martes, 6 de junio de 2017

Roberto Bolaño. Los detectives salvajes.

Los detectives salvajes (1998)
de Roberto Bolaño

Novelas del siglo XXI
CCCB

Esta fue una novela sorprendente, original, ambiciosa. Así empieza su ponencia Ignacio Echevarría, quien se descubre además como el primer reseñista de Los detectives salvajes (1998). Supuso la consagración definitiva de Roberto Bolaño (1953-2003), un escritor que rompe el paradigma de autor hispanoamericano. Llega a Barcelona en el año 1976. Fue un tipo solitario, instalado en la costa catalana (Blanes). Un autor chileno que vivió en México, con una trayectoria errática y nómada. Paradigma de escritor que vive su condición de exiliado del cono sur americano. Un escritor extraterritorial.

    De poeta hace el paso a novelista, narrador y a partir de la publicación casi simultánea de La literatura nazi en América y Estrella distante, en 1996, obras que le dan una primera visibilidad, pasó a ocupar una posición muy destacada en el panorama de la narrativa latinoamericana. Emerge entonces un escritor de gran profundidad y gran caudal. En 1998 gana el Premio Herralde de Novela con Los detectives salvajes.
Bolaño escribe en un castellano ecléctico, una lengua que ha pasado por tres países y suena a muchas cosas. Es un nuevo idioma, también extraterritorial. Su prosa tiene un encanto extraño, es una literatura que cautiva sobre todo a los lectores jóvenes. Se habla de magia en la velocidad de su escritura, que incorpora referencias culturales que conectan con el público joven. En 2006 se publicaron en Estados Unidos las dos novelas simultáneamente, Los detectives salvajes y 2666 y la crítica se rindió por completo a Bolaño, quien se convirtió en escritor de culto y se creó el llamado “efecto Bolaño”.

    Aparece un tema recurrente en su obra, el del ocaso de las vanguardias, la pérdida del lugar que ocupaba la literatura en la cultura occidental. Se concreta en el escritor perdido, al que hay que localizar. Bolaño tematiza la condición elegíaca con la que hoy vivimos la cultura literaria. Es como salvar la intensidad que puede procurar la cultura literaria, la poesía ante todo. El tema de Los detectives salvajes es el intento de salvar el espíritu de la literatura como experiencia total.
    La novela es el diario del joven poeta García Madero en sus años de juventud. Narra una vida que recrea perfectamente la intensidad de las lecturas juveniles del propio Bolaño. Es la época de todos los deslumbramientos. A los 22 años, Roberto Bolaño formaba parte de la vanguardia infrarrealista, junto a Mario Santiago, Bruno Montané y otros poetas que, años después, aparecen transfigurados como "visceral realistas" en esta novela.

Arturo Belano (alter ego de Bolaño) y Ulises Lima (es Mario Santiago) son poetas que indagan para encontrar a Cesárea Tinajero, predecesora del realismo visceral. García Madero vive fascinado entre poetas a los que venera y se siente uno de ellos de repente. Pero no escriben, no publican, no aparece obra alguna. Es un relato de poetas, de poesía y, sin embargo no hay textos, no hay poesía. Se construye sobre una ausencia: ausencia de obra. La novela consigue regenerar el movimiento del infrarrealismo y a sus poetas.
    En la parte central de la novela se interrumpe narración del diario de García Madero y se abre una grieta de voces en monólogo que dan a conocer el destino de los personajes que giraban a su alrededor. Se cuenta la derrota y el exilio de toda una generación, la del propio Bolaño. Son más de cincuenta monólogos que aportan datos sobre el devenir de todos ellos. Todos se identifican por su nombre, sus relatos, su manera de hablar y las referencias culturales. Bolaño cuenta su propia experiencia como poeta vanguardista. 

    Los detectives salvajes es un libro extrañamente testimonial. Se cuenta lo que quiso ser Bolaño como escritor y como poeta. Vivió la literatura como una forma de vida, como algo que ordena la existencia. En el tránsito de poeta a novelista hay una derrota, hay una abdicación. Con el tema recurrente del escritor perdido, Bolaño mitifica la experiencia literaria.

Juan Villoro escribió sobre la novela en julio de 1999:
"Los detectives salvajes recupera un país único y espectral. En este sentido, estamos ante una de las más brillantes novelas mexicanas. Poco importa que alguno de nuestros presuntos paisanos diga "atasco'' por "embotellamiento'' o "guardabarros'' en vez de "salpicadera''. A la distancia, Bolaño atesoró una patria memoriosa hasta convertirla en atributo de su imaginación. El resultado: un paisaje preciso y enrarecido, la descolocada veracidad de la ficción."