martes, 18 de agosto de 2015

César Aira. De los procedimientos

En su ensayo "La nueva escritura", César Aira ha dicho que:
 "los grandes artistas del siglo XX no son los que hicieron obra, sino los que inventaron procedimientos para que las obras se hicieran solas..."

Procedamos. 

El texto de Aira se publica en el suplemento literario de La Jornada, un 12 de abril de 1998. ¡Ah!, primera revelación fruto de la intervención del azar: es el día de mi cumpleaños (no así el año, que no cuadra, obviamente). Después de una primera lectura, me parece un ensayo atrevido. Por cierto, recuerdo que mañana debo exponer en clase las características de esta tipología textual. Los estudiantes han aprendido un procedimiento para analizar y replicar textos ensayísticos. Saben que por ser de naturaleza reflexiva, el ensayo suele combinar la exposición y la argumentación, y que predomina la actitud subjetiva. Esto se cumple en el texto de Aira, pero quizá demasiado. La presencia del yo aparece insistentemente afirmando que se trata de una visión personal, una opinión, y lo hace utilizando conectores discursivos de reafirmación “tal como yo lo veo”, “siempre según esta visión personal mía”. Aquí ya saltan las alarmas. Parece muy interesado en verbalizar que la tesis o la teoría sobre las vanguardias artísticas es fruto de su propio proceso reflexivo; acaso se cure en salud, se prevenga o dude de la veracidad de sus ideas. 

Tal vez es la clave de la lectura del texto como provocación.

Según el manual de ensayo, un texto adquiere protagonismo por abordar de forma original las teorías. Aquí  el tema es un postulado sobre las vanguardias artísticas y  la tesis señala que el modus operandi del escritor vanguardista pasa por la invención de procedimientos y no por la elaboración de una obra perfecta: la nueva literatura debe ser procedimiento y no resultado. Ya es mañana y mi asombro no cesa: ha sido Adrián Soto, alumno bastante rezagado a la hora de captar los significados, el padre de esta observación junto con la inmediatamente posterior. Esto es: En el título ya aparece el concepto de novedad, la nueva escritura debe ser así, según postula el autor.
Cerramos aquí el previo proceso de experimentación que tenía como función la pertinente captatio benevolentiae, para no agotar al lector, si es que ha sobrevivido a los cambios de la tipografía que además afean el texto y distorsionan la lectura.

            El primer párrafo es fundamental: caracteriza las vanguardias por agotamiento del arte, la consumación de la profesionalización de los artistas, que se limitaban a hacer obras porque el arte “ya estaba inventado”. Pero no las contextualiza hasta que somos capaces de inferir que se trata de los movimientos de vanguardia histórica de principios del siglo XX. Resulta cuando menos chocante que utilice para su caracterización términos con connotación peyorativa: “pantomima”, “simulacro”, “carnavalesca”, arte lúdico, poco serio. Los semas negativos pueden ser fruto del propio subconsciente del autor. Así, César Aira minimiza, desvalora su aparición por una mera necesidad de cambio.  Es contradictorio entonces que salve el procedimiento de unas corrientes artísticas que, siempre “según como él lo ve”, nacen por agotamiento de una literatura profesionalizada, incapaz de superar  la ficción del realismo tradicional.
Podemos ver otra trampa, o truco ¿narrativo? Al  plantear las tres alternativas para la supervivencia de la novela en el siglo XX. Esto es:
a) Continuar escribiendo según la tradición, 
b) Ir un paso más allá, Proust, Joyce, con lo que conlleva de afán de crear obras únicas, casi inabarcables y
c) La vanguardia como intento de desprofesionalización, inventar en el arte, que desaparezca la obra y se cree el procedimiento para crearla. Así, como “creadoras de procedimiento” continúan vigentes. Llama la atención que no considere vanguardias a las obras o los procedimientos de la opción b). Proust y Joyce someten al realismo tradicional a grandes transformaciones, liberan al arte de los modelos, de la reproducción mimética, alteran la linealidad del relato, traspasan tiempos y espacios narrativos y experimentan con el subconsciente.
Aparece en el texto una referencia al Quijote como “fenómeno único e irrepetible, histórico, del que deriva la palabra “novela”. Es aquí donde sucumbimos a un nuevo extrañamiento. Cervantes creó el género de la novela moderna, y lo hizo con no pocos mecanismos y estrategias  que han utilizado innumerables autores, incluso de la novela realista decimonónica.
Demasiadas pistas falsas, argucias que desmontan la veracidad de la tesis de Aira. Se trata de una broma, una provocación, una teoría inventada como si de un argumento de ficción se tratara. Y es que el conjunto de su narrativa es para el propio César Aira  un proceso incesante de publicaciones, de “falsas novelas”.

viernes, 7 de agosto de 2015

Cierra los ojos y ve




Entró al fin en la estación de metro de Sagrada Familia. Bajó las escaleras lentamente, con la solemnidad del descenso a los infiernos y al pisar un ovillo de cáscaras de pipas, se sintió por unos segundos como Stephen Dedalus en el tercer capítulo del Ulises, cuando pasea por la playa de Snadycove con los ojos cerrados para percibir el sonido de sus botas al aplastar unas crujientes conchas.

El primer convoy entró a los pocos minutos. Se dirigía a su estudio del Raval, un pequeño local de la calle Notarías que comparte con un diseñador de bolsos y una restauradora de objetos vintage. Ya en el vagón, justo en el momento en que se cierran las puertas tras la señal acústica, entró una joven abrazada a una carpeta o algo así y, por un momento, le recordó a Julia, sus facciones aniñadas, su pelo corto y despuntado sobre la nuca, pero no, no lo era. Se sentó frente a él y observó discretamente una pequeña cicatriz en forma de pez en la pantorrilla izquierda. La descartó de inmediato.
Iba a llegar muy temprano al estudio y dispondría de todo el espacio y la tranquilidad para continuar la trama del capítulo cinco de su novela y para preparar su intervención sobre el Ulises. Y es que llegaba el día más importante para los amantes de Joyce, el Bloomsday
Cayó en la cuenta entonces de la conexión con el monólogo interior de Stephen y los crujidos de las conchas bajo sus pies. De vez en cuando la mirada se le desviaba a la cicatriz -pez de la chica, cuyos dedos se movían compulsivamente sobre el móvil. 

Diagonal es la estación donde debe realizar el enlace con la línea tres. Anduvo el largo pasillo interior y de entre las pocas personas con las que se cruzó, se vino a fijar en mí. Yo lo reconocí al momento pero mi timidez me impidió detenerme y decirle que soy una admiradora de sus escritos, que lo sigo en las redes sociales y que lo sé todo sobre él. Me acompañó con la mirada, me escrutó, me examinó hasta el punto de incomodarme y hasta es probable que me hiciera una foto con su móvil cuando ya le daba la espalda.

Entropía