domingo, 8 de octubre de 2017

Leer o morir


Cada inicio de curso, al presentar las lecturas al alumnado de Bachillerato, lo hacemos con sumo tacto para no asustar su sensibilidad de jóvenes indolentes y despertar en ellos cierta curiosidad. ¿Qué sentido tiene estudiar Literatura en en siglo XXI? ¿Qué finalidad? ¿Qué es un clásico? y sobre todo, ¿Por qué tenemos que leer a los clásicos? Son preguntas interesantes que merecen una reflexión previa en el inicio de un curso de Literatura en el que habremos de convivir con Cervantes, con los poetas del siglo de Oro, o con la propia condesa Pardo Bazán y sus Pazos de Ulloa.

Es muy difícil llevar a la práctica de manera eficaz el propósito de fomentar la lectura y la escritura desde el aula. Tenemos que leer seis obras, seis clásicos de la literatura, que abarcan desde el Renacimiento hasta nuestros días. “Tenemos que” es una perífrasis verbal de obligación. Y, no vale engañarse, la obligación contiene semas que se oponen a la creatividad, al placer de leer, al puro deleite gratuito de lo estético. No hay más opción que leer o morir. Hemos de intentarlo. Si abordamos las lecturas desde la propia vida, desde el intento de conocernos a nosotros y a los otros, de leernos a nosotros mismos y a los demás, entonces empezarán las preguntas y algunas respuestas.

Recuerdo aquí la cita de Marcel Proust. “Solo mediante el arte podemos salir de nosotros mismos, saber lo que el otro ve desde ese universo que no es el mismo que el nuestro, y cuyos paisajes nos serían tan desconocidos como los que pueda haber en la luna”.
(Aparte) * Llevarles hacia un breve coloquio sobre la finalidad del arte. Siempre funciona.

¿Por qué habéis elegido esta materia en vuestro último año de Bachillerato? Seguramente por motivos prácticos. Parece más fácil. Habrá que leer y no tanto estudiar o memorizar. Está todo en internet. Los comentarios de texto se pueden copiar. Buscas los resúmenes y ya te sabes el argumento, los personajes,... Luego está el tópico del aburrimiento, de la pereza, leer requiere detener el tiempo que nos rodea, momentos de quietud y soledad. Quizá también de huída, o tal vez de refugio. Y hoy tenemos al alcance muchos medios para evadirnos, para no pensar, para no concentrarnos, para no detener el tiempo.

Empecemos por el principio, ¿Qué es la lectura?

La lectura es un proceso para la interpretación de signos gráficos por medio de recreaciones mentales que permiten ver lo que no está presente. Esto es, leer es imaginar una realidad. La lectura despliega de inmediato su capacidad transformadora y convierte un mero objeto-libro en un mundo, en un relato. Si realmente entramos en un libro, una historia, lo hacemos con la imaginación. Se produce un desplazamiento de realidad.
“Ver lo que no está presente” (sí, pero en interpretación subjetiva, individual) es todo un reto y un descubrimiento que siempre suma. Otros medios nos lo ofrecen ya cocinado, sin necesidad de imaginarlo, de recrearlo. La capacidad de imaginar no es una condición natural del ser humano, sino que necesita de ser ejercitada. Si no adiestramos a nuestro cerebro en la costumbre de leer, se pierde interés y la lectura se vuelve una tarea cansada y sin sentido, quizá porque ya hemos perdido la capacidad de relacionar las ideas impresas con nuestra vida diaria. Curiosamente, cuando leemos en clase, o para la clase, el proceso no acaba en cada uno de nosotros, sino que se extiende al comentario de lo leído. Así, obtenemos algunas respuestas y muchas preguntas.

LEER para absorber, asimilar, emocionarnos, pensar, razonar las contradicciones, defendernos, estimular el espíritu crítico, hacernos preguntas, cultivar nuestro sistema de creencias, dotarnos de estrategias frente al intento de manipulación, adentrarnos en la condición humana. La lectura como refugio, como abono de los sueños.


LOS CLÁSICOS
Desde tiempos muy antiguos viene la idea del canon de aquellas obras dignas de imitación, que comportan un valor permanente, perdurable en el tiempo y en la memoria. Más cercanas son las definiciones de Italo Calvino en Por qué leer a los clásicos, (Siruela) como aquella de que los clásicos son en realidad relecturas, o la que afirma que un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
Clásico es todo libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes”.

Y al fin, hundidos por completo en el juego de las definiciones de clásico, volvemos a Italo Calvino para pensarlo: «Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir “Estoy releyendo…” y nunca “Estoy leyendo…”».

     Para cerrar el círculo recordamos que un clásico es un libro que se presta a incesantes revisiones e interpretaciones; nos permite una indagación en el conocimiento del ser humano, no caduca, es moderno; es un libro, en palabras del propio Calvino, que nunca termina de decir lo que tiene que decir, de ahí que su potencial recorrido se antoje infinito. «Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él».

http://www.siruela.com/archivos/fragmentos/Leerclasicos.pdf
Por qué leer los clásicos. Italo Calvino 

martes, 12 de septiembre de 2017

"En memoria de Paulina". Un cuento de Bioy Casares




“En memoria de Paulina”
Adolfo Bioy Casares (1914-1999)


El cuento pertenece a la colección de seis relatos fantásticos que componen el libro La trama celeste (1948). En la introducción, Pedro Luis Barcia apunta que los seis narradores escriben “en situaciones extremas, en límites de avasalladora desilusión”. Me parece un nexo de unión muy interesante por cuanto Bioy Casares es un maestro de los juegos de apariencia y realidad.
Sus cuentos fantásticos tienen una realidad alterna donde aparece el ámbito de lo cotidiano. Pero es que además, en el texto que nos ocupa, “En memoria de Paulina”, los dos personajes masculinos son escritores. Siento verdadera atracción por los los relatos donde, de algún modo, aparece la literatura urdiendo tramas sobre sí misma. También me gusta escribirlos.

En memoria de Paulina” es, en apariencia, una historia de amor. El tono del narrador es sentimental e idealizador de la amada. Es un relato que pone en contacto con una historia de doble fondo, porque de forma soterrada pero triunfal aparece la historia de una rivalidad, de celos.

El título nos evoca la frase latina In memoriam, por lo que nos acerca a la idea de muerte y también de homenaje al respecto de Paulina, la protagonista femenina. Así, tenemos un triángulo amoroso con la heroína situada entre dos hombres muy antagónicos. Pero los dos son escritores. Del narrador, no conocemos el nombre, y tiene “un prestigio literario tempranamente alcanzado y perdido”. Julio Montero presenta el argumento de uno de sus cuentos, donde el personaje inventa una máquina para preservar el alma más allá de la muerte.

