domingo, 23 de abril de 2017

Jean Echenoz, Al piano

Jean Echenoz
Al piano (2004)

Novelas del siglo XXI
CCCB



Mar García, profesora de literatura francesa en la Universidad Autónoma de Barcelona, nos presenta Al piano, de Jean Echenoz (Orange, 1947), uno de los autores de referencia de la actual narrativa francesa. Se pregunta si estamos ante un escritor posmoderno, y apunta que es un autor de prestigio al que no le gustan las etiquetas. Forma parte de la generación de los 80, que ha superado ya la etapa de la anti-novela, aunque bordea y casi traspasa las reglas establecidas de la verosimilitud novelesca. Es una escritura lúdica, pesimista, hipertextual, pero que avisa de que no es verdad, porque la verdad no existe. Es el autor de la inquietud, una suerte de pesadumbre. El infierno es para él la inquietud que provoca pensar que no se puede acceder al otro. Los personajes están separados por un cristal simbólico.
Jean Echenoz nos ofrece en Al piano una historia magistralmente narrada en tres partes. Renuncia a la estructura lineal, al relato de causa-consecuencia; pero no renuncia a explicar una historia. Introduce elementos ajenos a la intriga. Deforma todos los componentes de la novela, pero ahí están. Hace cómplice al lector cuando el narrador confiesa ya en la primera página que el protagonista:
Morirá violentamente dentro de veintidós días pero, como no lo sabe, el miedo no le viene de ahí.”
No es tan importante esta anticipación de la trama como el descripción de la escena de su muerte unas páginas más adelante. Tras asistir a un acto benéfico, de vuelta a casa, Max es apuñalado hasta la muerte por unos ladrones en plena calle. La escena es delirante, llena de humor y detalles intrascendentes, pero muy técnicos, que sí se corresponden con el talante del protagonista, como la decisión de no poner resistencia y sentir el estilete cortarle la médula espinal. Habla de “resignación casi confortable”. Utiliza un humor ácido, discreto, y se da una inadecuación intencionada del léxico con la situación. No hay testigos excepto el perro de su vecina que observa la escena desde la planta cuarta del número 55.
Y es que Max Delmarc, célebre pianista que siente pánico a actuar en público, al comienzo de la narración sale de su casa de París dispuesto a enfrentarse a un concierto. Experimenta la ansiedad previa y la tentación de beber. Estos ataques han ido aumentando con el tiempo, a lo largo de su vida, a medida que se ha ido presentando ante el público. El pianista protagonista seduce a través de la música, pero no a través de su persona. Aparece la metáfora del piano como una fiera a la que doma:

Allí estaba, el terrible Steinway, con su amplio teclado blanco dispuesto a devorarte, esa monstruosa dentadura, que va a triturarte con su marfil y su esmalte, te espera para despedazarte.”

Jean Echenoz utiliza un narrador cómplice del lector para contar esta historia. Se trata de un narrador autoconsciente, que disfruta contemplándose mover los hilos de su propio relato (Javier Aparicio Maydeu). Eso le permite establecer a la vez una distancia entre crítica e irónica. Insiste en que no habrá más indicios.
A ustedes en cambio los conozco y sé perfectamente lo que piensan”, 
apunta en la presentación de su compañera de casa, Alice, de la que pensamos que es su pareja hasta que descubrimos que se trata de su hermana. 
“No hay ninguna (mujer) más, hacían ustedes mal en preocuparse, prosigamos.”
Siempre está presente el recuerdo de Rose, su amor perdido, una compañera del conservatorio en la que todavía piensa treinta años después. Rose es un recuerdo y un ejercicio, casi un ritual. Sueña con ella como compensación de la pobreza afectiva en su vida adulta.

Podemos hallar piezas sueltas del mito de Orfeo. Hay tres componentes del relato relacionados con Orfeo: la música, un amor perdido y el infierno. Max es un Orfeo muy particular, más burlesco que heroico, más digno de lástima que de admiración. Tiene una alta aptitud técnica pero es un inepto en todo lo demás.