Ecos de Realismo Mágico
El Realismo Mágico alcanzó su
máxima visibilidad en los años sesenta con el fenómeno del boom, pero sus raíces se
remontan a décadas anteriores. Diversos autores se anticiparon en una “técnica”
que consistía en aceptar algo maravillosamente extraño como si fuera real.
Entre ellos encontramos la voz de María Luisa Bombal (1910-1980), hoy
ampliamente reconocida en la literatura latinoamericana, aunque durante mucho
tiempo fue subestimada. Su obra anticipa rasgos fundamentales que luego
definirían este movimiento.
Bianco, José; “Sobre María Luisa Bombal”. 1984
A
partir de esta anécdota sobre el interés que despertó en Juan Rulfo la lectura
de una novela titulada La amortajada, queremos trazar un hilo conductor
por tres representantes del Realismo Mágico: María Luisa Bombal, el propio Juan
Rulfo y Gabriel García Márquez, siguiendo una línea de lectura de sus
respectivas obras, publicadas en décadas distintas: La amortajada (1938), Pedro Páramo (1955) y Cien años de soledad (1967). En el
trazo de esta línea imaginaria encontramos algunas resonancias que las
conectan: la voz de la muerte, los recuerdos, los murmullos, los silencios, los
espectros,... Se trata de autores que cuestionan la noción tradicional de
realidad, aunque desde perspectivas estéticas y temáticas distintas.
En novelas como La última niebla
(1934) y La amortajada (1938), Bombal integra lo sobrenatural y lo
onírico dentro de una realidad cotidiana sin explicaciones racionales. Sus
narradoras experimentan la realidad a través del deseo, la memoria, el sueño y
la muerte. La protagonista de La amortajada, Ana María, hilvana los
recuerdos de su existencia pero, desde el lecho, “inmóvil, tendida boca
arriba…”. Nos refiere lo que ve, oye y siente en el presente; descubre las
nuevas y extrañas sensaciones de estar muerta. Por su parte, Juan Rulfo, en la
entrevista A Fondo, de TVE, en 1977, confiesa sobre la construcción de Pedro
Páramo que: “Originalmente sólo Susana San Juan estaba muerta y desde la
tumba repasaba su vida.”
En La amortajada, la muerte
se vive con naturalidad, lo que anticipa el tratamiento mágico de lo cotidiano
que luego se desarrollará en otros autores. Juan Rulfo, lector impresionado de
la novela de Bombal, profundiza esta ruptura de fronteras desde un espacio
rural marcado por la desolación y la muerte. En Pedro Páramo, los
muertos narran y dialogan sin que ello resulte extraordinario. La muerte
también es aceptada de manera natural, sin trascendencia.
“Y
luego que hubo anochecido, se le entreabrieron los ojos. Oh, un poco, muy poco.
Era como si quisiera mirar escondida detrás de sus largas pestañas.”
(Bombal,
M.ª L, La amortajada)
“Al
través de sus párpados cerrados entrevé la llama de la luz (...) Entreabre los
ojos. Mira (...) detrás de la lluvia de sus pestañas.”
(Rulfo, J, Pedro Páramo)
Los murmullos de los muertos en Pedro
Páramo forman parte del paisaje: “Los murmullos se oían por todas partes”.
A diferencia de Bombal, Rulfo no se centra en la interioridad emocional, sino
en una memoria colectiva marcada por la culpa, el abandono y la violencia. Su
estilo sobrio y silencioso refuerza la naturalización de lo sobrenatural.
Seguimos por nuestro hilo de lectura
y nos encontramos con que Gabriel García Márquez, a su vez, reconoce la
influencia de Rulfo:
“El escrutinio a fondo de la obra de Juan Rulfo me dio por fin el camino que buscaba para continuar mis libros.”
El escritor colombiano lleva el realismo mágico a su máxima expresión y difusión internacional. En Cien años de soledad, lo fantástico se integra a una narración amplia, histórica y mítica. Desde la primera frase, el tiempo se presenta como circular. Y episodios como la ascensión de Remedios la Bella muestran cómo lo mágico se narra sin sorpresa ni explicación, como un hecho cotidiano más: “Remedios la Bella se elevó en el aire y se fue”. Pero, a diferencia de Bombal y Rulfo, García Márquez construye un universo colectivo, donde lo mágico forma parte de la identidad de una comunidad entera.
María Luisa Bombal, Juan Rulfo y
Gabriel García Márquez comparten la disolución de los límites entre lo real y
lo fantástico. Cada uno contribuye al Realismo Mágico desde una perspectiva
distinta. Bombal lo hace desde la subjetividad y lo onírico, Rulfo desde la
muerte y el silencio rural, y García Márquez desde el mito y la memoria
histórica colectiva.


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