domingo, 8 de octubre de 2017

Leer o morir


Cada inicio de curso, al presentar las lecturas al alumnado de Bachillerato, lo hacemos con sumo tacto para no asustar su sensibilidad de jóvenes indolentes y despertar en ellos cierta curiosidad. ¿Qué sentido tiene estudiar Literatura en en siglo XXI? ¿Qué finalidad? ¿Qué es un clásico? y sobre todo, ¿Por qué tenemos que leer a los clásicos? Son preguntas interesantes que merecen una reflexión previa en el inicio de un curso de Literatura en el que habremos de convivir con Cervantes, con los poetas del siglo de Oro, o con la propia condesa Pardo Bazán y sus Pazos de Ulloa.

Es muy difícil llevar a la práctica de manera eficaz el propósito de fomentar la lectura y la escritura desde el aula. Tenemos que leer seis obras, seis clásicos de la literatura, que abarcan desde el Renacimiento hasta nuestros días. “Tenemos que” es una perífrasis verbal de obligación. Y, no vale engañarse, la obligación contiene semas que se oponen a la creatividad, al placer de leer, al puro deleite gratuito de lo estético. No hay más opción que leer o morir. Hemos de intentarlo. Si abordamos las lecturas desde la propia vida, desde el intento de conocernos a nosotros y a los otros, de leernos a nosotros mismos y a los demás, entonces empezarán las preguntas y algunas respuestas.

Recuerdo aquí la cita de Marcel Proust. “Solo mediante el arte podemos salir de nosotros mismos, saber lo que el otro ve desde ese universo que no es el mismo que el nuestro, y cuyos paisajes nos serían tan desconocidos como los que pueda haber en la luna”.
(Aparte) * Llevarles hacia un breve coloquio sobre la finalidad del arte. Siempre funciona.

¿Por qué habéis elegido esta materia en vuestro último año de Bachillerato? Seguramente por motivos prácticos. Parece más fácil. Habrá que leer y no tanto estudiar o memorizar. Está todo en internet. Los comentarios de texto se pueden copiar. Buscas los resúmenes y ya te sabes el argumento, los personajes,... Luego está el tópico del aburrimiento, de la pereza, leer requiere detener el tiempo que nos rodea, momentos de quietud y soledad. Quizá también de huída, o tal vez de refugio. Y hoy tenemos al alcance muchos medios para evadirnos, para no pensar, para no concentrarnos, para no detener el tiempo.

Empecemos por el principio, ¿Qué es la lectura?

La lectura es un proceso para la interpretación de signos gráficos por medio de recreaciones mentales que permiten ver lo que no está presente. Esto es, leer es imaginar una realidad. La lectura despliega de inmediato su capacidad transformadora y convierte un mero objeto-libro en un mundo, en un relato. Si realmente entramos en un libro, una historia, lo hacemos con la imaginación. Se produce un desplazamiento de realidad.
“Ver lo que no está presente” (sí, pero en interpretación subjetiva, individual) es todo un reto y un descubrimiento que siempre suma. Otros medios nos lo ofrecen ya cocinado, sin necesidad de imaginarlo, de recrearlo. La capacidad de imaginar no es una condición natural del ser humano, sino que necesita de ser ejercitada. Si no adiestramos a nuestro cerebro en la costumbre de leer, se pierde interés y la lectura se vuelve una tarea cansada y sin sentido, quizá porque ya hemos perdido la capacidad de relacionar las ideas impresas con nuestra vida diaria. Curiosamente, cuando leemos en clase, o para la clase, el proceso no acaba en cada uno de nosotros, sino que se extiende al comentario de lo leído. Así, obtenemos algunas respuestas y muchas preguntas.

LEER para absorber, asimilar, emocionarnos, pensar, razonar las contradicciones, defendernos, estimular el espíritu crítico, hacernos preguntas, cultivar nuestro sistema de creencias, dotarnos de estrategias frente al intento de manipulación, adentrarnos en la condición humana. La lectura como refugio, como abono de los sueños.


LOS CLÁSICOS
Desde tiempos muy antiguos viene la idea del canon de aquellas obras dignas de imitación, que comportan un valor permanente, perdurable en el tiempo y en la memoria. Más cercanas son las definiciones de Italo Calvino en Por qué leer a los clásicos, (Siruela) como aquella de que los clásicos son en realidad relecturas, o la que afirma que un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
Clásico es todo libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes”.

