De lo fantástico en los cuentos de Cristina Fernández Cubas

 


«Lejos del lugar -en sentido espacial o en cualquier otro sentido- se hallaba el abismo, las arenas movedizas, la inconcreción, el desasosiego». 

«El lugar» 




Cristina Fernández Cubas

Premio Cervantes 2026

 

(ÀLEX GARCIA)


De la obra

Mi hermana Elba (1980) recoge cuatro relatos que destacan por la creación de atmósferas y esa tensión e intensidad que la autora proclama como ingredientes del cuento. Lo cierto es que este y el siguiente libro de cuentos, Los altillos de Brumal, de 1983, abrieron el camino para una narrativa de lo fantástico; o de lo insólito (como a ella le gusta referirse cuando hablamos del género, entre lo terrorífico y lo desasosegante), con la intención de golpear y a la vez seducir a los lectores. Su trayectoria en el ámbito del cuento se fue consolidando con la publicación de las antologías El ángulo del horror (1990), Con Agatha en Estambul (1994) y Parientes pobres del diablo (2006). Los cinco libros de relatos fueron recogidos en 2008 en el volumen Todos los cuentos, que contiene además la continuación de un relato que Poe dejó inacabado, “Al faro”. En 2015 Cristina Fernández Cubas volvió al género con la publicación de La habitación de Nona, que consta de seis relatos. Y diez años después, en septiembre de 2025, llegó Lo que no se ve, la última antología, donde reconocimos el sello de la autora, tanto en aspectos temáticos como formales. Son historias con una disposición más o menos lineal de lo que sucede, y cuatro de ellas están narradas por una voz intimista que casi siempre se corresponde con la voz protagonista.

De lo fantástico

            Algunas de las constantes del universo de Cristina Fernández Cubas parten de la utilización de procedimientos del género fantástico, pero actualizados y presentados de manera original. Se trata de recursos que intervienen desde la cotidianidad para la quiebra de la realidad y la intrusión de lo inquietante. Aparecen narradores con mentes trastornadas; motivos y temas como el doble, la infancia, la búsqueda de la identidad, la memoria, el mundo onírico o mundos paralelos que se rigen por otras normas. Además, la autora explora las posibilidades de objetos como relojes o espejos para reflejar lo ilusorio de las apariencias.

En cuanto a las técnicas narrativas, destaca el uso de la ambigüedad para jugar con la intriga y poner trampas que el lector debe desentrañar. Así, la voz del narrador, muchas veces no fidedigna, dosifica la información, manipula al lector y oculta los datos relevantes. Para que la realidad, aparentemente normal, se quiebre o las grietas afloren, se precisa muchas veces de una alteración de las dimensiones del tiempo y del espacio. Y en los relatos de Cristina Fernández Cubas son de especial relevancia los umbrales, esos pasos, entradas o accesos que los personajes se deciden a cruzar y que provocan siempre inquietud. Conviven los umbrales arquitectónicos como puertas, verjas, ventanas o escondites, con los umbrales de carga simbólica que representan cambios decisivos para la evolución del personaje; por ejemplo, el paso de la infancia a la edad adulta. Sin duda, la selección de espacios, muchas veces sin referentes claros, contribuye a la creación de atmósferas y ambientes que albergan lo fantástico.

La crítica literaria de las dos últimas décadas se ha ocupado de la presencia del elemento fantástico en los cuentos de Cristina Fernández Cubas. Dos estudios señalan las claves del efecto de lo fantástico en sus cuentos. Por un lado, el artículo de Ángeles Encinar, «De la inquietud al horror y otras fugas narrativas. La obra de Cristina Fernández Cubas» (2019), quien destaca ya esa doble afectación de los finales que causan sorpresa, tanto para el personaje como para el lector mismo y describe de manera muy precisa cómo se proyectan en el lector las historias narradas por Fernández Cubas:

Sus relatos parten de la realidad, del ámbito de lo normal o reconocido, como exige el género fantástico, y en un determinado momento irrumpe lo ilógico e irracional. (...) Las ficciones de la autora, desde una perspectiva fantástica o extraña, nos advierten de la existencia de otra realidad en nuestra vida diaria, oculta o indeseada, pero sobre todo perturbadora. (1)

 

Por otra parte, Asunción Castro Díez, en «El cuento fantástico de Cristina Fernández Cubas» (2000), se centra en el desasosiego y la incertidumbre, como los síntomas de ese efecto único al que se aplican sus cuentos. La creación de atmósferas y ambientes que envuelven los escenarios son agentes que aportan la incertidumbre, la ambigüedad o el desconcierto necesario para romper las expectativas del lector y atraparlo ante la irrupción del elemento fantástico.

Con sutil distanciamiento, sin sentimentalismos, con gran precisión, Cristina Fernández Cubas urde sus argumentos para crear personajes, historias y atmósferas inolvidables que atrapan al lector, envolviéndolo para siempre entre sus redes. Todas estas técnicas para la consecución de atmósferas en que late lo fantástico tienen un excelente aliado en una adecuada selección de espacios y personajes. (2)

 

El espacio narrativo es un elemento vertebrador más en el proceso de tránsito hacia lo insólito. Las tramas avanzan con estrategias para la configuración de los espacios creando un entorno de ambigüedad como mecanismo de extrañamiento y combinando otros recursos como el cruce de umbrales o la transmutación de espacios que rompen la aparente estabilidad de lo cotidiano.

En definitiva, en la obra de Cristina Fernández Cubas todo colabora para que la aparente seguridad del marco de realidad sea puesta en fuga y se muestre su fragilidad, creando un mundo paralelo que no carece de verosimilitud.

 

En otra ocasión soñé que regresaba a mi casa natal después de mucho tiempo y la encontraba completamente distorsionada. Era mi casa, desde luego, pero había algo siniestro en ella, algo amenazante que no lograba expresar con palabras. Entonces, dentro del sueño, presté atención y oí una potente voz que me decía: “Lo estás viendo todo desde el ángulo del horror”. Luego, reconstruí la historia, y la titulé, por supuesto, «El ángulo del horror»

Cristina Fernández Cubas

 

 

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  1.  Encinar, Ángeles (2019). En A. Naval López y J. L. Calvo Carilla (Coord), Narrativas disidentes (1968-2018): historia, novela, memoria. pp. 247-253. Visor.
  2. Castro Díez, Asunción (2000). En M. Villalba (Coord), Mujeres novelistas en el panorama literario del siglo XX. pp. 237-246. Universidad de Castilla-La Mancha.



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