Cuando sobreviene la ruptura, el protagonista sigue peleando por encontrar la verdad en su ficción, ya sea aceptando su beca para viajar a Londres e intentar olvidar a Paulina, o bien, a su regreso, creyendo que Paulina vino a visitarlo desengañada del amor de Montero.

A pesar de la consumada muerte de Paulina el protagonista intenta reconstruir su ficción nuevamente:
Volvió desde la muerte, para completar su destino, nuestro destino”
Paulina me había perdonado. Nunca nos habíamos querido tanto. Nunca estuvimos tan cerca”
El protagonista insiste en ver la verdad en su fantasía:
Murió sabiendo que el matrimonio con Montero había sido una equivocación, [...] y que nosotros éramos la verdad.”

La verdad triunfa frente a la construcción fantasiosa del protagonista de no aceptar la verdad que aclara los hechos y confirman que Paulina nunca lo amó:
Por desgracia cuando surge la verdad, mi horrible explicación aclara los hechos que parecían misteriosos. Estos por su parte la confirman.”

Algunos rasgos de estilo:
Comienza con un recurso que le gusta a Bioy, la enumeración heteróclita, de cosas que no tienen una serie, los objetos no tienen relación. El narrador describe a Paulina por lo que le gusta:
Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos.
Y en esas preferencias se identifica por completo el narrador. Toda definición personal resultaría caprichosa. Es una constelación más o menos romántica.
El narrador se define por sus defectos: “como el refugio en donde me libraría de mis defectos naturales, de la torpeza, de la negligencia, de la vanidad.”

También aparecen relaciones contradictorias entre sustantivos y adjetivos: “privaciones casi dulces”, “horrible paraíso de caramelo”.
Aparecen algunos símbolos, como la estatuilla del caballo como símbolo de la pasión: Paulina puso el caballito en un estante de la biblioteca y exclamó: Es hermoso como la primera pasión de una vida.”

Juego intertextual: Paulina quiere recordar un poema en inglés de Robert Browning en que “un hombre se aleja tanto de una mujer que ya no la saluda cuando la encuentra en el cielo”.
El narrador no logra encontrar los versos en su edición de Oxford y apunta: “estaba singularmente ofuscado y me pregunté si la imposibilidad de encontrar el poema no entrañaba un presagio”. Lo era.

Destacan las escenas secundarias, de realismo detallista bien colocado para volver creíble una historia, aportan un grado de concreción, un brote de la realidad anclado.
El narrador lo cuenta todo, nos sorprende con la explicación. Se empeña en no aceptar la realidad en un principio, cuando detalla con seguridad sus proyectos de vida compartida con Paulina. Introduce interpretaciones que sorprenden.
Este cuento reflexiona sobre la inmortalidad, igual que La invención de Morel. La clave radica en la materialización de un conjunto de imágenes generadas aquí por el odio y los celos, que se imponen sobre la realidad del mundo.

La trama que se desnuda inquieta más que la incertidumbre desde la que se narra. Se contraponen el asombro y el sentido, la necesidad de resolver un misterio o no.
Pasen, y lean.

martes, 5 de septiembre de 2017

Franz Kafka y su editor



Kurt Wolff
Autores, libros, aventuras.
Observaciones y recuerdos de un editor, seguidos de la correspondencia del autor con Franz Kafka.
Traducción de Isabel García Adánez
Editorial Acantilado

ISBN:978-84-92649-36-5






“¡Eso de ninguna manera, por favor! (...) El insecto en sí no debe ser dibujado.”

Con estas ilustrativas palabras se dirige FranK Kafka a su primer editor, un joven Kurt Wolff, entusiasmado por la calidad de sus manuscritos. En carta de octubre de 1915, y relativa a la portada de La Metamorfosis, en la que pretendía la editorial dibujar un insecto, Kafka se niega a que aparezca la imagen del insecto y sugiere que se muestre a los padres y la hermana “en la estancia iluminada mientras se ve la puerta abierta que da al cuarto vecino, completamente a oscuras”.
En otras cartas Kafka confiesa que nunca podrá vivir de sus escritos y que la inseguridad es un motivo de angustia “para el funcionario que reside en lo más hondo de mi ser”.

Este volumen nos permite asomarnos a la correspondencia que ambos mantienen en sus inicios. Son, en efecto, el entusiasmo y el buen gusto las dos condiciones previas para la edición, según Kurt Wolff, editor y bibliófilo alemán (1887-1963), fundador de las célebres colecciones Der Jüngste Tag (El día del Juicio) y Der neve Roman (La nueva novela), donde publica a los principales autores del expresionismo europeo, en catálogos de una calidad literaria excepcional. Este libro contiene un conjunto de recuerdos, anécdotas y reflexiones de alto valor histórico y literario en el que se muestra una relación editor / autor basada en la confianza, una concepción del editor a la antigua, una imagen hoy bastante inusual, identificado con su catálogo y movido por la fascinación que en los lectores tiene la obra literaria de calidad.

Este libro, que es además todo un ejemplo de buen gusto, se convierte en un documento imprescindible, modelo para sellos independientes que, con voluntad creativa, intentan abrirse camino en el mundo de la edición actual.

En portada aparece el logotipo de la editorial Kurt Wolf, que representa la imagen clásica de la loba capitolina con Rómulo y Remo y debajo las iniciales KWV (Kurt Wolf Verlag, la firma editorial hasta 1930).
Centrado destaca el título (en su primera parte) y el autor. En la contracubierta se encuentra el logotipo editorial en rojo (la figura de un saltador) y la nota del editor. La banda superior roja contiene igualmente la colección y el número, con caracteres expandidos en negro sobre fondo rojo. En la solapa aparece una breve información biográfica del autor.
El resultado del diseño es una imagen de seriedad, rigor y también de modernidad para un título de ensayo divulgativo, pero limitado al ámbito del mundo editorial.

Es una edición muy cuidada, con fotografías del autor y del sello de su editorial. Consta de páginas de cortesía en color rojo, portada, foliación inferior y colofón. Ante la diversidad de documentos que aparecen se ha optado por dividir el libro en cuatro partes bien diferenciadas. Se compone de tres artículos o recopilación de opiniones y anécdotas (Libros y aventuras) a los que siguen tres ejemplos de relación con el autor (Autores), una detallada exposición de su trayectoria literaria escrita por Helen Wolff ( Sobre Kurt Wolff ), una selección de libros editados por Wolff y una bibliografía. Cierra el libro la correspondencia del editor con Franz Kafka.

domingo, 6 de agosto de 2017

Perro semihundido. Francisco de Goya


Nunca antes había entrado en el Museo del Prado con la intención de ver un único cuadro. El 5 de noviembre lo hice. Fue durante una visita a Madrid el pasado otoño. Saqué mi entrada y me dirigí directamente al conjunto de pinturas de la Quinta del Sordo, (Pinturas Negras) de Goya. Al final del pasillo central, en la sala 067 de la planta 0. Ahí está expuesto Perro semihundido. Ubicado al final, de frente, aunque podemos ver sus tonos ocres y la cabecita del perro desde el mismo acceso a la sala.

