemente hacia situaciones violentas, excesivas o destructivas.

            La familia Buendía parece condenada a repetir sus patrones. Con la reiteración de los nombres masculinos se repiten también determinadas características de personalidad. Esto hace que el nombre funcione casi como destino. Al nacer un nuevo Aureliano o un nuevo José Arcadio, reconocemos ciertos atributos que ya aparecieron en generaciones anteriores. Los Aurelianos representan la inteligencia, la introspección y la soledad, mientras que los José Arcadio representan la acción, el deseo, la fuerza y el exceso. Sin embargo, ni unos ni otros logran romper el ciclo de soledad y repetición que domina la historia de Macondo.

José Arcadio, el primer hijo de los Buendía, tiene una forma de ser impulsiva. Deja embarazada a Pilar Ternera, la abandona y se marcha de Macondo con los gitanos para regresar años después como un hombre aventurero, afirmando que ha navegado por los mares de todo el mundo. Es asesinado y la sangre de su cuerpo recorre en un hilo todo el pueblo hasta llegar a la casa familiar. El olor a pólvora de su cuerpo perdura durante años en Macondo, incluso después de ser enterrado, hasta que los ingenieros de la industria bananera cubren su tumba con un caparazón de hormigón.

El coronel Aureliano Buendía se convierte en un héroe local y participa en 32 guerras civiles. Tiene diecisiete hijos con mujeres distintas a lo largo de sus años de guerra alrededor del mundo. Todos comparten la mirada sobrenatural y el carácter retraído de su padre. Entre ellos, destacan Aureliano Triste y Aureliano Centeno, quienes se establecen en Macondo y allí crean una fábrica de hielo y hacen llegar el ferrocarril.                                            

Arcadio es hijo de Pilar Ternera y José Arcadio hijo, aunque él siempre pensó que sus padres eran José Arcadio Buendía y Úrsula. Al nacer, su abuelo lo acogió como un Buendía y le dio el apellido. Se convierte en un tirano cuando asume el liderazgo tras la marcha del coronel Aureliano Buendía. Es fusilado cuando el régimen conservador asume el poder de Macondo.

Otro miembro de la tercera generación es Aureliano José, hijo de Pilar Ternera y el coronel Aureliano Buendía. Vive enamorado de su tía Amaranta, quien lo cuidó desde pequeño. Muere al recibir un disparo durante la guerra, al huir de una brigada policial.

La cuarta generación la conforman los bisnietos de José Arcadio y de Úrsula. Son los gemelos José Arcadio Segundo (más reflexivo, reservado y melancólico: parece un Aureliano) y Aureliano Segundo (expansivo, sensual y juerguista: parece un José Arcadio). Durante su infancia intercambian sus nombres y sus identidades, hasta el punto de que resulta difícil saber quién es quién. Así, aquí se presenta la excepción a la regla y parece romperse el ciclo. Los nombres, en este caso, no determinan el carácter.

Pero, con el paso del tiempo, los gemelos terminan encarnando precisamente los destinos asociados a sus nombres. José Arcadio Segundo afronta la masacre de los trabajadores de la compañía bananera y mantiene la memoria de lo ocurrido cuando los demás pretenden negarlo. Aureliano Segundo, por el contrario, se convierte en un personaje apasionado, amante de la comida, las fiestas y las mujeres. Su vida está marcada por el exceso, algo propio de los José Arcadio.

Sin embargo, la repetición de nombres sí lleva consigo la repetición de acontecimientos. Así, los gemelos compartirán a una mujer, Petra Cotes, aunque sin descendencia, del mismo modo que José Arcadio y Aureliano compartieron a Pilar Ternera como amante y de la que ambos tuvieron descendencia: Arcadio y Aureliano José, respectivamente. Mientras los Aurelianos suelen morir sin descendencia, Aureliano Segundo es el padre de los Buendía de la quinta generación: José Arcadio, el seminarista,  Remedios (Meme) y Amaranta Úrsula.

Entre los últimos descendientes de la saga, Aureliano Babilonia es el hijo de Meme y Mauricio Babilonia. Tiene una personalidad similar a la del coronel Aureliano Buendía. Él descifra los pergaminos de Melquíades y descubre que 

“todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”


El Aureliano de la séptima generación es hijo de la relación incestuosa entre Aureliano Babilonia y su tía, Amaranta Úrsula. Y tal como la matriarca Úrsula pronosticó que ocurriría, nació con cola de cerdo y representa el final de la estirpe de los Buendía. Muere devorado por las hormigas coloradas que habían invadido la casa durante el diluvio; así lo predecían los pergaminos de Melquíades:

"El primero de la estirpe está amarrado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas".


La reflexión de Úrsula sobre la repetición cíclica de personalidades expone la imposibilidad de escapar completamente de la herencia familiar. Los personajes creen actuar libremente, pero constantemente reproducen comportamientos que ya estaban presentes en sus antepasados.












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