lunes, 21 de abril de 2014

De la magia de lo cotidiano



Hace unos días, entre los muchos comentarios que ha provocado la muerte de García Márquez, hubo una reflexión en facebook que decía más o menos: «Si es mágico, no es realismo». Tal afirmación formaba parte de un listado de frases algo rebuscadas para crear polémica y reflexión en la red social. El autor del comentario, joven escritor-premiado, logró su objetivo, además de demostrar su erudición, y sumó numerosas réplicas y los populares «Me gusta».

El enunciado «Si es mágico, no es realismo», que más parece un silogismo de contrarios, se quedó dando vueltas en mi cabeza y empecé a construir una argumentación. García Márquez trabajó la crónica periodística (el periodismo como oficio, siempre) a partir  de historias sobre lo cotidiano. Pero está en la forma de contarlas donde se halla la maestría: describe con sorpresa, como novedosos los asuntos de siempre. Lo cuenta con perplejidad, con asombro. Y lo convierte en literatura. Presentar lo común en un tono legendario, por ejemplo, un tono narrativo de oralidad, de ensoñación, es una técnica, un rasgo de su estilo.

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.»

Si la realidad está constreñida por las leyes y normas que la rigen, la literatura carece de otros límites que no sean la propia imaginación o la re-creación de otros mundos u otras realidades. La literatura se presenta siempre como la otra cara de la realidad. Recuerdo ahora las palabras de Claudio Magris en Utopía y desencanto, que casi parecen un aforismo: La utopía da sentido a la vida, porque exige, contra toda verosimilitud, que la vida tenga un sentido; don Quijote es grande porque se empeña en creer, negando la evidencia, que la bacía del barbero es el yelmo de Mambrino.

Y he aquí un hecho cotidiano que se ha convertido en azaroso, casi mágico. Entre los muchos artículos publicados en la prensa por la muerte de GGM, llega a mis manos el de mi admirado Juan Villoro, escritor mexicano. Lo titula «El inventor del hielo» (El Periódico, 19/4/2014) y apunta que en Cien años de soledad, el personaje Remedios la Bella levanta el vuelo en un momento mágico. Es una escena extrema donde todo su contexto (el nombre, la conducta, la condición etérea del personaje), la dotan de verosimilitud y preparan al lector para el vuelo, con elementos tan cotidianos como la  taza de chocolate o salir a un patio con sábanas tendidas al viento como velas de barco. Trasforma en cotidiano un hecho mágico, extraño. Así apunta Villoro que GGM «decidió que la realidad es una rama de la mitología»

En Relato de un náufrago, García Márquez utiliza la voz del protagonista como narrador, es una voz sobria, sin voluntad de estilo, pero que activa el mundo interior del personaje. Aquí el escritor reinventa lo común, imagina una historia pero le pone la voz de otro narrador.

La verosimilitud queda a salvo, lo mágico o fantástico aparece en planos incipientes de realidad, porque el estilo (o la técnica) ahí nos lleva.