Aquellas "chica raras"
Carmen
Martín Gaite es representante de una generación de escritoras, en el seno de
la “Generación del 50” o “Generación del
medio siglo”, que ofrecieron una nueva perspectiva de la vida y de la sociedad
con una visión del mundo a través de los ojos de las mujeres. El punto de
partida fue la concesión del premio Nadal, en 1944, a Carmen Laforet por su
obra Nada, pero otras mujeres lograron este galardón, quizás el más
importante de la posguerra española, consagrando una tradición novelística
femenina: Elena Quiroga (Viento del Norte, 1950), Dolores Medio (Nosotros
los Rivero, 1952), Luisa Forellad (Siempre en capilla, 1953), Carmen
Martín Gaite (Entre visillos, 1957) y Ana María Matute (Primera
memoria, 1959).
Las obras de esta generación de
narradoras son novelas comprometidas, novelas testimonio y reflejo de un
momento histórico concreto y se convierten, muchas de ellas, en instrumento de
denuncia social. La consolidación de Carmen Martín Gaite como novelista llegó
con el Premio Nadal que obtuvo en enero de 1957 por su primera novela larga,
Entre visillos, donde la autora refleja las dificultades de las mujeres
para exponer sus puntos de vista y los prototipos femeninos reflejados por la
literatura masculina.
Natalia, la
protagonista de Entre visillos, es el exponente de la “chica rara”,
término acuñado por Carmen Martín Gaite (Desde la ventana (Enfoque femenino de la
literatura española. 1987) a partir del impacto del personaje de
Andrea en Nada (1944), de Carmen Laforet. En su ensayo “La chica rara”,
Martín Gaite analiza al personaje y
señala las diferencias radicales de Andrea con cualquier otra heroína de novela
rosa: desde la ausencia de descripción física que la convierte en un ser
“extremadamente borroso” hasta su resistencia a mostrarse a sí misma o ser
clasificada.
En una palabra, Andrea era una chica
“rara”, infrecuente.
Este paradigma de mujer, que de una manera o de otra pone en
cuestión la “normalidad” de la conducta amorosa y doméstica que la
sociedad mandaba acatar, va a verse
repetido con algunas variantes en otros textos de mujeres como Ana María
Matute, Dolores Medio y yo misma. Y por ser Andrea el precedente literario de
la “chica rara”, en abierta ruptura con el
comportamiento femenino habitual en otras novelas anteriores escritas por mujeres, es por lo que interesa analizar los
componentes de su rareza, relacionándolos con la época en que este tipo de
mujer empieza a tomar cuerpo. (Martín Gaite, 1987: 111)
Natalia, la protagonista de Entre
visillos, es también una chica “rara” o “infrecuente”. Cuando
escribe su diario lo hace en aras de la intimidad y de la soledad porque trata
así de defenderse de los comentarios, los prejuicios y las convenciones de los
demás y contra el intento que se otorgan de controlar su vida. El cuaderno
simboliza la tensión entre el deseo de comunicación y la necesidad de soledad.
En su ensayo, Desde la ventana, a
partir del análisis de Andrea como “chica rara”, Carmen Martín Gaite traza una
serie de rasgos comunes a las heroínas de las novelas Los Abel, Nosotros los
Rivero o Entre visillos. Son chicas que escapan al rol social que se
esperaba de ellas como mujeres sumisas y domesticadas. Así de claro lo expone
la autora:
Sueñan
con perderse en una calle donde nadie las conozca, donde, convertidas en seres
anónimos, puedan dejar de sentir la servidumbre de unos lazos agobiantes y
caducos. (...)
Es precisamente la puesta en cuestión de las historias de final feliz otra de las características comunes a muchas novelas escritas por mujeres a partir de 1944, que proponen una relación nueva, dolorosa y dinámica de la mujer con el medio en que se desarrolla su formación como individuo. (...)
La
“chica rara”, cuyo reinado inauguró la heroína de Carmen Laforet, no sólo
rechazaba la retórica utilización de “sus labores” predicada por la Sección
Femenina, sino que empezaba a convivir con una idea inquietante, difícil de
encajar y de la que cada cual se defendía como podía: la de que no existe el
amor de novela rosa. (Martín Gaite, 1987)
- MARTÍN GAITE, Carmen, Desde la
ventana (Enfoque femenino de la literatura española) Prólogo de Emma
Martorell. Espasa Calpe, 1987.
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