El cuadro ha sido objeto de múltiples estudios y se han propuesto variadas interpretaciones, desde la insignificancia del ser vivo ante el espacio que le rodea, hasta que estemos ante una obra inacabada, pasando por una posible pérdida de elementos presentes en el cuadro antes de su traslado a lienzo. Otros pintores se han sentido atraídos por esta obra y han realizado sus propias versiones del perro. Antonio Saura llegó a calificarlo como “el cuadro más bello del mundo”.

         La ficha técnica recoge las dimensiones de la obra: 131,5 cm de alto x 79,3 cm de ancho; la técnica, óleo sobre revoco trasladado a lienzo; y la fecha de creación, 1820-1823. La escena decoraba una de las paredes laterales en la sala de la planta alta de la Quinta del Sordo, junto con una escena titulada "Dos brujas". En el catálogo del Museo del Prado de 1900 se registró ya con el título de 'Perro semihundido'.
Se trata de una escena en plano vertical. La cabeza se sitúa en un plano oblicuo ascendente, como única materia en un vacío dibujado en polvareda de ocres, de una rara luminosidad. A pesar de la sencillez figurativa y expresiva, es la profundidad de la mirada lo que te atrapa.

Lo había visitado otras muchas veces antes, había tomado algunas notas para la reflexión sobre la composición del cuadro, sobre lo que supone como anticipo del impresionismo o el simbolismo…, pero ese día quería captar la intención de la mirada del perro. Busqué figuras como se buscan en las manchas de los muros, o como en el juego de ver figuras en las nubes. Y encontré en la sombra vertical que se alza frente al perro todo lo que dicen que puede verse: la muerte que se aproxima, la imagen de una roca, la cabeza de un fraile y hasta la cabeza de un caballo. Cualquier opción es válida.

     
El perro mira hacia arriba solo, con ojos suplicantes hacia lo absoluto o hacia un amo que no está. Es una mirada lastimera, triste, de desconsuelo. Todo acaba en una decepción, en un vacío inagotable.

Sin embargo, por un instante el “lector” del cuadro podría percibir curiosidad, inocencia, esperanza incluso. La mirada, hacia arriba, busca la luz.


martes, 25 de julio de 2017

Salir de una frase. El rastro de una cita de Vila-Matas


Sobre Mac y su contratiempo
Mis amigos lectores conocen mi admiración hacia Enrique Vila-Matas. Mis amigos escritores van más allá y leen con talante abnegado mis relatos “metaliterarios”, donde nunca faltan personajes con el atributo “escritor devoto de EVM”. Pero con algunos de ellos comparto admiración hasta el punto que leemos a la vez sus novelas desde hace un tiempo. Tal es así que en marzo acudimos varios a la presentación de Mac y su contratiempo, nos hicimos fotos con el autor y nos llevamos el ejemplar firmado, como no podía ser de otra manera. A los pocos días, uno de mis amigos escritores publicó un post sobre una cita del libro que le había conmovido: “Me fui de tu vida como quien se va de una frase”.

En Mac y su contratiempo, la frase se la escribe en un mail el propio Mac a Peggy, la responsable del horóscopo de su periódico favorito y que resulta ser una amiga de juventud, de un verano en S´Agaró, Juanita Lopesbaño, “y sospecho que no guarda buen recuerdo de mí”, apunta Mac Vives.

El caso es que la cita “Me fui de tu vida como quien se va de una frase” llevó a mi amigo Jorge Gamero a escribir:
“Nota y su contratiempo” Ver aquí un artículo sugerente donde se pregunta por la manera en que uno se va de una frase.

Al releer mis notas sobre la novela me di cuenta de que tenía subrayada la misma cita y apuntada la referencia: (pág. 300) de Una vida absolutamente maravillosa, una antología de los mejores ensayos de Vila-Matas, editada por Andreu Jaume.

Ahí está: El título del ensayo Se escribe para mirar cómo muere una mosca se refiere a una cita de Marguerite Duras, quien en su libro Escribir completa el siguiente párrafo:
“Se escribe sin saberlo. Se escribe para mirar cómo muere una mosca. Tenemos derecho a hacerlo.” Más adelante se hace suya otra cita que también va a aparecer en Mac: “Escribir es inventar saber qué escribiríamos si escribiéramos”. La anécdota parte de la observación por parte de Duras de los últimos minutos de vida de una mosca en el muro de su jardín. La mosca muere a las tres y veinte de la tarde. Ella misma anota la hora de deceso y la cita “La mosca escribe.” Cabe recordar aquí los dos años que el escritor pasó en París en su juventud, entre 1974 y 1976, instalado en una buhardilla de Marguerite Duras. “La conocí pero sin llegar a conocerla”, “No voy nunca a olvidarla, antes me olvidaría de mí”, confiesa en el artículo.
Y ahí, en epígrafe aparte aparece la cita (algo modificada):
Salí de su vida como se sale de una frase


Salí de su vida como se sale de una frase.





Una vez se le preguntó a Vila-Matas, entre un grupo de lectores, por la historia de esta cita y respondió:

De Y Pasavento ya no estaba (2008). Libro de ensayo
Me refiero a la vida de Marguerite Duras. Salí de su vida... Ignoro cómo fue, cómo se originó en mí esta breve frase que explica como me fui de la vida de alguien y al mismo tiempo cómo me voy de la frase misma. Sólo sé que de entre las mías es una de las que más me gustan y lo seguirá siendo mientras sepa salir de ella.”
EVM



martes, 18 de julio de 2017

¿Por qué nos conmueve el estilo de Juan Rulfo?




Este año se celebra el Centenario del nacimiento del escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986), autor de Pedro Páramo (1955) o El Llano en llamas y otros cuentos (1953). El legado es ciertamente muy breve pero ha marcado una influencia de muy largo recorrido en la literatura contemporánea. Así, García Márquez lo tuvo muy presente para la concepción del famoso realismo mágico. Ambos se sintieron atraídos por el estilo y algunos motivos de William Faulkner, como la presencia de la voz de la muerte. Los tres son escritores que construyen su propio marco rural como espacio narrativo: En Comala o Luvina moran o deambulan los personajes de Rulfo, en Macondo los de García Márquez y Yoknapatawpha es el condado ficticio de la obra de Faulkner.

