martes, 11 de abril de 2017

David Foster Wallace, El rey pálido

DFW
El rey pálido (2011)
Novelas del siglo XXI
CCCB


Confiesa Sam Abrams, con su tono pausado y melódico, que comentar esta novela le supone un gran reto. Y es que estamos ante la obra póstuma e inacabada de David Foster Wallace. Para Eduardo Lago, El rey pálido “es una parábola escalofriante del capitalismo tardío en la era de la información. Con ecos de Pynchon y Bartleby, Wallace revive desde el futuro el terror vislumbrado por Melville.” Y Abrams no duda ni un segundo en calificarla como una obra de arte.
Pero lo del reto pasa por la necesidad de deshacer los mitos que se han construido alrededor de la figura de David Foster Wallace (1962-2008) y que han ayudado a levantar una verdadera industria editorial sobre su obra y su vida. El primero de los mitos es su propia muerte, con la aureola póstuma que rodea el suicidio del autor, víctima de una depresión crónica. La segunda idea preconcebida sobre DFW es la etiqueta de autor posmoderno que se le atribuye. Es considerado uno de los autores más emblemáticos de esta estética de fin de siglo XX, la posmodernidad. Señala Sam Abrams, muy acertadamente, que es preciso separar todo esto de los textos “para ver claro”.
La obra de D. F. Wallace abarca la narrativa, con títulos como el que nos ocupa o la anterior (también calificada de obra maestra), La broma infinita (1996), o sus colecciones de relatos, microcuentos, o novela breve. Pero además cultivó el ensayo, fruto de su brillante carrera intelectual desde sus tiempos de estudiante de filosofía pura. Su formación aúna una doble tradición: el pensamiento y la literatura. Pensaba que la segunda había tomado el relevo a la Filosofía en la voluntad de mirar y ordenar la vida y la realidad.
Para el escritor, la ficción trata de cómo el ser humano puede llevar una vida digna. Son valores morales. La literatura nos ayuda a estar menos solos por dentro. Es un ejercicio humano que consiste en cómo cada uno de nosotros gestiona toda su vida, y esto va contra la estética posmoderna que entiende la literatura como puro juego.
La broma infinita (1996) habla de la cultura de la distracción, como vorágine que nos aparta de la vida y nos narcotiza. El punto de partida en DFW es siempre la realidad observable. En El rey pálido opta por una mayor contención. Es más serena, menos opaca, más directa. El título hace referencia al mote de uno de los jefes de la oficina de Hacienda. El punto de vista narrativo se sitúa en una especie de doble del mismo autor, que finge escribir unas falsas memorias, una mirada al pasado porque se ha producido una fractura en su vida profesional. Es un autorretrato irónico de un escritor que acaba en esa oficina por falta de talento. Es una sociedad sumida en la monotonía y en el aburrimiento. El neoliberalismo se impone y la tónica es la opacidad. El marco ideal es aquí la oficina de de la hacienda pública, con personajes que se mueven por su interior de entramados. Es una novela llena de meandros para romper la idea de aburrimiento y de tedio. Así, aparecen numerosas historias adyacentes, secuencias independientes (como la del niño que se besa todas las partes del cuerpo), y otras que forman parte de un todo. La novela no acaba nunca, porque Wallace huye siempre de los finales redondos o forzosos que se apartan de la realidad.

        En cuanto al estilo, estamos frente a una novela intencionadamente aburrida. El lector debe experimentar esa sensación por voluntad estética. Es una obra maximalista, compleja, muy detallista, con un desorden estructural intencionado (el prefacio aparece en el capítulo 9), una novela de observación, analítica, emocional, culturalista. La narración se detiene a veces para explicar detalles. Un prodigio formal.


      Se acaba la lección y los asuntos de los que hablamos se nos desbordan por estos límites. El rey pálido habla del efecto de la aceleración de la vida, de la robotización, de la vida frenética, del tedio, el aburrimiento; habla sobre los efectos de la concentración absoluta; sobre la condición humana y la propia, sobre el momento vital de cada minuto y la necesidad de tomar conciencia; trata del dolor humano en su doble versión: el dolor apreciable y el dolor psíquico, individual, profundo e interno...