martes, 4 de noviembre de 2014

El libro que le gustó a Luis Landero

El 7 de noviembre de 2013, el escritor Luis Landero acudió al Café Comercial de Madrid. Y lo hizo esa tarde para participar en la presentación de un libro de relatos editado por Gramática Parda. Le movió únicamente la pasión por la lectura y el deseo de acompañar al autor, quien intenta hacerse con un espacio en el territorio de la literatura. 

El título, Las tres caras de la moneda. 
El autor, Jorge Gamero.

El libro está estructurado en tres bloques (o caras de moneda), compuesto cada uno de ellos por ocho relatos. Entre las claves de lectura de esta colección de cuentos literarios podemos apuntar:

×      La propia ejecución de los mecanismos de la ficción, para asirse uno a la escritura como tabla de salvación, como refugio ante la intemperie. Son temas que laten en la primera parte, la más autorreferencial, titulada “Gajes del Oficio”,
×  El proceso creativo como pasión, como obsesión por escribir y por sentir en esa “literatura de los sentidos” que se pasea por las páginas, equiparada a la erótica. La pulsión de amor y placer aparece en el segundo bloque del libro, “El amor y sus (D)efectos.”
×    La relación entre vida y literatura. Dualidad, confusión de ambos planos. Una relación que consiste en la conversión de la vida en texto, el paso de la historia cotidiana a trama.


A Luis Landero le gustó el libro. Aquella tarde en el Comercial lo definió como “libro casa, libro hospitalario, lleno de habitaciones donde puedes entrar, salir, subir, bajar”. Y es que se trata de un libro heterogéneo donde conviven relatos breves, algunos muy breves, (unos son pura elipsis, otros son juegos literarios o experimentos narrativos). Aparece también el cuaderno, el diario y la autoficción. En los microrrelatos, por ejemplo, la elipsis se hace protagonista, es como si se ocultara el resto del cuento, que debemos prefigurar en nuestra imaginación.
El cuento que lleva por título, “Reciclaje”, es un divertido e interesante juego de espejos. Se logra crear una historia con los títulos de obras literarias, que van engarzados de manera se urde una trama, un relato compatible semánticamente.

Trató a caballeros de fortuna incalculable, aprendió a recitar la biblia en arameo, se deshizo de la celestina tras conocer el amor en los tiempos del cólera, cuando en las últimas tardes con Teresa, una amante esporádica en el camino, ardiera de pasión y enajenación sexual.”

En apenas cuatro líneas, aparecen escondidos seis títulos literarios encadenados. El protagonista, Eduardo Torres, enfermo del mal de Montano (patología inventada por Enrique Vila-Matas) sufre una metamorfosis de lector a libro. Al fin quedará lo que somos los lectores: las cenizas de los libros que hemos leído. 116 títulos han sido reciclados.
El autor se permite otros juegos con la voz que narra, por ejemplo en el relato titulado “Comunicación”. Se trata de un cuento experimental, un juego literario que sugiere el concepto de G. Perec. Recopilación de anuncios de contactos que van hilvanándose a modo de rompecabezas o puzle de las relaciones humanas. El azar y tu intuición dotan de sentido al relato. El último anuncio cierra el texto con el efecto sorpresa. Es el anuncio de un escritor. Se plantea una relación de oferta de contacto escritor/editor.
En la otra cara de la moneda, el segundo bloque de relatos, “Del amor y sus (D)efectos”, la pasión por la escritura deja paso a la pasión erótica. Predomina aquí el placer de los sentidos, el sexo, el amor y, de nuevo la autorreferencia. En “La Giganta”, vuelve la mujer como motor imaginativo. El ritmo va in crescendo, el registro atrapa y dota de verosimilitud a los personajes. El protagonista aparece cada vez más encogido ante ella. No logra satisfacerla, se va empequeñeciendo a su lado. La giganta se hace cíclope, ninfa pantagruélica. Asoma un guiño al dinosaurio de Monterroso. “Cuando desperté, la giganta aún seguía allí”. García, el narrador, alude al “mal de Montano”, como pasión desmedida por la literatura, la obsesión que lleva a vivirlo todo literariamente.
El último bloque, "Y otros asuntos pendientes", se abre con una dedicatoria a “los locos, perdedores y amateurs del mundo” Se trata de la cara de la moneda de la injusticia social, de la indiferencia, de la crisis económica que todo lo ha cambiado. “El detective Farol” es el relato más largo de toda la antología. Se trata de una pieza con tintes de género negro, pero también de breve novela picaresca. El narrador en tercera no es objetivo, y  se muestra bien caracterizado por su manera de hablar. Duda algunas veces, y esto lo convierte en una voz muy verosímil.

A pesar de la heterogeneidad del libro, predomina una gran capacidad de sugerencias y, por encima de todo, está el runrún que recorre las páginas, pieza a pieza de este mosaico (o como dijo Landero esos “cachivaches narrativos, artefactos, cositas narrativas”). Ese runrún es el tono, un tono limpio y luminoso, un ruido que se hace conocido, una entonación que logra dar sentido unitario. Es una música que evoca dudas, pero a la vez, complacencia, veneración por la escritura, melancolía, pero con trazos de serenidad y alegría. Muchas veces, eso es lo difícil de conseguir y es lo que se parece más a la voz propia, al estilo literario.