      Pero ¿Qué hay en el estilo de Rulfo que hace que a pesar del paso del tiempo logra conmovernos?
La RAE define “conmover”, del latín conmovēre como 1. tr. Perturbar, inquietar, alterar, mover fuertemente o con eficacia a alguien o algo. U. t. c. prnl. y 2. tr. enternecer (‖ mover a ternura). María Moliner, en su diccionario de uso del español, se extiende algo más y precisa una gama de verbos de proceso como Estremecer, sacudir, causar emoción, causar alteración una escena de ternura. En ambas definiciones hallamos un sema común: la idea de un desplazamiento, aunque no físico, que provoca en nosotros una mudanza de estado.

En el cuento “Luvina”, el parroquiano bebedor describe así la ciudad:

Por cualquier lado que se le mire, Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara. Y usted, si quiere, puede ver esa tristeza a la hora que quiera. El aire que allí sopla la revuelve, pero no se la lleva nunca.

La desolación en paisajes y gentes está muy presente en la obra de Rulfo. En Luvina hay algo que hace que los habitantes no sonrían. Podemos imaginar sus caras “entabladas” para no sonreír, están abocados a la tristeza, al abandono, al vacío. Y en el espacio geográfico, el paisaje también es árido, estéril, seco. En la novela Pedro Páramo, Comala es un personaje más

¿Y por qué se ve esto tan triste?, pregunta el hijo de Pedro Páramo cuando ve Comala por primera vez. Sin embargo, él recuerda la visión de la llanura verde que le describió su madre antes de morir, un Comala idílico que ha desaparecido. Ahora es purgatorio y hasta infierno donde los personajes se mueven como sombras. Por encima de todo, lo que más fuerza tiene es el recuerdo. Preciado va a recordar a Comala, con los ojos de su madre, a revivir un pueblo que ya está muerto. La muerte está aceptada por todos con naturalidad.
El propio narrador muere hacia la mitad de la novela, y se convierte en otra sombra que susurra. La historia iniciada por Juan Preciado continúa en las voces colectivas que diluyen al narrador. Todos quedan atrapados en el limbo a al espera de la redención. El sentimiento de orfandad también nos conmueve, porque está en todos los personajes de la novela.

Los ecos, los murmullos, los diálogos que se abren de repente y se cierran son expresados con una gran naturalidad, con una rara resignación. Las descripciones son fragmentadas y la narración no es lineal. La memoria es un elemento que transforma la realidad. Y el lenguaje es muy poético, da en la esencia de lo que nombra. Por ejemplo, todo apunta a la sequía salvo cuando aparecen las mujeres. Únicamente en los recuerdos de las mujeres sopla un viento oloroso a limones. En la aridez inmensa basta el brote de una hoja o la mención del agua para lograr un efecto estremecedor.

...Y que si yo escuchaba solamente el silencio, era porque aún no estaba acostumbrado al silencio; tal vez porque mi cabeza venía llena de ruidos y de voces.De voces, sí. Y aquí, donde el aire era escaso, se oían mejor. Se quedaban dentro de uno, pesadas. Me acordé de lo que me había dicho mi madre. «Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz». Mi madre... la viva.

domingo, 9 de julio de 2017

Prólogo para una guerra. Iván Repila

Prólogo para una guerra
Iván Repila
Barcelona, 2017
Editorial Seix Barral
Colección Biblioteca Breve
ISBN 978-84-322-2987-9


El estilo como marca








Iván Repila (Bilbao, 1978) elabora en Prólogo para una guerra, su tercera novela, una alegoría sobre la sociedad occidental contemporánea. Una sociedad urbana, habitada por individuos diversos, con intereses y recorridos distintos pero unidos muchas veces por la incomunicación y por el dolor. No aparecen las referencias espacio-tiempo. El espacio narrativo es una ciudad sin nombre, pero fácilmente reconocible como referente de la globalización. No aparece el tiempo histórico en el relato de Emil y el Mudo, pero identificamos los tiempos convulsos de principios del siglo XXI.

    Se narra la trayectoria vital de dos personajes antagónicos pero unidos por el sufrimiento y la búsqueda. Emil Zarco es un arquitecto de prestigio cuya propuesta es seleccionada para el proyecto de urbanizar un barrio periférico en su propia ciudad. De ser considerado entre los colegas como huraño y lunático se convierte en estrella de la arquitectura no sin alguna sensación de euforia y también de vértigo. Él quiere permanecer. En lo personal, su convivencia con Oona se tambalea ante la evidencia de que no pueden tener hijos. Gana la incomunicación y ella un día desaparece. 

     El Mudo es el personaje antagónico. Él quiere desaparecer. Se ha impuesto el silencio para acallar su dolor. Vive con un perro sin nombre y una chica llamada Hache. Representan el otro extremo de la ciudad, donde habitan los desposeídos, los anónimos. Un día el Mudo ve a Oona  “Una mañana la vio”, le recuerda a su mujer y decide seguirla por la ciudad.  

    La narración es bimembre en la forma y en el fondo. Los capítulos de ambas tramas se alternan en una estructura paralelística de doble recorrido, antagónico e inverso. Y al final, nos queda una propuesta de reflexión, una posibilidad de redención de la sociedad. Se deja entrever el triunfo de la capacidad de resistir, de luchar por tiempos menos convulsos.

    Iván Repila ha apostado por una narración alegórica, con un lenguaje cargado de metáforas, con un empeño en la selección léxica, en la búsqueda de la palabra precisa. El resultado es un plus de lenguaje poético, de gran belleza. En algunas páginas se oyen los ecos de la prosa de Jesús Carrasco en su novela Intemperie. 
El anexo de las últimas páginas resulta ser el cuaderno rojo de Emil, un poemario que recoge su intimidad. El lenguaje simbólico pretende explicar lo abstracto, expresar lo conceptual. Y Repila lo viste de metáfora. No es una apuesta fácil en la actualidad, porque un lenguaje excesivamente elaborado puede hacer que el relato pierda naturalidad. Lo cierto es que aquí, el estilo es marca de autor, que usa el lenguaje como herramienta para el conocimiento.

domingo, 2 de julio de 2017

Karl Ove Knausgård en Barcelona


Confieso aquí que el martes, 27 de junio, tuve que decidirme por uno de los eventos literarios que tenían lugar en Barcelona y lo hice por Kanausgård. Y eso a pesar de que Fernández Cubas, Aramburu y el mismo Vila-Matas, entre otros, se citaban en Casa del Llibre para celebrar la Fiesta de Seix Barral esa misma tarde de verano. Sí, me decidí por el más guapo, no lo niego. Caí en los hilos de Karl Ove y me planté en el CCCB con mi entrada en mano y un ejemplar de Tiene que llover, la quinta entrega de Mi lucha. Comprobé que muchísima gente había pensado lo mismo que yo.