Y al fin, hundidos por completo en el juego de las definiciones de clásico, volvemos a Italo Calvino para pensarlo: «Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir “Estoy releyendo…” y nunca “Estoy leyendo…”».

     Para cerrar el círculo recordamos que un clásico es un libro que se presta a incesantes revisiones e interpretaciones; nos permite una indagación en el conocimiento del ser humano, no caduca, es moderno; es un libro, en palabras del propio Calvino, que nunca termina de decir lo que tiene que decir, de ahí que su potencial recorrido se antoje infinito. «Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él».

http://www.siruela.com/archivos/fragmentos/Leerclasicos.pdf
Por qué leer los clásicos. Italo Calvino 

martes, 12 de septiembre de 2017

"En memoria de Paulina". Un cuento de Bioy Casares




“En memoria de Paulina”
Adolfo Bioy Casares (1914-1999)


El cuento pertenece a la colección de seis relatos fantásticos que componen el libro La trama celeste (1948). En la introducción, Pedro Luis Barcia apunta que los seis narradores escriben “en situaciones extremas, en límites de avasalladora desilusión”. Me parece un nexo de unión muy interesante por cuanto Bioy Casares es un maestro de los juegos de apariencia y realidad.
Sus cuentos fantásticos tienen una realidad alterna donde aparece el ámbito de lo cotidiano. Pero es que además, en el texto que nos ocupa, “En memoria de Paulina”, los dos personajes masculinos son escritores. Siento verdadera atracción por los los relatos donde, de algún modo, aparece la literatura urdiendo tramas sobre sí misma. También me gusta escribirlos.

En memoria de Paulina” es, en apariencia, una historia de amor. El tono del narrador es sentimental e idealizador de la amada. Es un relato que pone en contacto con una historia de doble fondo, porque de forma soterrada pero triunfal aparece la historia de una rivalidad, de celos.

El título nos evoca la frase latina In memoriam, por lo que nos acerca a la idea de muerte y también de homenaje al respecto de Paulina, la protagonista femenina. Así, tenemos un triángulo amoroso con la heroína situada entre dos hombres muy antagónicos. Pero los dos son escritores. Del narrador, no conocemos el nombre, y tiene “un prestigio literario tempranamente alcanzado y perdido”. Julio Montero presenta el argumento de uno de sus cuentos, donde el personaje inventa una máquina para preservar el alma más allá de la muerte.

Cuando sobreviene la ruptura, el protagonista sigue peleando por encontrar la verdad en su ficción, ya sea aceptando su beca para viajar a Londres e intentar olvidar a Paulina, o bien, a su regreso, creyendo que Paulina vino a visitarlo desengañada del amor de Montero.

A pesar de la consumada muerte de Paulina el protagonista intenta reconstruir su ficción nuevamente:
Volvió desde la muerte, para completar su destino, nuestro destino”
Paulina me había perdonado. Nunca nos habíamos querido tanto. Nunca estuvimos tan cerca”
El protagonista insiste en ver la verdad en su fantasía:
Murió sabiendo que el matrimonio con Montero había sido una equivocación, [...] y que nosotros éramos la verdad.”

La verdad triunfa frente a la construcción fantasiosa del protagonista de no aceptar la verdad que aclara los hechos y confirman que Paulina nunca lo amó:
Por desgracia cuando surge la verdad, mi horrible explicación aclara los hechos que parecían misteriosos. Estos por su parte la confirman.”

Algunos rasgos de estilo:
Comienza con un recurso que le gusta a Bioy, la enumeración heteróclita, de cosas que no tienen una serie, los objetos no tienen relación. El narrador describe a Paulina por lo que le gusta:
Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos.
Y en esas preferencias se identifica por completo el narrador. Toda definición personal resultaría caprichosa. Es una constelación más o menos romántica.
El narrador se define por sus defectos: “como el refugio en donde me libraría de mis defectos naturales, de la torpeza, de la negligencia, de la vanidad.”

También aparecen relaciones contradictorias entre sustantivos y adjetivos: “privaciones casi dulces”, “horrible paraíso de caramelo”.
Aparecen algunos símbolos, como la estatuilla del caballo como símbolo de la pasión: Paulina puso el caballito en un estante de la biblioteca y exclamó: Es hermoso como la primera pasión de una vida.”

