En el centenario de Carmen Martín Gaite III

 


El cuarto de atrás, o una metáfora de la escritura

 

El Teatro de La Abadía rinde esta temporada homenaje a la narrativa de Carmen Martín Gaite para celebrar el centenario del nacimiento de la autora. Primero fue la puesta en escena de Caperucita en Manhattan, con adaptación y dirección de Lucía Miranda, y ahora La Abadía sube al escenario la novela El cuarto de atrás, con adaptación de María Folguera y dirigida por Rakel Camacho. 


Hoy he asistido como espectadora a la función y en la entrada al patio de butacas, casi en plena oscuridad, me he golpeado en ambas piernas con el canto de la escalera que me lleva a mi butaca, justo la última de la última fila. Alguien me ha ayudado a ponerme en pie. El dolor en la parte alta del tobillo izquierdo me ha parecido una metáfora de la necesidad de estar alerta ante la trampa de la memoria. Me ha gustado la adaptación, muy fiel al texto original, en especial algunas reflexiones sobre el paso del tiempo y la imagen que evoca la autora alrededor de juego del escondite inglés:

“El tiempo transcurre a hurtadillas, disimulando, no le vemos andar. Pero de pronto volvemos la cabeza y encontramos imágenes que se han desplazado a nuestras espaldas, fotos fijas, sin referencia de fecha, como las figuras de los niños del escondite inglés, a los que nunca se pillaba en movimiento. Por eso es tan difícil luego ordenar la memoria, entender lo que estaba antes y lo que estaba después.” (Martín Gaite, C, El cuarto de atrás)                                                                              

Durante el viaje de regreso a Barcelona he releído el libro. Me ha sugerido muchos recuerdos de la infancia (los cuadernos, los escondites) y he comprendido que el tiempo, en efecto, pasa con sigilo, y sin darnos cuenta nos desordena todos los recuerdos y nos falsea los datos de la memoria cuando no los hace desaparecer con la complicidad del olvido. La novela es un intento de reconstrucción de la memoria a partir de lo fragmentario, lo desordenado y lo olvidadizo del paso del tiempo.

En El cuarto de atrás la autora es protagonista y narradora a la vez, C., y en un ejercicio de metaliteratura, los lectores asistimos al proceso creativo, en una noche de insomnio, de la propia novela que estamos leyendo. Recuerdo entonces el libro que tengo en casa, De viva voz. Conferencias (Edición de José Teruel, publicado por la editorial Siruela en 2023, que recoge la conferencia que Carmen Martín Gaite pronunció en 1990 en el Instituto Español de Cultura de Múnich y que lleva por título: Reflexiones sobre mi obra. La escritora dedica unas cuantas líneas a algunos títulos publicados hasta 1985; entre ellos: El balneario (1954), Entre visillos (1958), Ritmo lento (1963), Retahílas (1974), Fragmentos de interior (1976), o El cuarto de atrás (1978).

Es interesante profundizar en las líneas que traza la propia autora en relación con su novela, doce años después de su publicación. En su “reflexión” sobre El cuarto de atrás, Martín Gaite desentraña en unos pocos párrafos las claves de aquella novela y apunta que “pertenece claramente al género narrativo que Todorov llama étrange, más que al fantástico.” Es muy significativa, por lo tanto, la alusión en la novela al clásico de Tzvetan Todorov, Introducción a la literatura fantástica (1970), libro que la narradora de El cuarto de atrás hojea justo antes de dormirse. Se trata de un autor para quien lo fantástico implica la existencia de un acontecimiento extraño, imposible de explicar por las leyes del mundo que conocemos y que provoca la vacilación, la duda, tanto en el lector como en el personaje. Carmen Martín Gaite lo advierte al inscribir los acontecimientos de su narración en el “reino de lo posible” por más que nos dejen “una sensación de extrañeza e irrealidad.”

La autora destaca el título de la novela como la enunciación de un espacio físico concreto, que se escinde en tres: un cuarto de atrás (cuarto de juegos de la infancia), el real; también está el espacio evocado o recordado (el lugar prohibido, el lugar de la memoria y los recuerdos), y por último, el espacio imaginado (o soñado) y su relación con la realidad. Todos estos planos espaciales quedan bastante bien reflejados en el decorado de la adaptación teatral de la novela, en una casa en forma de cubo con distintos niveles de altura. Los límites se difuminan para albergar los recuerdos de infancia, los sueños, los juegos, la creación literaria y una situación comunicativa inspiradora.

La escritora reflexiona además sobre la identidad del hombre misterioso vestido de negro que se presenta en plena noche, también sobre los aspectos formales como la alternancia entre diálogo y monólogo interior, o del halo surrealista que se desprende de la obra. Pero Carmen Martín Gaite pone el foco en la figura del interlocutor, del que destaca: “Pero lo cierto es que escucha de una manera muy estimulante. Esa es su característica más distintiva.”

 

“Se trata del interlocutor inventado o soñado y la protagonista es consciente de que su presencia está condicionada por el propio relato: Si me callo se irá.”

            De la necesidad de interlocutor Martín Gaite escribió muchas veces en su amplia producción ensayística, de entre la que destacamos: La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas (1974), El cuento de nunca acabar (notas sobre la narración, el amor y la mentira) (1983), o Desde la ventana: enfoque femenino de la literatura española (1987).

“En un conjunto, El cuarto de atrás puede ser considerado como una metáfora de la escritura literaria entendida como comunicación. El escritor, o en este caso la escritora, se convierte en personaje. El producto literario de su conversación con el hombre de negro tiene una carga mágica claramente vinculada a la presencia de este desconcertante interlocutor.” (Martín Gaite: 74)

 


       MARTÍN GAITE, Carmen, De viva voz. Conferencias. Edición de José Teruel. Editorial Siruela. 2023.




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