martes, 4 de abril de 2017

Juan Marsé y el realismo social


Juan Marsé y el realismo social

Narrador, fabulista y testimonio

Desde la publicación en el año 1965 de Últimas tardes con Teresa, Juan Marsé se convirtió en destacado novelista de su generación. Fue el creador del mito del Pijoaparte y de la Barcelona literaria de posguerra, uno de los espacios imaginativos más perdurables de la literatura española. Marsé es el gran narrador de los derrotados, el fabulista de la memoria estafada, el testimonio de la corrupción moral del franquismo.

Ignacio Echevarría, editor y crítico,
ha publicado las antologías ensayísticas de Juan Benet y Rafael Sánchez Ferlosio.
Actualmente escribe en Revista de Libros y El Cultural.





Parece que de nuevo la literatura española ha regresado al cauce que le es más propio desde la picaresca. Cierto, en estos días se presenta la nueva novela de Ignacio Martínez de Pisón, Derecho natural, autor que se define como un narrador realista. Cabe mencionar aquí a otros autores como Fernando Aramburu, Rafael Chirbes, Almudena Grandes, Javier Cercas, y otros muchos.
Pero “los realismos” practicados en España en los años 50 / 60 tuvieron que pasar por la crítica y la condena de este tipo de literatura. Y es que en contraste con la narrativa hispanoamericana de entonces, el panorama en España era gris, sometida al régimen dictatorial y empobrecida en lo material y en lo cultural. El propio Juan Benet, muy influyente en generaciones posteriores, fue el principal artífice del discurso condenatorio del Realismo español. Hizo una lectura muy severa de la tradición literaria española y recibió con admiración las propuestas de renovación de autores como Carpentier, Rulfo, Vargas Llosa o García Márquez.
A partir de 1975, tras la muerte de Franco, la situación de la narrativa en España hasta los años 90 es de condena general al realismo como práctica ya superada. Es a partir de 1992, cuando empieza a resurgir del olvido y el silencio ese tipo de literatura. Manolo Vázquez Montalbán habla de la necesidad de recuperar a los escritores de los años 50, habla de “recuperar la memoria personal y colectiva”.
Para la mayor parte de los escritores de aquellos años, el realismo era considerado como vanguardia, por cuanto constituyó una opción ética y estética, como refutación del franquismo y del capitalismo. Venía a cuestionar la pantalla retórica del régimen que ocultaba las zonas de miseria, tristeza y depresión. Cela, Laforet y Delibes se asocian a un lento resurgir. En paralelo cabe señalar la influencia del neorrealismo italiano, en cine y literatura; y del realismo norteamericano.
      Es más pertinente hablar de “realismos” en los años 50, ya que hablamos de dos núcleos: Madrid y Barcelona. Y en cada ciudad se dan, a su vez, dos estilos: uno más propio de intelectuales, jóvenes universitarios y cultos (En Madrid: Benet, Aldecoa, Martín Gaite, Sánchez Ferlosio,..y en Barcelona: Goytisolo, Laforet, Castellet, Gil de Biedma,..) y los que provenían de entornos humildes, llamados “los de la berza”, de militancia política (En Madrid: Ferres, Zúñiga, López Salinas, Pacheco,..y en Barcelona, Francisco Candel).
         Juan García Hortelano fue el creador del eufemismo “realismo social”, que pronto se identificó con el realismo socialista, de objetivos políticos. Luego se abrió paso un “realismo crítico”, de denuncia, que retrataba al mundo indolente y sin valores de la burguesía. Y en paralelo prosperó un objetivismo de carácter más formal, con El Jarama (1956) de Rafael Sánchez Ferlosio, que fue un puro experimento lingüístico para la representación rigurosa del habla de la pequeña burguesía de la época.
       Por aquellos años, Carlos Barral viajaba a Madrid a la búsqueda de escritores realistas en la modalidad de literatura comprometida, de origen obrero y humilde. Este episodio lo cuenta él mismo en sus memorias. Fue un momento de encuentro entre las dos ciudades, gracias a la amistad entre García Hortelano y Barral.

JUAN MARSÉ 
(Barcelona, 1933)

Fue el escritor de origen humilde y autodidacta que respondía a la demanda de los editores. Su primera novela, Encadenados con un solo juguete, describe la vida de una pareja adolescente que pasea por los barrios de su infancia en Barcelona. Se aproximaba ya al realismo crítico, aunque para el rigor de los manuales, Marsé es un caso atípico. Es considerado el mejor narrador, en el sentido de contador de historias, del panorama literario español. Domina un mundo imaginario propio al que sabe volver y recrear.

      Cuando publica Últimas tardes con Teresa, en 1966, ya se había producido un punto de inflexión en la evolución narrativa. El paradigma realista había sido trastocado con Tiempo de silencio (1962) de Martín-Santos, que introdujo las técnicas de la novela moderna. Juan Marsé es un ejemplo de cómo los realistas españoles supieron renovarse a lo largo de los años.

     La clave de Marsé es que la realidad que recrea no está retratada con voluntad de denuncia ni de militancia estética, pero la imagen de la ciudad que aparece está pasada por el tamiz del desencanto y de la desilusión. Llega al realismo desde la huída de la realidad que supone el cine y la literatura popular. En los “aventis” hay una fuga a través de la imaginación. Si te dicen que caí (1973) es el centro de gravedad de todo su mundo narrativo. El propio Marsé dijo haberla escrito pensando “en los furiosos muchachos de la posguerra que compartieron conmigo las calles leprosas y los juegos atroces, el miedo, el hambre y el frío”. Pensando, añadía, en “cierto compromiso contraído conmigo mismo, con mi propia niñez y adolescencia, y en nada más”.
     
 Marsé ha sido el paisajista moral de la sociedad de la Barcelona de la burguesía, el creador de un arquetipo literario (el "Pijoaparte"). Ha sabido evolucionar a lo largo de los años, y ha renovado su compromiso, porque una y otra vez vuelve sobre los escenarios, los personajes y los motivos que habitan su obra.