Juego intertextual: Paulina quiere recordar un poema en inglés de Robert Browning en que “un hombre se aleja tanto de una mujer que ya no la saluda cuando la encuentra en el cielo”.
El narrador no logra encontrar los versos en su edición de Oxford y apunta: “estaba singularmente ofuscado y me pregunté si la imposibilidad de encontrar el poema no entrañaba un presagio”. Lo era.

Destacan las escenas secundarias, de realismo detallista bien colocado para volver creíble una historia, aportan un grado de concreción, un brote de la realidad anclado.
El narrador lo cuenta todo, nos sorprende con la explicación. Se empeña en no aceptar la realidad en un principio, cuando detalla con seguridad sus proyectos de vida compartida con Paulina. Introduce interpretaciones que sorprenden.
Este cuento reflexiona sobre la inmortalidad, igual que La invención de Morel. La clave radica en la materialización de un conjunto de imágenes generadas aquí por el odio y los celos, que se imponen sobre la realidad del mundo.

La trama que se desnuda inquieta más que la incertidumbre desde la que se narra. Se contraponen el asombro y el sentido, la necesidad de resolver un misterio o no.
Pasen, y lean.

martes, 5 de septiembre de 2017

Franz Kafka y su editor



Kurt Wolff
Autores, libros, aventuras.
Observaciones y recuerdos de un editor, seguidos de la correspondencia del autor con Franz Kafka.
Traducción de Isabel García Adánez
Editorial Acantilado

ISBN:978-84-92649-36-5






“¡Eso de ninguna manera, por favor! (...) El insecto en sí no debe ser dibujado.”

Con estas ilustrativas palabras se dirige FranK Kafka a su primer editor, un joven Kurt Wolff, entusiasmado por la calidad de sus manuscritos. En carta de octubre de 1915, y relativa a la portada de La Metamorfosis, en la que pretendía la editorial dibujar un insecto, Kafka se niega a que aparezca la imagen del insecto y sugiere que se muestre a los padres y la hermana “en la estancia iluminada mientras se ve la puerta abierta que da al cuarto vecino, completamente a oscuras”.
En otras cartas Kafka confiesa que nunca podrá vivir de sus escritos y que la inseguridad es un motivo de angustia “para el funcionario que reside en lo más hondo de mi ser”.

Este volumen nos permite asomarnos a la correspondencia que ambos mantienen en sus inicios. Son, en efecto, el entusiasmo y el buen gusto las dos condiciones previas para la edición, según Kurt Wolff, editor y bibliófilo alemán (1887-1963), fundador de las célebres colecciones Der Jüngste Tag (El día del Juicio) y Der neve Roman (La nueva novela), donde publica a los principales autores del expresionismo europeo, en catálogos de una calidad literaria excepcional. Este libro contiene un conjunto de recuerdos, anécdotas y reflexiones de alto valor histórico y literario en el que se muestra una relación editor / autor basada en la confianza, una concepción del editor a la antigua, una imagen hoy bastante inusual, identificado con su catálogo y movido por la fascinación que en los lectores tiene la obra literaria de calidad.

Este libro, que es además todo un ejemplo de buen gusto, se convierte en un documento imprescindible, modelo para sellos independientes que, con voluntad creativa, intentan abrirse camino en el mundo de la edición actual.

En portada aparece el logotipo de la editorial Kurt Wolf, que representa la imagen clásica de la loba capitolina con Rómulo y Remo y debajo las iniciales KWV (Kurt Wolf Verlag, la firma editorial hasta 1930).
Centrado destaca el título (en su primera parte) y el autor. En la contracubierta se encuentra el logotipo editorial en rojo (la figura de un saltador) y la nota del editor. La banda superior roja contiene igualmente la colección y el número, con caracteres expandidos en negro sobre fondo rojo. En la solapa aparece una breve información biográfica del autor.
El resultado del diseño es una imagen de seriedad, rigor y también de modernidad para un título de ensayo divulgativo, pero limitado al ámbito del mundo editorial.

