"Principio, medio, fin", de Valeria Luiselli
Leer a Valeria Luiselli (Ciudad de
México, 1983) es siempre un acto de lectura deslumbrante. Sus obras conforman
una sólida trayectoria narrativa, ensayística y de compromiso ético y político,
por ejemplo, con los niños desplazados en las crisis migratorias. Es autora de
los libros de ensayo Papeles Falsos y Los niños perdidos; y de
las novelas Los ingrávidos, La historia de mis dientes, Desierto
sonoro y la más reciente, Principio, medio, fin.
Algunos
elementos que configuran la estética de Luiselli son, entre otros, el tema de
la memoria como agente constructor de identidad, o el modelaje de los recuerdos
en el ámbito biográfico, que completan (o distorsionan) la historia familiar. También lo es la creación de textos de naturaleza híbrida: mezcla de ficción,
crónica, ensayo; el fragmento como unidad narrativa y la intertextualidad. Es
una escritura en constante proceso de búsqueda, que se desplaza entre avances y
retrocesos, en una prosa voluble y fraccionada que le permite cada vez otro
intento, un nuevo principio en cada fragmento.
El proceso de escritura de Valeria
Luiselli va ligado a la mirada, una mirada que rompe con los moldes del
realismo convencional, porque aquí la trama no es lo relevante, sirve de
coartada para lo importante y se reduce a escenas o situaciones. Podemos hablar
de escritura literaria, donde las digresiones, las citas y el diálogo con otros
textos forman parte del mecanismo de creación. El proceso de escritura de la
obra está siempre presente porque se trata de obras autorreferenciales.
“Aprecio cuando un libro que leo me lleva a otro. En la mayoría de mis libros más literarios, mi archivo está incrustado en la narración a través de citas, paráfrasis, menciones, nombres”.
Luiselli, entrevista concedida a Radmila Stefkova en 2017.
Principio,
medio, fin teje
una historia de memoria e identidad familiar a partir de la unidad madre-hija,
que se amplía en línea ascendente, con abuela y bisabuela, la Nanna. La madre,
escritora en plena crisis tras un divorcio, viaja con su hija adolescente a la
isla de Sicilia, a la búsqueda de un nuevo comienzo. A partir de los diálogos
entre madre e hija y el cruce de mensajes con la abuela, que vive en México y
está empezando a perder la memoria, surgen otras historias que ayudan a
recomponer las propias y a moldear la relación materno-filial. Los nombres de
los personajes solo los conocemos hacia el final de la novela, cuando la hija
adolescente, Manuela Camposanto, envía fotos y postales a su abuela, Manuela
Astroni y anota los nombres en el sobre.
“Y luego, en la parte para el remitente, puse nuestros nombres, el de Mamá y el mío, Ella Camposanto y Manuela Camposanto”.
La novela, organizada en fragmentos
presentados según el índice del Libro II de la Historia natural de
Plinio el Viejo, discurre por tramos digresivos y por los meramente
argumentales. Aparece, además, un motivo recurrente en la obra de Luiselli, el
plano metaficcional. Reconocemos, como lectores, guiños a otras obras de
Luiselli, como esta cita alusiva a Los ingrávidos:
“Cada vez que dice “el pianista” me acuerdo de cuando ella era muy bebé y yo estaba tratando de escribir una novela sobre una mujer recién parida mientras lidiaba con la maternidad. Me estaba costando, en esa novela, establecer una distancia justa entre ella y yo (personas) y ella y ella (personajes). (...) Por un tiempo dejé al personaje sin nombre y simplemente la llamé la bebé”.
Ahora, la protagonista de Principio,
medio, fin, también está escribiendo una novela. De nuevo, la escritura es
una forma de autoconocimiento y de exploración de las relaciones familiares.
Pero además es una novela proyectada a la búsqueda de respuestas, a través de
un diálogo con los clásicos y la mitología. (Plinio, Hesíodo, Ovidio, Séneca,
Pirandello, Ariosto, Aristóteles, ...)
“Un
libro sobre mi madre. ¿O es más bien para mi madre? Un libro que labre un
camino a través de una serie de círculos concéntricos, empezando desde el
centro: el léxico familiar, la casa, el día a día, la gente, el mundo, la
política, la historia humana, la geografía, la historia natural, la mitología,
la geología, la cosmología. ¿Y luego adónde? ¿Hasta dónde? ¿Cuál es el último
círculo a partir del cual ya no se puede decir nada sobre ninguna cosa?”
Aparte del nexo puramente biológico
entre las cuatro mujeres, existen otros elementos de conexión entre ellas: un
mosaico del dios Proteo que ha pasado de madres a hijas; y el espacio de la
novela, Sicilia, isla cargada de mitologías, que funciona, por sus condiciones
climáticas y orográficas, como el territorio adecuado para trenzar una
mitología familiar. Mitología que se sitúa en un entorno de historia familiar,
en el sentido de la intimidad y complicidad entre generaciones. A esto alude el
sintagma “léxico familiar”. Se trata de una expresión que nos lleva a la novela
de Natalia Ginzburg, escrita en 1963, sobre la memoria y los ecos de las voces
familiares que construyen recuerdos de infancia y juventud. “Léxico
familiar" apunta al lenguaje privado que conforma la crónica íntima de una
familia, aquello que constituye nuestra realidad y una manera propia de mirar y
de ordenar el mundo.
Valeria Luiselli ha logrado algo muy
difícil: la creación de una voz propia, una voz cálida, cargada de naturalidad,
de un yo inventado (o no), que se disfraza a menudo de autoficción. Es una
voz que duda, que reflexiona, que logra abrir el lenguaje para rescatar la
experiencia.
“Pasamos buena parte de
nuestras vidas corriendo a ciegas entre espacios y momentos, entre inicios y
finales, tratando de entender dónde estamos parados exactamente: dónde en la
historia, en qué parte de nuestra propia historia, cuál fue el principio y dónde
está el final. Pero tal vez no haya principios. Tal vez no haya, tampoco,
finales. Tal vez todo lo que hay es la parte de en medio”.
- Principio, medio, fin. Feltrinelli Editores. 2026
- Principi, mig, fi. Angle Editorial.
- Beginning, Middle, End. Penguin Random House


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