    Lo presentó el periodista cultural Antonio Lozano. Destacó la valentía del autor por el alto grado de exposición vital que supone su obra. Pero también habló de la controversia que ha levantado en algunos sectores de la crítica: sobrevalorado para unos, hipnotizador para muchos. Y es que en la sala de conferencias no quedaba hueco para nadie más. “Esta sala llena es una locura para mí”, fueron sus primeras palabras. Todo empezó como un proyecto, hacer una descripción íntima de la propia vida. “Me utilicé a mí mismo” y eligió el lugar más universal, la literatura. Habló de capturar sensaciones, de mostrar su relación con personas muy concretas de su familia. Pero los temas que más me cautivaron fueron el de la timidez, el pudor y el proceso y el sentido de su escritura. Dijo que el pudor o la vergüenza ejercen como mecanismos de represión para uno mismo. “Soy tímido pero cuando escribo, mi obra lo que intenta es huir del pudor”.

Destaca su estilo por una negación absoluta del artificio, como modo de describir el pensamiento. Con gran seguridad afirmó: “No me interesan las palabras”. No hay pues, selección léxica, ni metáforas, ni recursos expresivos más allá de la naturalidad. La voz de la traductora de la conferencia repitió algunas veces la expresión catalana “tal com raja”; esto es, escribir “tal como suena, tal como sale”, sin artificio ni elaboración del lenguaje literario. Escribir es entrar (apunté entre mis notas), adentrarte en ti mismo, hacer una voz y después, cuando lo plasmas, ya no eres tú. Es literatura, y habrá un retorno, va en todas las direcciones.  “La clave está en desaparecer uno mismo y luego que lo que has escrito vuelva a ti; en ese punto uno se hace escritor”.

   “El tema era yo pero cuando escribía de mí mismo, yo desaparecía, perdía la noción de la identidad.” 

martes, 6 de junio de 2017

Roberto Bolaño. Los detectives salvajes.

Los detectives salvajes (1998)
de Roberto Bolaño

Novelas del siglo XXI
CCCB

Esta fue una novela sorprendente, original, ambiciosa. Así empieza su ponencia Ignacio Echevarría, quien se descubre además como el primer reseñista de Los detectives salvajes (1998). Supuso la consagración definitiva de Roberto Bolaño (1953-2003), un escritor que rompe el paradigma de autor hispanoamericano. Llega a Barcelona en el año 1976. Fue un tipo solitario, instalado en la costa catalana (Blanes). Un autor chileno que vivió en México, con una trayectoria errática y nómada. Paradigma de escritor que vive su condición de exiliado del cono sur americano. Un escritor extraterritorial.

    De poeta hace el paso a novelista, narrador y a partir de la publicación casi simultánea de La literatura nazi en América y Estrella distante, en 1996, obras que le dan una primera visibilidad, pasó a ocupar una posición muy destacada en el panorama de la narrativa latinoamericana. Emerge entonces un escritor de gran profundidad y gran caudal. En 1998 gana el Premio Herralde de Novela con Los detectives salvajes.
Bolaño escribe en un castellano ecléctico, una lengua que ha pasado por tres países y suena a muchas cosas. Es un nuevo idioma, también extraterritorial. Su prosa tiene un encanto extraño, es una literatura que cautiva sobre todo a los lectores jóvenes. Se habla de magia en la velocidad de su escritura, que incorpora referencias culturales que conectan con el público joven. En 2006 se publicaron en Estados Unidos las dos novelas simultáneamente, Los detectives salvajes y 2666 y la crítica se rindió por completo a Bolaño, quien se convirtió en escritor de culto y se creó el llamado “efecto Bolaño”.

    Aparece un tema recurrente en su obra, el del ocaso de las vanguardias, la pérdida del lugar que ocupaba la literatura en la cultura occidental. Se concreta en el escritor perdido, al que hay que localizar. Bolaño tematiza la condición elegíaca con la que hoy vivimos la cultura literaria. Es como salvar la intensidad que puede procurar la cultura literaria, la poesía ante todo. El tema de Los detectives salvajes es el intento de salvar el espíritu de la literatura como experiencia total.
    La novela es el diario del joven poeta García Madero en sus años de juventud. Narra una vida que recrea perfectamente la intensidad de las lecturas juveniles del propio Bolaño. Es la época de todos los deslumbramientos. A los 22 años, Roberto Bolaño formaba parte de la vanguardia infrarrealista, junto a Mario Santiago, Bruno Montané y otros poetas que, años después, aparecen transfigurados como "visceral realistas" en esta novela.

Arturo Belano (alter ego de Bolaño) y Ulises Lima (es Mario Santiago) son poetas que indagan para encontrar a Cesárea Tinajero, predecesora del realismo visceral. García Madero vive fascinado entre poetas a los que venera y se siente uno de ellos de repente. Pero no escriben, no publican, no aparece obra alguna. Es un relato de poetas, de poesía y, sin embargo no hay textos, no hay poesía. Se construye sobre una ausencia: ausencia de obra. La novela consigue regenerar el movimiento del infrarrealismo y a sus poetas.
    En la parte central de la novela se interrumpe narración del diario de García Madero y se abre una grieta de voces en monólogo que dan a conocer el destino de los personajes que giraban a su alrededor. Se cuenta la derrota y el exilio de toda una generación, la del propio Bolaño. Son más de cincuenta monólogos que aportan datos sobre el devenir de todos ellos. Todos se identifican por su nombre, sus relatos, su manera de hablar y las referencias culturales. Bolaño cuenta su propia experiencia como poeta vanguardista. 

    Los detectives salvajes es un libro extrañamente testimonial. Se cuenta lo que quiso ser Bolaño como escritor y como poeta. Vivió la literatura como una forma de vida, como algo que ordena la existencia. En el tránsito de poeta a novelista hay una derrota, hay una abdicación. Con el tema recurrente del escritor perdido, Bolaño mitifica la experiencia literaria.

Juan Villoro escribió sobre la novela en julio de 1999:
"Los detectives salvajes recupera un país único y espectral. En este sentido, estamos ante una de las más brillantes novelas mexicanas. Poco importa que alguno de nuestros presuntos paisanos diga "atasco'' por "embotellamiento'' o "guardabarros'' en vez de "salpicadera''. A la distancia, Bolaño atesoró una patria memoriosa hasta convertirla en atributo de su imaginación. El resultado: un paisaje preciso y enrarecido, la descolocada veracidad de la ficción." 

lunes, 22 de mayo de 2017

Mario Levrero. La novela luminosa

Mario Levrero
La novela luminosa (2005)

Novelas del siglo XXI
CCCB

Es un milagro venir a charlar sobre literatura en una tarde luminosa de mayo. Lo piensa Ignacio Echevarría y lo pienso yo. Nos advierte de estamos ante una novela rarísima, que crea cierta perplejidad, profundamente autobiográfica y cuyo tema es la búsqueda del yo con alguna significación espiritual. Y es que Levrero es uno de esos escritores raros, originales, excéntricos.