Es una edición muy cuidada, con fotografías del autor y del sello de su editorial. Consta de páginas de cortesía en color rojo, portada, foliación inferior y colofón. Ante la diversidad de documentos que aparecen se ha optado por dividir el libro en cuatro partes bien diferenciadas. Se compone de tres artículos o recopilación de opiniones y anécdotas (Libros y aventuras) a los que siguen tres ejemplos de relación con el autor (Autores), una detallada exposición de su trayectoria literaria escrita por Helen Wolff ( Sobre Kurt Wolff ), una selección de libros editados por Wolff y una bibliografía. Cierra el libro la correspondencia del editor con Franz Kafka.

domingo, 6 de agosto de 2017

Perro semihundido. Francisco de Goya


Nunca antes había entrado en el Museo del Prado con la intención de ver un único cuadro. El 5 de noviembre lo hice. Fue durante una visita a Madrid el pasado otoño. Saqué mi entrada y me dirigí directamente al conjunto de pinturas de la Quinta del Sordo, (Pinturas Negras) de Goya. Al final del pasillo central, en la sala 067 de la planta 0. Ahí está expuesto Perro semihundido. Ubicado al final, de frente, aunque podemos ver sus tonos ocres y la cabecita del perro desde el mismo acceso a la sala.

El cuadro ha sido objeto de múltiples estudios y se han propuesto variadas interpretaciones, desde la insignificancia del ser vivo ante el espacio que le rodea, hasta que estemos ante una obra inacabada, pasando por una posible pérdida de elementos presentes en el cuadro antes de su traslado a lienzo. Otros pintores se han sentido atraídos por esta obra y han realizado sus propias versiones del perro. Antonio Saura llegó a calificarlo como “el cuadro más bello del mundo”.

         La ficha técnica recoge las dimensiones de la obra: 131,5 cm de alto x 79,3 cm de ancho; la técnica, óleo sobre revoco trasladado a lienzo; y la fecha de creación, 1820-1823. La escena decoraba una de las paredes laterales en la sala de la planta alta de la Quinta del Sordo, junto con una escena titulada "Dos brujas". En el catálogo del Museo del Prado de 1900 se registró ya con el título de 'Perro semihundido'.
Se trata de una escena en plano vertical. La cabeza se sitúa en un plano oblicuo ascendente, como única materia en un vacío dibujado en polvareda de ocres, de una rara luminosidad. A pesar de la sencillez figurativa y expresiva, es la profundidad de la mirada lo que te atrapa.

Lo había visitado otras muchas veces antes, había tomado algunas notas para la reflexión sobre la composición del cuadro, sobre lo que supone como anticipo del impresionismo o el simbolismo…, pero ese día quería captar la intención de la mirada del perro. Busqué figuras como se buscan en las manchas de los muros, o como en el juego de ver figuras en las nubes. Y encontré en la sombra vertical que se alza frente al perro todo lo que dicen que puede verse: la muerte que se aproxima, la imagen de una roca, la cabeza de un fraile y hasta la cabeza de un caballo. Cualquier opción es válida.

     
El perro mira hacia arriba solo, con ojos suplicantes hacia lo absoluto o hacia un amo que no está. Es una mirada lastimera, triste, de desconsuelo. Todo acaba en una decepción, en un vacío inagotable.

Sin embargo, por un instante el “lector” del cuadro podría percibir curiosidad, inocencia, esperanza incluso. La mirada, hacia arriba, busca la luz.


martes, 25 de julio de 2017

Salir de una frase. El rastro de una cita de Vila-Matas


Sobre Mac y su contratiempo
Mis amigos lectores conocen mi admiración hacia Enrique Vila-Matas. Mis amigos escritores van más allá y leen con talante abnegado mis relatos “metaliterarios”, donde nunca faltan personajes con el atributo “escritor devoto de EVM”. Pero con algunos de ellos comparto admiración hasta el punto que leemos a la vez sus novelas desde hace un tiempo. Tal es así que en marzo acudimos varios a la presentación de Mac y su contratiempo, nos hicimos fotos con el autor y nos llevamos el ejemplar firmado, como no podía ser de otra manera. A los pocos días, uno de mis amigos escritores publicó un post sobre una cita del libro que le había conmovido: “Me fui de tu vida como quien se va de una frase”.

En Mac y su contratiempo, la frase se la escribe en un mail el propio Mac a Peggy, la responsable del horóscopo de su periódico favorito y que resulta ser una amiga de juventud, de un verano en S´Agaró, Juanita Lopesbaño, “y sospecho que no guarda buen recuerdo de mí”, apunta Mac Vives.

El caso es que la cita “Me fui de tu vida como quien se va de una frase” llevó a mi amigo Jorge Gamero a escribir:
“Nota y su contratiempo” Ver aquí un artículo sugerente donde se pregunta por la manera en que uno se va de una frase.

