"Retrato del artista adolescente", James Joyce
El arte de la novela.
La novela autobiográfica. 24 de marzo de 2026
Retrato del artista
adolescente, James Joyce
Andreu Jaume

En esta sesión vamos a hablar de una
de las obras más características del género que nos ocupa sobre el reto de este
curso: comprobar cómo los novelistas son capaces de transformar el material de
su experiencia, de su vida, de sus recuerdos, en material novelístico. Joyce
revolucionó el género, junto con Proust, sobre todo con Ulises, novela
muy compleja y cuya lectura aún no está cerrada. El trayecto de la novela
empieza en el año 1903-04 y tiene que ver con su país natal, con sus anhelos de
independencia. Joyce se fue muy pronto de su país pero llevó a cuestas Irlanda
en su alma y en su literatura hasta el final. Trata el problema del amor, el
matrimonio y sobre todo, trata la cuestión del lenguaje. José María Valverde,
primer traductor del Ulises en España, decía que lo que nos muestra
Joyce es que el común de los mortales es un animal hablante, el ser hecho
lenguaje. Valverde se enamoró de la obra de Joyce porque vio en ella una
dramatización de esa condición puramente verbal de la condición humana.
Joyce es un escritor que escribe con
el oído, muy atento a la lengua viva de la calle, a la música verbal. Tenía
sentido musical y eso se nota mucho en su obra, Su obra consiste en un alarde
de dominio prosódico, a veces apabullante, que supone un desafío para los
traductores. Escribió el Ulises durante diez años de destierro por
varios países del continente, en Trieste, Zúrich y París. En el exilio de
Trieste, por ejemplo, se dice que Joyce abría la ventana para oír los distintos
idiomas y músicas verbales que se escuchaban en la ciudad fronteriza. Llegó a
hablar con sus hijos en italiano. El exilio le convirtió en exiliado de su
propia lengua. Forzaba los límites del significado convencional de la lengua,
del significado, y de ahí la dificultad de traducir el Ulises.
La
obra de James Joyce se conforma de una única novela que se va construyendo
entre 1904-1922, y a través de distintos géneros, los cuentos de Dublineses;
una nouvelle, Retrato del artista adolescente y el Ulises.
Cuando empezó a publicar los
primeros relatos, recogidos en Dublineses, ya los firmaba como Stephen
Dedalus. Tiene una fuerte carga simbólica. Stephen es San Esteban, un mártir
cristiano que murió lapidado. Y Dedalus alude al mito de Dédalo y su hijo
Ícaro. Es el alter ego del autor.
Dublineses lo concibió como una especie de
epifanía, pequeñas manifestaciones de lo sagrado, cosas que trascienden el uso
normal de los días. La epifanía da pie a una epíclesis (término técnico que él
mismo utilizó para describir la transformación artística de la realidad
cotidiana, especialmente en Dublineses) A diferencia de la
"epifanía" (revelación repentina), la epíclesis es un concepto más
desarrollado para Joyce, enfocado en el momento de transformación. Los textos
son estampas donde no pasa nada. En Retrato de un artista adolescente introduce
un verso de las Metamorfosis de Ovidio: “Y envió el alma hacia las
artes”. Alude a la capacidad de metamorfosis que tienen las artes y cómo, a
través del arte, se convierte el alma en otra cosa. Se movía entre Atenas y
Jerusalén, entre su educación familiar y social y su deseo de trascenderla a
través del arte, a través del modelo griego. El protagonista de su obra recibe
ese nombre. Hay una transmutación de apodo a nombre de personaje.
El primer periodo de su biografía es el irlandés, con la estricta educación religiosa con los jesuitas. Tras graduarse, Joyce se fue a París con la intención de estudiar Medicina. En 1903 recibió un telegrama informando de la enfermedad de su madre y decidió regresar a Irlanda. Encontró a su madre en el lecho de muerte pero él no quiso arrodillarse ni rezar ante el lecho de muerte de su madre para cumplir con el rito familiar. Esa fue una decisión que le atormentará el resto de su vida. El remordimiento lo persigue y este es un leitmotiv en toda la novela de Ulises. Vemos la tensión entre un alma emancipada y el vacío moral y ético de un hijo hacia su madre y a la consideración de la muerte que la religión entraña.