Para Mario Levrero (1940-2004) la escritura fue una forma de formularse a sí mismo. Desarrolló una incompatibilidad con la prosa literaria y escribió sin voluntad de estilo alguno. Es la escritura natural perfecta, sin recursos ni mediación estilística. Sus textos remiten muchas veces a Franz Kafka, de quien él mismo dijo que fue determinante en la voluntad y en la forma de la escritura: “Hasta leer a Kafka no sabía que se podía decir la verdad.”

En La novela luminosa, publicada póstumamente en 2005, se propone rescatar una experiencia de juventud a través de la escritura, una experiencia que él califica de “luminosa” y para ello empieza a escribir un diario en 1986, que luego llevará el título de Diario de un canalla. Se trata de un diario de trabajo, de proceso de escritura, en el que cuenta cómo de pronto se topa con algo parecido al espíritu en el patio interior de la casa de Buenos Aires. El episodio está fechado en un cinco de diciembre de 1986. Ha caído un pichón de paloma y Levrero lo interpreta como “una señal del espíritu, una forma de aliento para este trabajo que tan penosamente he comenzado”. Los pájaros constituyen un motivo recurrente en su obra, porque luego vendrá un polluelo de gorrión, “Pajarito”, como nueva señal del espíritu.
Diez años después de Diario de un canalla, el pichón y la cría de gorrión son relevados por el cadáver de una paloma que Levrero ve ahora en una azotea de Montevideo y del que hace un seguimiento compulsivo y diario. Lo cuenta en La novela luminosa, que trata del Espíritu, o mejor de la búsqueda tozuda de ese Espíritu.Para ello escribe la crónica diaria de su intento de narrar la experiencia luminosa y sus correspondientes fracasos. Vive rodeado de aspectos oscuros, juega con su incapacidad y considera que este diario es la novela oscura. El objetivo de este libro es el retorno a sí mismo. Admite que la experiencia luminosa no es narrable y, a cambio, se presta a escribir lo oscuro. En esta gran novela póstuma trabaja desde su propio fracaso y construye un molde de esa imposible novela luminosa.

Cerramos con un párrafo prodigioso de El discurso vacío (1968) sobre la experiencia de la madurez, de la vida adulta...
De la selva que hoy somos.


«Cuando se llega a cierta edad, uno deja de ser el protagonista de sus acciones: todo se ha transformado en puras consecuencias de acciones anteriores. Lo que uno ha sembrado fue creciendo subrepticiamente y de pronto estalla en una especie de selva que lo rodea por todas partes, y los días se van nada más que en abrirse paso a golpes de machete, y nada más que para no ser asfixiado por la selva; pronto se descubre que la idea de practicar una salida es totalmente ilusoria, porque la selva se extiende con mayor rapidez que nuestro trabajo de desbrozamiento y sobre todo porque la misma idea de ‘salida’ es incorrecta; no podemos salir porque al mismo tiempo no queremos salir, y no queremos salir porque sabemos que no hay hacia dónde salir, porque la selva es uno mismo, y una salida implicaría alguna clase de muerte o simplemente la muerte. Y si bien hubo un tiempo en que se podía morir cierta clase de muerte de apariencia inofensiva, hoy sabemos que aquellas muertes eran las semillas que sembramos de esta selva que hoy somos.»

martes, 16 de mayo de 2017

Margaret Mazzantini. No te muevas.

Novelas del siglo XXI
CCCB


Non ti muovere, de Margaret Mazzantini.



Breve presentación del ponente, Raffaele Pinto, y anoto al margen una disertación sobre la cultura literaria, una cultura que abarca varios siglos. Por el contrario, ahora casi todos subliman el presente en que vivimos. Los dispositivos móviles nos condenan solo al presente. No existe el pasado ni el futuro, solo presente instantáneo. 
Luego, (futuro), pensaré sobre ello.

Hay una constante en la obra de Margaret Mazzantini (Dublín, 1961) que es el mundo de la pareja y la maternidad. Tiene además una escritura de vocación cinematográfica. Describe los detalles visuales de lo que cuenta, de lo que narra.

Pinto abre ahora una exposición sobre la diferencia entre la historia y la trama de una novela. Apunta que son conceptos divergentes. Si bien la historia sigue el orden lógico y cronológico de los hechos, la trama es lo que la novela cuenta según como los leemos, el orden de la narración tal como lo ha dispuesto el novelista. Así, en la novela policiaca, el inicio de la historia se encuentra en el final del libro. En Non ti muovere, apunta Raffaele, lo más interesante es la trama.
Un cirujano de prestigio descarga su conciencia ante su hija Ángela, que se encuentra entre la vida y la muerte tras haber sufrido un accidente de moto. Le confiesa que ha llevado una doble vida y su aventura amorosa con una chica humilde, Italia, nombre que connota humildad y pobreza. Su mujer mujer intuye que él mantiene otra relación, cambia de actitud y pasa a mostrarse agresiva sexualmente. A punto de separarse de su mujer, recibe la noticia de los embarazos, lo cual le lleva a dejar a su amante, Italia, que al final aborta. Su vida inicial vuelve a recomponerse, vuelve a empezar sin rastro ni huella de su otra vida. Ha sido un paréntesis, trágico, pero paréntesis al fin y al cabo. Hasta aquí la historia, una historia sentimental con toques dramáticos.

Lo que hace interesante la novela es la contraposición de los dos mundos, sociológicamente tan distinto. El protagonista, Timo, le cuenta a su hija toda esta historia en ausencia de su mujer, que se halla de viaje. Mentalmente dialoga con su hija adolescente y le da detalles de su aventura amorosa. El diálogo (soliloquio) padre-hija es inquietante. Pero nos preguntamos dónde se halla el punto de vista de la narración. La teoría de Raffaele Pinto es que la trama es interpretable teniendo en cuenta que la autora (¿?) se ha situado en el punto de vista de la hija. Dice exactamente que “es un disfraz, un filtro. Imagina a un padre que reflexiona con las fantasías que una hija podría tener sobre su padre”. La escritora, continúa Pinto apasionado, ha elegido el punto de vista del protagonista. Y el lector llega a compadecerlo, es menos distante que la esposa a pesar de sus aspectos más turbios. La madre es más racional y; sin embargo, no produce el elemento de identificación. Italia presenta reacciones de tipo animal, se une de manera física y acrítica, no reflexiva. Aquí vemos un ideal inconfesable de la autora. (Fin de la cita). 
Y los rumores empiezan a expandirse por la sala. Esto es solo el principio. El público lector no está de acuerdo. Aplausos muy débiles. Luego pensaré sobre ello.

domingo, 14 de mayo de 2017

La verdad sobre el caso Savolta. Eduardo Mendoza





Un interesante documento: Entrevista a Eduardo Mendoza en RTVE en 1979 sobre La verdad sobre el caso Savolta.