Al releer mis notas sobre la novela me di cuenta de que tenía subrayada la misma cita y apuntada la referencia: (pág. 300) de Una vida absolutamente maravillosa, una antología de los mejores ensayos de Vila-Matas, editada por Andreu Jaume.

Ahí está: El título del ensayo Se escribe para mirar cómo muere una mosca se refiere a una cita de Marguerite Duras, quien en su libro Escribir completa el siguiente párrafo:
“Se escribe sin saberlo. Se escribe para mirar cómo muere una mosca. Tenemos derecho a hacerlo.” Más adelante se hace suya otra cita que también va a aparecer en Mac: “Escribir es inventar saber qué escribiríamos si escribiéramos”. La anécdota parte de la observación por parte de Duras de los últimos minutos de vida de una mosca en el muro de su jardín. La mosca muere a las tres y veinte de la tarde. Ella misma anota la hora de deceso y la cita “La mosca escribe.” Cabe recordar aquí los dos años que el escritor pasó en París en su juventud, entre 1974 y 1976, instalado en una buhardilla de Marguerite Duras. “La conocí pero sin llegar a conocerla”, “No voy nunca a olvidarla, antes me olvidaría de mí”, confiesa en el artículo.
Y ahí, en epígrafe aparte aparece la cita (algo modificada):
Salí de su vida como se sale de una frase


Salí de su vida como se sale de una frase.





Una vez se le preguntó a Vila-Matas, entre un grupo de lectores, por la historia de esta cita y respondió:

De Y Pasavento ya no estaba (2008). Libro de ensayo
Me refiero a la vida de Marguerite Duras. Salí de su vida... Ignoro cómo fue, cómo se originó en mí esta breve frase que explica como me fui de la vida de alguien y al mismo tiempo cómo me voy de la frase misma. Sólo sé que de entre las mías es una de las que más me gustan y lo seguirá siendo mientras sepa salir de ella.”
EVM



martes, 18 de julio de 2017

¿Por qué nos conmueve el estilo de Juan Rulfo?




Este año se celebra el Centenario del nacimiento del escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986), autor de Pedro Páramo (1955) o El Llano en llamas y otros cuentos (1953). El legado es ciertamente muy breve pero ha marcado una influencia de muy largo recorrido en la literatura contemporánea. Así, García Márquez lo tuvo muy presente para la concepción del famoso realismo mágico. Ambos se sintieron atraídos por el estilo y algunos motivos de William Faulkner, como la presencia de la voz de la muerte. Los tres son escritores que construyen su propio marco rural como espacio narrativo: En Comala o Luvina moran o deambulan los personajes de Rulfo, en Macondo los de García Márquez y Yoknapatawpha es el condado ficticio de la obra de Faulkner.

      Pero ¿Qué hay en el estilo de Rulfo que hace que a pesar del paso del tiempo logra conmovernos?
La RAE define “conmover”, del latín conmovēre como 1. tr. Perturbar, inquietar, alterar, mover fuertemente o con eficacia a alguien o algo. U. t. c. prnl. y 2. tr. enternecer (‖ mover a ternura). María Moliner, en su diccionario de uso del español, se extiende algo más y precisa una gama de verbos de proceso como Estremecer, sacudir, causar emoción, causar alteración una escena de ternura. En ambas definiciones hallamos un sema común: la idea de un desplazamiento, aunque no físico, que provoca en nosotros una mudanza de estado.

En el cuento “Luvina”, el parroquiano bebedor describe así la ciudad:

Por cualquier lado que se le mire, Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara. Y usted, si quiere, puede ver esa tristeza a la hora que quiera. El aire que allí sopla la revuelve, pero no se la lleva nunca.

La desolación en paisajes y gentes está muy presente en la obra de Rulfo. En Luvina hay algo que hace que los habitantes no sonrían. Podemos imaginar sus caras “entabladas” para no sonreír, están abocados a la tristeza, al abandono, al vacío. Y en el espacio geográfico, el paisaje también es árido, estéril, seco. En la novela Pedro Páramo, Comala es un personaje más

¿Y por qué se ve esto tan triste?, pregunta el hijo de Pedro Páramo cuando ve Comala por primera vez. Sin embargo, él recuerda la visión de la llanura verde que le describió su madre antes de morir, un Comala idílico que ha desaparecido. Ahora es purgatorio y hasta infierno donde los personajes se mueven como sombras. Por encima de todo, lo que más fuerza tiene es el recuerdo. Preciado va a recordar a Comala, con los ojos de su madre, a revivir un pueblo que ya está muerto. La muerte está aceptada por todos con naturalidad.
El propio narrador muere hacia la mitad de la novela, y se convierte en otra sombra que susurra. La historia iniciada por Juan Preciado continúa en las voces colectivas que diluyen al narrador. Todos quedan atrapados en el limbo a al espera de la redención. El sentimiento de orfandad también nos conmueve, porque está en todos los personajes de la novela.

