domingo, 29 de junio de 2014

Ser literatura




¿Recuerdas Aarón el día que hablamos en clase del significado de lo kafkiano? Resultó entonces inevitable volver a Kafka (1883-1924), a su noción de literatura.

Leo ahora en sus Diarios que en una carta a su futuro suegro se intenta justificar de esta manera: 

«Como no soy ni puedo ni quiero ser otra cosa que literatura, es imposible que mi actividad laboral atraiga mi interés, al contrario, más bien puede sacarme por completo de quicio». 

Lo ves, «ser literatura», bien podría ser una conquista de lo sagrado, como un don. Lo cierto es que la bibliografía de estudios en torno a Kafka es inabarcable. La lista de pensadores que intentan desentrañar el enigma de lo kafkiano está resultando para mí algo abrumadora: Canetti, Kundera, Musil, Adorno, Benjamin y hasta Foster Wallace, cuyo ensayo en el que habla del humor en Kafka, ahora debo comentar, refutar o establecer un diálogo con el mismo texto. Leo en mis notas a partir de la frase de Kafka sobre  «ser literatura» otra observación, esta de Henry James: 

«Solo el arte puede responder la duda de cada cual de verse justificado. La única y la verdadera vida es la de la creación artística.»
                                                                    Del Cuaderno para Aarón

lunes, 16 de junio de 2014

El doble sin rostro



        Sube al taxi un hombre de mediana edad, lleva traje y corbata bien coordinados con los zapatos; o mejor dicho, con el único zapato que Mario puede ver de refilón desde su espejo retrovisor y en el que advierte contrariado restos de barro. Por un momento sufre angustia por la alfombra trasera. Sin duda, quedarán manchas. Le indica la dirección y Mario se vuelve de repente; le ha llamado la atención su voz, una voz que le resulta familiar. Le observa ahora más detenidamente en su espejo cómplice. Es una persona conocida, tal vez un colaborador en tertulias radiofónicas. 

Sí,  en efecto se trata de un escritor y periodista con cara soñolienta y nombre singular que ha llegado a Barcelona para firmar libros el próximo sábado, día de Sant Jordi. Intenta decirle que le conoce, pero en ese mismo instante el escritor empieza a hablar. Le pregunta por el tiempo que hizo ayer, que si hoy parece que está más despejado, que si a ver si se mantiene para el sábado y remata con el tópico de que la humedad de Barcelona se le mete en los huesos y le duelen más. Él es de Burgos y allí el invierno se alarga hasta finales de abril pero la primavera y el verano son mucho menos húmedos que aquí. Le agobian los días como hoy, cuando el sudor del primer bochorno no se separa de uno. Mario hace ver que ya no le escucha, no quiere detenerse en la imagen del sudor mojado y cálido. Le produce repugnancia. Vuelven a su mente los pensamientos de siempre y busca nervioso entre las piernas la bola de papel de plata para apretarla con fuerza. Se relaja y consigue pensar en otra cosa. 

El escritor de Burgos le confiesa mientras circulan por la calle Aribau que tiene que firmar ejemplares de su libro el día 23, por orden expresa de su editor y aprovechar así el tirón de la radio y la popularidad que le confiere, que no están los tiempos para derrochar oportunidades; que en realidad, siente pánico, que debe transformarse en otro, en alguien distinto y que se queda siempre con la sensación de que engaña a sus lectores. 
Le confiesa que suele practicar en estos casos el juego del doble sin rostro. Se convierte en un doble de sí mismo para enfrentarse al público lector que, atraído por una voz conocida desea ponerle rostro cuanto antes. Su doble sonríe, saluda, firma dedicatorias de sus libros y escucha paciente. 
¿Por qué le cuenta todo esto? Si es tan tímido, que se calle de una vez. 

lunes, 9 de junio de 2014

Diálogo con Gil de Biedma,



 Jaime Gil de Biedma, “Barcelona ja no és bona, o mi paseo solitario en primavera”.

En los meses de aquella primavera
pasaron por aquí seguramente
más de una vez.
Entonces, los dos eran muy jóvenes
y tenían el Chrysler amarillo y negro.
Los imagino al mediodía, por la avenida de los tilos,
la capota del coche salpicada de sol,
o quizá en Miramar, llegando a los jardines,
mientras que sobre el fondo del puerto y la ciudad
se mecen las sombrillas del restaurante al aire libre,
y las conversaciones, y la música,
fundiéndose al rumor de los neumáticos
sobre la grava del paseo.
...