Ver entrevista






A PROPÓSITO DE LA NOVELA…
de EDUARDO MENDOZA

La verdad sobre el caso Savolta 
(1975)

  1. PERE GIMFERRER.
Se suele pensar en Eduardo Mendoza como en dos novelistas: un novelista serio y un novelista irónico, y esto es verdad pero no ciertamente en la forma que suele expresarlo la crítica. Cuando leí por vez primera La verdad sobre el caso Savolta, me dio la impresión de que estaba bastante lejos de la novela seria. La novela me pareció un divertidísimo ejercicio de recreación de la estética barojiana, en el que la ironía -empezando por los nombres de los personajes, como el apellido Crotabanyes, literalmente “cortacuernos”- era tan importante como la parte de crítica social, histórica y política que podía contener y contenía.

2.  IGNACIO ECHEVARRÍA.

Publicada el mismo año de la muerte de Franco, La verdad sobre el caso Savolta había de marcar un antes y un después en la narrativa española, que en esa fecha se abría a una nueva etapa. Apuntó muchas de las tendencias que iban a prosperar en los años siguientes. La Barcelona de los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial, con sus enfrentamientos entre pistoleros anarquistas y matones al servicio de la patronal, sirve de escenario a una intriga de corte detectivesco cuyo desarrollo incorpora con técnicas de collage rasgos característicos de la novela histórica, de la picaresca, del folletín. Arma un artefacto de naturaleza eminentemente lúdica, que privilegia el entretenimiento sin renunciar a la complejidad ni al compromiso moral con la realidad de lo que se ocupa.

3.  JUSTO NAVARRO.

En 1975 La verdad sobre el caso Savolta cambió los paradigmas y modelos narrativos por su concepción, su montaje y su resolución. Era un enigma policiaco ambientado en un escenario histórico reconocible: la Barcelona de los pistoleros empresariales y sindicales en tiempos de la I Guerra Mundial, iluminado por una mira de inusual inteligencia crítica. 
Novedad sorprendente, participaba de una tradición: la novela popular, tan ligada a la crónica de tribunales y sucesos. Su lógica era la de la novela por entregas: cortes, sorpresas y fundidos, interrupciones en mitad de lo más interesante para añadir más interés.
Relato de unos hechos situados entre 1916 y 1919, y reconstruidos ante los tribunales en 1927. Aquel tiempo, en la Barcelona de la guerra entre empresarios y anarquistas, vuelve en un montaje de declaraciones al juez, reflexiones del testigo principal de los acontecimientos, recuerdos en primera persona, cartas, artículos de periódico, informes y fichas policiales. Se investiga un crimen: el asesinato del industrial Savolta en la Nochevieja de 1917. El malvado es el personaje más interesante, “el escurridizo y pérfido Lapprince”, si no lo es el inspector de policía obstinado en descubrir al autor de un asesinato por el que ya han pagado con su vida unos pobres inocentes.



ARGUMENTO

La trama gira alrededor de los Savolta, una familia de industriales de Barcelona que se enriquece extraordinariamente con la guerra que está asolando Europa. La llegada a la ciudad de un tal Paul André Lepprince, un francés de origen oscuro y modales exquisitos que se introduce enseguida en las altas esferas económicas de la capital catalana, y que un año después de su llegada ocupa un cargo directivo en la empresa más próspera, la de Savolta, despierta la curiosidad de unos y la inquietud de otros.

Lepprince, junto con "el Hombre de la Mano de Hierro", otro empleado de Savolta, llevan a cabo una política de coacción y amenazas contra todo aquel que se enfrenta a los intereses de la empresa: 
"Usted, amigo mío, ha recogido tan sólo rumores, versiones unilaterales, inocentes, pero desmesuradamente abultadas y deformadas por el ángulo de quien participa, de quien tiene, por decirlo así, sus propios intereses en juego. Dígame, don Pajarito, ¿se conformaría usted con la versión que yo pudiera darle de los hechos? ¿Verdad que no? Claro está, claro está", 
le pregunta sibilinamente Lepprince a Pajarito de Soto, que escribe encendidos artículos en La voz de la Justicia. Y contrata a los forzudos de un circo y a la gitana María Coral como matones a sueldo: 
"Recientemente se han introducido en el sector obrero elementos perturbadores del... buen orden de la empresa. Los tenemos localizados por medio de confidentes leales, ya saben a lo que me refiero".
La labor de estos matones será disuadir a las personas que aparecen en una lista que les entrega Lepprince. Al francés le ha llamado la atención la gitana: 
"Como la tumba de un faraón jamás hollada. Dentro puede guardar la belleza sin límites, el arcano latente, pero también la muerte, la ruina, la maldición de los siglos". 

El primero en recibir una paliza disuasoria es el joven obrero Vicente Puentegarcía García. Los esbirros del patrón le propinan puñetazos y puntapiés y lo dejan en el suelo malherido. Siguen muchos más. La policía no encuentra a los culpables, se han desvanecido en el aire. Como también desaparecen en la nada los asesinos del periodista Pajarito de Soto. Al fin y al cabo se trata de anarquistas. 
En medio de la violencia, Lepprince toma a la gitana María Coral como amante: 
"Era suave, frágil y sensual como un gato; y también caprichosa, egoísta y desconcertante. No sé cómo lo hice, qué me impulsó a cometer aquella locura".