Los ecos, los murmullos, los diálogos que se abren de repente y se cierran son expresados con una gran naturalidad, con una rara resignación. Las descripciones son fragmentadas y la narración no es lineal. La memoria es un elemento que transforma la realidad. Y el lenguaje es muy poético, da en la esencia de lo que nombra. Por ejemplo, todo apunta a la sequía salvo cuando aparecen las mujeres. Únicamente en los recuerdos de las mujeres sopla un viento oloroso a limones. En la aridez inmensa basta el brote de una hoja o la mención del agua para lograr un efecto estremecedor.

...Y que si yo escuchaba solamente el silencio, era porque aún no estaba acostumbrado al silencio; tal vez porque mi cabeza venía llena de ruidos y de voces.De voces, sí. Y aquí, donde el aire era escaso, se oían mejor. Se quedaban dentro de uno, pesadas. Me acordé de lo que me había dicho mi madre. «Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz». Mi madre... la viva.

domingo, 9 de julio de 2017

Prólogo para una guerra. Iván Repila

Prólogo para una guerra
Iván Repila
Barcelona, 2017
Editorial Seix Barral
Colección Biblioteca Breve
ISBN 978-84-322-2987-9


El estilo como marca








Iván Repila (Bilbao, 1978) elabora en Prólogo para una guerra, su tercera novela, una alegoría sobre la sociedad occidental contemporánea. Una sociedad urbana, habitada por individuos diversos, con intereses y recorridos distintos pero unidos muchas veces por la incomunicación y por el dolor. No aparecen las referencias espacio-tiempo. El espacio narrativo es una ciudad sin nombre, pero fácilmente reconocible como referente de la globalización. No aparece el tiempo histórico en el relato de Emil y el Mudo, pero identificamos los tiempos convulsos de principios del siglo XXI.

    Se narra la trayectoria vital de dos personajes antagónicos pero unidos por el sufrimiento y la búsqueda. Emil Zarco es un arquitecto de prestigio cuya propuesta es seleccionada para el proyecto de urbanizar un barrio periférico en su propia ciudad. De ser considerado entre los colegas como huraño y lunático se convierte en estrella de la arquitectura no sin alguna sensación de euforia y también de vértigo. Él quiere permanecer. En lo personal, su convivencia con Oona se tambalea ante la evidencia de que no pueden tener hijos. Gana la incomunicación y ella un día desaparece. 

     El Mudo es el personaje antagónico. Él quiere desaparecer. Se ha impuesto el silencio para acallar su dolor. Vive con un perro sin nombre y una chica llamada Hache. Representan el otro extremo de la ciudad, donde habitan los desposeídos, los anónimos. Un día el Mudo ve a Oona  “Una mañana la vio”, le recuerda a su mujer y decide seguirla por la ciudad.  

    La narración es bimembre en la forma y en el fondo. Los capítulos de ambas tramas se alternan en una estructura paralelística de doble recorrido, antagónico e inverso. Y al final, nos queda una propuesta de reflexión, una posibilidad de redención de la sociedad. Se deja entrever el triunfo de la capacidad de resistir, de luchar por tiempos menos convulsos.

    Iván Repila ha apostado por una narración alegórica, con un lenguaje cargado de metáforas, con un empeño en la selección léxica, en la búsqueda de la palabra precisa. El resultado es un plus de lenguaje poético, de gran belleza. En algunas páginas se oyen los ecos de la prosa de Jesús Carrasco en su novela Intemperie. 
El anexo de las últimas páginas resulta ser el cuaderno rojo de Emil, un poemario que recoge su intimidad. El lenguaje simbólico pretende explicar lo abstracto, expresar lo conceptual. Y Repila lo viste de metáfora. No es una apuesta fácil en la actualidad, porque un lenguaje excesivamente elaborado puede hacer que el relato pierda naturalidad. Lo cierto es que aquí, el estilo es marca de autor, que usa el lenguaje como herramienta para el conocimiento.