La novela Retrato del artista
adolescente (1916) cuenta cómo un joven se convierte en artista y cuenta la
educación de ese joven en la Irlanda de finales del siglo XIX y cómo se va
descargando de toda la educación y cómo se niega a cumplir con el destino que
le depara la educación, la de convertirse en sacerdote. El protagonista sufre
un proceso de extrañamiento con todo su entorno familiar y social. Tiene la
apariencia de una novela de formación pero se trata de una novela de
deformación, va descomponiendo esa identidad a medida que va avanzando.
Deconstruye toda su educación. Joyce procura una inmersión cruda en la realidad
y la vida más cruda, el sobrante de la vida, lo que no se abordaba en las
novelas. Cree que ahí es donde puede encontrar las epifanías seculares que
Stephen se dedica a cazar por el mundo. Es una novela que por primera vez, no
solo explica la evolución de un sujeto sino que también explica la evolución
del lenguaje de su protagonista. Hay una toma de conciencia del propio
lenguaje.
En
el primer párrafo vemos la irrupción del lenguaje infantil, del niño Stephen
Dedalus, y la lengua paterna, la figura del padre, que le acompañará toda su
vida. El cuento que le contaba su padre rescata la oralidad y le da
protagonismo en su literatura.
Toda
la novela es también un examen de conciencia al modo jesuítico, Joyce no deja
de practicar uno de los ejercicios espirituales propios de esa orden, y de ese
examen va surgiendo una nueva conciencia lingüística, una nueva forma de
examinarse. A lo largo de la novela, Joyce hace circular todos los rasgos con
los que se formó y los desarrolla; por ejemplo, el antinacionalismo; es constante la conversación en torno a
cuestiones políticas.
“Cuando el alma de un hombre nace en
este país, se encuentra con unas redes arrojadas para retenerla, para impedirle
la huida. Me estás hablando de nacionalidad, de lengua, de religión. Estas son
las redes de las que yo he de procurar escaparme.”
Hay otro asunto que aparece en la
novela: la cuestión de la dedicación literaria de Dedalus, un tema que va a ir
supliendo a la vocación religiosa. Todo lo que se esperaba que invirtiera en la
cuestión religiosa, él lo va desviando hacia la literatura. En la brecha es
donde va a florecer la sensibilidad literaria de Dedalus. De pronto la
conciencia literaria lo que hace es transformar el mundo en algo completamente
extraño y despierta el deseo de querer construir otro mundo distinto a aquel.
(igual que le ocurrió a Kafka).
Ese extrañamiento va acompañado de
otro en relación con su padre y consigo mismo. Todo aquello que ha sido
familiar se empieza a resquebrajar y a convertirse en algo extraño. Llega con
todo esto una nueva dimensión de la muerte. Introduce el asunto de cómo una
sociedad que vive una escisión religiosa, no sabe bien qué hacer con la muerte,
cómo asumirla cuando la figura de Cristo ha dejado de ser un símbolo universal.
Stephen Dedalus va sumando distintas epifanías, la irrupción del deseo, la pérdida de la inocencia, el descubrimiento del deseo, la posibilidad de convertirse en sacerdote,...
Toda la generación de Joyce quiso
huir de la subjetividad romántica para explotar la impersonalidad del arte.
Hacia el final hay una discusión muy elocuente sobre qué es el arte y teoriza
en torno a la capacidad del arte para convertirse en un trasunto de las alas de
Dédalo y huir del laberinto que el propio padre había construido.
Termina la novela convirtiendo el
texto en un diario en primera persona del personaje. Pasa de la tercera a la
primera persona, con un estilo seco, paratáctico. En las últimas páginas cuenta
que está a punto de marchar a París para estudiar y ser escritor para crear una
nueva conciencia, la conciencia del exilio.
Abril, 26. Madre está poniendo en
orden mis nuevos trajes de segunda mano. Y reza, dice, para que sea capaz de
aprender, al vivir mi propia vida y lejos de mi hogar y de mis amigos, lo que
es el corazón, lo que puede sentir un corazón. Amén. Así sea. Bien llegada,
¡oh, vida! Salgo a buscar por millonésima vez la realidad de la experiencia y a
forjar en la fragua de mi espíritu la conciencia increada de mi raza.
Abril, 27. Antepasado mío, antiguo
artífice, ampárame ahora y siempre con tu ayuda.
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