Luego el francés la echa. Un hombre de su posición no puede permitirse un escándalo. 
Llega la noche de fin de año de 1917 y Lepprince asiste a la fiesta que organiza la familia Savolta. Los hombres fuman y conversan en la biblioteca mientras las mujeres cotillean en el salón. María Rosa Savolta ha abandonado el colegio para pasar las Navidades junto a sus padres. Allí la joven conoce a Lepprince y se muestra muy interesada por él. A la medianoche el señor Savolta se dirige a sus invitados. Apenas ha iniciado su discurso cuando suenan unos disparos. El magnate cae al suelo, muerto. El entierro del empresario es digno de un príncipe. Autoridades, socios, amigos, empleados, cocheros de levita y lacayos de calzón corto.
  Iniciadas las pesquisas, la policía llega a la conclusión de que Enrique Savolta y Gallibós, propietario del 70% de las acciones de la empresa que lleva su nombre, dedicada a la fabricación y venta de armas, explosivos y detonantes, ha sido asesinado como represalia por la muerte de Domingo Pajarito de Soto, y que los medios revolucionarios achacaron a la intervención de uno o varios miembros de esta sociedad. Poco después Lepprince decide casarse con María Rosa Savolta. 
  Un día del mes de abril del mismo año aparece el cadáver del "Hombre de la Mano de Hierro" en un vertedero municipal, con un tiro en la cabeza. Tampoco se encuentra al culpable, aunque la policía endurezca la represión. Tampoco sirve para detener a los terroristas que días después atentan contra Lepprince en el teatro del Liceo. Sólo consiguen herirlo levemente, pero el guardaespaldas del francés (Max) logra matar a dos de los atacantes. La boda de Lepprince con María Rosa Savolta, celebrada sin pompa alguna por respeto a la muerte del padre y para evitar aglomeraciones peligrosas que favorecieran un posible atentado, cierra la primera parte del libro. 
  El año 1919 es nefasto para la industria. Las fábricas cierran, aumenta el paro y fluyen a la ciudad inmigrantes procedentes del campo. Abundan en las calles de Barcelona personas hambrientas, niños flacos y malnutridos y prostitutas. El nombre de Lenin aparece pintado en las paredes de las casas y las huelgas y las manifestaciones de los obreros se suceden cada vez más virulentas. María Rosa Savolta está esperando un hijo y la gitana María Coral trabaja en un cabaret de ínfima categoría. Javier Miranda, el secretario de Lepprince, la encuentra enferma en la habitación de la pensión de mala muerte en la que está alojada y avisa a su patrón. Lepprince se hace cargo de la joven y la traslada a un hotel donde la visita el médico y se inicia su recuperación. 
  Un día Miranda va a visitar a la joven gitana y le comunican en el hotel que María Coral se ha marchado. Javier Miranda se lo transmite a Lepprince y éste le propone que se case con la muchacha. Pero Javier apenas puede mantenerse, no está en condiciones de crear una familia. Entonces Lepprince le hace la siguiente proposición: varios grupos le han insinuado que podría dedicarse a la política. Sería el próximo alcalde de Barcelona. Para ello ha decidido crear una oficina, un secretariado dedicado exclusivamente a sus actividades políticas. Ha pensado en él para dirigir dicho secretariado.
Miranda se casa con María Coral y poco después a Lepprince se le empiezan a complicar las cosas en la empresa. Uno de los fundadores y pequeño accionista de la casa Savolta le comunica: 
"Hace tiempo que vengo notando serias anomalías en el negocio y fuera del negocio. Hice averiguaciones por mi cuenta". Lepprince se enfurece y el otro lo amenaza: "Acabaré contigo, Lepprince. Te juro que acabaré contigo. Me sobran pruebas". 
El pobre señor Parells muere poco después. Alguien ha lanzado una bomba desde la calle y ha ido a parar al interior de la casa, matándolo. Se sospecha que Lepprince está detrás del atentado, pero nada se puede probar; habrán sido los anarquistas. 
María Coral y su marido viven una vida tranquila hasta que ella le confiesa la verdad: sigue siendo la amante de Lepprince. Cuando él sale de casa para ir al trabajo se presenta el francés y pasa allí todo el día. Se va antes de que él vuelva. Toda Barcelona lo sabe. Desesperado, Miranda sale de su casa y se va a correr una juerga. Cuando vuelve se encuentra a María Coral sin sentido en la cama, con su camisón de novia y la espita de gas abierta. Asimilada la nueva situación, Miranda tiene que sufrir la humillación de vivir con una mujer que es la amante de otro. 
Cierto día María Coral desaparece con el chófer de Lepprince, un matón extranjero llamado Max. Su marido corre detrás de ella y localiza a los fugados en un pueblo de los Pirineos. Max ha resultado muerto en un enfrentamiento con la guardia civil y María Coral ha desaparecido lanzándose al vacío. Nada se sabe de ella. Miranda tiene la esperanza de que sobreviva a pesar de que la joven está esperando un hijo del francés y su estado es delicado. 
De vuelta en Barcelona, Javier Miranda se entera de que Lepprince, arruinado, ha muerto en el incendio de su fábrica. María Rosa Savolta ha dado a luz a una niña y su salud está muy quebrantada. Cuando el secretario va a visitarla a su casa, se entera de que todos los criados la han abandonado y han saqueado la casa, llevándose todo lo valioso que han encontrado. Sólo se ha quedado al lado de María Rosa su vieja nodriza. 
Mientras hace compañía a la viuda, Miranda escucha unos pasos en el piso superior. Creyendo que se trata de ladrones, sube y se encuentra a la policía. El comisario Vázquez, que dirige la investigación sobre la muerte de Lepprince y sus actividades delictivas le cuenta la verdad sobre su jefe. Nadie conoce su origen. Pero sí sus oscuros negocios. Cuando empezó a trabajar en la empresa de Savolta robaba armas y las vendía en Alemania; de ahí su riqueza. En cuanto se hubo introducido en la familia de su patrón y hubo pedido la mano de María Rosa, uno de sus esbirros asesinó al señor Savolta. Lepprince había estado detrás de todos los asesinatos. 
Cuando Miranda vuelve a su casa se encuentra que María Coral lo está esperando. Ha sobrevivido, pero ha perdido el hijo que esperaba. También le espera una carta de Lepprince. Una carta y un documento: una póliza de seguros cuyo beneficiario es él: el dinero deberá enviarlo a María Rosa Savolta y al hijo que esperaba. Pero habrán de pasar años hasta que pueda cobrarla, para eludir a los acreedores. Miranda y María Coral emigran a los Estados Unidos. 
 Allí pasan unos años de penurias hasta que él consigue la nacionalidad norteamericana y empieza a trabajar en la Bolsa. Ha llegado el momento de cobrar la póliza y enviar el dinero a la viuda de Lepprince. El caso es muy extraño y ha de entablar un pleito con la compañía de seguros. Tras el juicio, que gana Miranda, envía el dinero a María Rosa. El juicio ha despertado en él los recuerdos de aquellos años intensos vividos en Barcelona a la sombra de Lepprince. Ahora Miranda vive una vida tranquila y feliz junto a la gitana María Coral. Poco después de enviar el dinero de la póliza, Miranda recibe una carta de María Rosa Savolta: 
"Ya sabe que nos tiene a su entera disposición y que nuestra gratitud por su desinteresada ayuda no conoce límites. Crea que con ella ha contribuido a despejar un poco el negro panorama de nuestras vidas y a rehabilitar la memoria de aquel gran hombre que fue Paul-André Lepprince".