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"Si la bossa ja no sona, o mi paseo solitario por Barcelona"

Era mil novecientos, me parece,                                                                                                              
 sesenta y dos (creo recordar).                                                                                                                          
 Era la última noche del año, sí.                                                                                                                          
 En una Nochevieja en blanco y negro                                                                                                   
pasaron por las Ramblas seguramente
más de una vez


Entonces, como los tuyos, los dos eran muy jóvenes
y Barcelona los presentó en una sala de baile.
Ella venía del Sur de tu poema, sin más instrucción
que bordar finas prendas de tocador.
Y él, hijo de murcianos,
vestía un futuro uniformado en la mirada.
Fueron de los que llegaron de un tiempo triste, amargo.
Ávidos de vida.
                                       Los miro
en un viejo retrato de aquel día:
en grupo, con anchos abrigos ellos
y sombreros de cotillón las señoritas.
Vienen Ramblas arriba, me parece
(o quizá las bajan). Cogidos del brazo
 beben un champán de anuncio:
− fino, ligero, estimulante − en copa abierta, eso sí.
Las parejas bailan por el bulevar
deshabitado de estatuas.
Brilla la música en sus caras.
La de ella ahora me mira cómplice,
con los ojos en estado de esperanza buena.
Yo ya estuve allí entonces,
mecida en deseos de ventura
y de aliento
por los años ávidos de vida nueva.
Eran los tiempos dulces del milagro económico.


domingo, 1 de junio de 2014

Bearn, Llorenç Villalonga CCCB (9)





 Martes, 27 de mayo. Última sesión del curso «El arte de la novela», dirigido por Jordi Llovet. En la entrada nos tenían preparado un avance el programa para el año próximo, de marzo a junio del 2015. Sí, habrá una segunda parte sobre la novela europea del siglo XX. Sonrío ante la nómina de escritores que se propone. Sonrío porque aparece Iris Murdoch, con The sea, the sea; Robert Walser, Céline, Gide, el mismo Italo Calvino, con Nuestros antepasados; y en lengua castellana, Volverás a Región, del maestro Juan Benet y además Cien años de soledad.

Los otros también comentan entre ellos la propuesta de programa. Mi vecino de silla, por ejemplo, echa de menos La condición humana, del francés André Malraux. Yo la comento conmigo misma y asiento mentalmente con él.

En la mesa ya se sientan Jordi Llovet y Margarida Casacuberta, doctora en Filología Catalana por la Universidad de Girona. Por un momento me recuerda a la mismísima Virginia Woolf, o por lo menos a la imagen recurrente de cara pálida y ojos vivos enmarcados en un cabello pelirrojo. El director del curso comenta las novedades para próximos cursos y se despide entre sonrisas con un alegato sobre la docencia como lección personal.



La novela Bearn o la sala de las nines, del escritor mallorquín Llorenç Vilallonga es considerada una de las obras más importantes de la literatura en lengua catalana del siglo XX. La profesora apunta que el título es una disyuntiva importante que plantea una relación dialéctica y conflictiva entre el mito y la realidad.

Es una obra que habla sobre el peso de la literatura, del nombre, el peso de la palabra. La describe como una red de relaciones muy bien trabada, con diferentes intrigas que van drenando y construyendo el relato. Señala que puede ser calificada como novela de intriga pero también como novela psicológica, porque un personaje se explica, (la voz narrativa es la de Joan Mayol, un capellán de la casa), y habla de otro personaje, del protagonista, don Toni de Bearn. Mayol quiere someter a la consideración de sus superiores eclesiásticos si debe o no cumplir la voluntad de don Toni de publicar a su muerte sus memorias. Se trata de un narrador que manipula la realidad porque él es posiblemente hijo ilegítimo del señor de la casa.

También es una novela discursiva o filosófica, que habla de las grandes corrientes del pensamiento europeo. Es el retrato de una aristocracia en decadencia en la segunda mitad del XIX. Se entrelazan las vidas al espacio narrativo, una gran casa y su jardín, con el tema de fondo del paraíso perdido, metáfora de una Europa en decadencia.

Lección magistral de Margarida Casacuberta sobre una novela que encierra gran complejidad y riqueza literaria