domingo, 30 de octubre de 2016

Cervantes y Shakespeare: vidas paralelas

                                          Miércoles, 26 de octubre de 2016
Gonzalo Pontón

CCCB
Institut d´Humanitats de Barcelona

Mirador del CCCB

Hoy hemos subido de nuevo al Mirador del CCCB. Es un lugar fantástico para hablar de literatura. La luz de la tarde y la ciudad rodean la sala, la envuelven y se cuelan por las paredes acristaladas. Veremos anochecer durante la sesión de hoy.

 Andreu Jaume presenta al especialista, Gonzalo Pontón, como gran erudito y excelente conferenciante. Es profesor titular de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la UAB. 
          Buenas tardes.

Gonzalo Pontón
Abre su exposición afirmando que los datos para componer una biografía narrada son escasos en ambos escritores. Los dos hablaron mucho en sus obras, pero sobre todo Cervantes habla mucho de sí mismo. Shakespeare, en cambio, no traspasa a sus personajes ningún elemento de sí mismo, lo cual ha complicado bastante la tarea.
Resulta interesante la reflexión sobre cómo contar una vida y la cita de la novela de Julian Barnes, Flaubert´s Parrot, como un ejercicio de escritura de la vida de Gustave Flaubert. Un narrador nos ofrece tres listas diferentes. Una con los hechos de éxito de su existencia, una segunda recoge los hechos luctuosos del escritor. Y en la tercera recoge una serie de anécdotas y frases del propio Flaubert o a través de cartas.

La documentación de Cervantes y de Shakespeare es muy fragmentaria. Hay lagunas, tiempos en blanco, tiempos de silencio. Así, del autor de Stratford-upon-Avon se cuenta con 5 o 7 años en blanco: “los años perdidos”. En Cervantes, también hay un vacío desde 1604, año de la primera parte del Quijote hasta 1613, cuando publica sus Novelas Ejemplares. No sabemos apenas nada de él y son los años en los que consigue el éxito y la fama.


La exposición del profesor avanza en el análisis de las divergencias y los puntos de encuentro entre ambas biografías. Parte de la diferencia de edad entre ellos de 17 años, una generación. Ambos nacen en países que fueron enemigos a lo largo de sus vidas y profesaron credos religiosos distintos. Ninguno de ellos fue a la universidad y, sin embargo, la institución cumple un papel importante en la obra de ambos.
En referencia al talento literario de cada uno, Cervantes se presenta a sí mismo como “Yo soy aquel que en la invención excede a muchos...” La inventio consistía en encontrar la idea, en la habilidad para inventar historias. Toda la obra de Shakespeare, en cambio, tiene sus fuentes bien reconocidas. También su Cardenio, el personaje pusilánime, viene de la historia secundaria del Quijote del pastor y Dorotea, que provocó el interés del mismo Shakespeare, quien sí pudo leer la traducción al inglés de Thomas Shelton de la primera parte del Quijote, de 1612. La historia de Cardenio fue una de las últimas comedias escritas por Shakespeare, posiblemente en colaboración con John Fletcher.

 Ha entrado la noche en la sala y en la ciudad.

jueves, 20 de octubre de 2016

La complejidad de estar vivos

Cervantes y Shakespeare: una nueva visión del mundo                  
Andreu Jaume
Institut d´Humanitats de Barcelona


Vuelve la luz de otoño y yo vuelvo al oasis. Agotada tras la jornada de hoy. Los miércoles deberían estar prohibidos. El aula 1 del CCCB está repleta, en su mayoría de mujeres, y yo me vuelvo a preguntar por qué. Tal vez, como yo, se curen la melancolía con estas píldoras de cultura y erudición. 

Empieza la sesión con algo de retraso, el primer día siempre es así. El director del área de Literatura de l´Institut d´Humanitats, Jordi Llovet, presenta al ponente, Andreu Jaume. Habla de su gran labor como crítico y editor de importantes obras y apunta que practica la “lectura próxima” de los textos, la lectura atenta.

Los protagonistas de estas sesiones serán Cervantes y Shakespeare, dos autores con vidas paralelas que cambiaron para siempre la visión del ser humano. Escritores de tránsito, ambos vivieron entre el siglo XVI y el XVII, entre una concepción teocéntrica del mundo y una visión antropocéntrica. Se presentan como el inicio de la modernidad literaria porque, con palabras de Andreu Jaume, “escribieron a favor de la complejidad de estar vivos”.
Una de las divergencias entre ambos fue el tipo de público al que dirigían sus obras. Cervantes escribe para un público que ya lee, firma prólogos donde habla de sí mismo, crea un personaje-autor, que en Shakespeare no aparece. Este escribía textos que después iban a ser orales, para un público que escuchaba. Ninguno de los dos fue un escritor académico. 
Cervantes probó fortuna en el teatro y en la poesía. El Quijote es una novela “ejemplar” alargada y crea las reglas de un género cuya norma principal es no tener reglas. Don Quijote es el habitante de un mundo encantado que ya solamente él es capaz de ver. Ebrio de trascendencia, cabalga por un mundo a punto de desencantarse. Cervantes logra crear con este personaje un mito literario (aquel que conserva su fuerza aun sin leerlo). 
Shakespeare fue toda su vida un hombre de teatro: actor, adaptador y dramaturgo. Muchos de sus personajes se escapan de la rueda de la Fortuna, del destino y de la historia (Hamlet, Lear). Son personajes a los que Sánchez Ferlosio denomina “de carácter”, frente a los “de destino”, con el camino ya señalado por la historia.
“La sin par naturaleza de Don Quijote estaba en ser un personaje de carácter cuyo carácter consistía en querer ser un personaje de destino.” R. Sánchez Ferlosio.

martes, 18 de octubre de 2016

La isla a mediodía. Un cuento de Cortázar

LA ISLA A MEDIODÍA. Julio Cortázar



Forma parte de la antología de cuentos Todos los fuegos el fuego, publicada en 1966. Es un libro de madurez en la trayectoria de Cortázar, donde lo real y lo fantástico se entremezclan. Aparece lo perturbador y un intento de explorar los límites de las fantasías de la realidad sin cruzar al terreno de lo sobrenatural. No se rompen del todo las reglas de la lógica.
El cuento “La isla a mediodía” narra la obsesión de Marini, un joven asistente de vuelo, por una de las numerosas islas griegas que avista cada día a la misma hora en el trayecto que le ha sido asignado.
La primera vez que vio la isla, Marini estaba cortésmente inclinado sobre los asientos de la izquierda, ajustando la mesa de plástico antes de instalar la bandeja del almuerzo. La pasajera lo había mirado varias veces mientras él iba y venía con revistas o vasos de whisky; Marini se demoraba ajustando la mesa, preguntándose aburridamente si valdría la pena responder a la mirada insistente de la pasajera, una americana de las muchas, cuando en el óvalo azul de la ventanilla entró el litoral de la isla, la franja dorada de la playa, las colinas que subían hacia la meseta desolada. Corrigiendo la posición defectuosa del vaso de cerveza, Marini sonrió a la pasajera. «Las islas griegas», dijo. «Oh, yes, Greece», repuso la americana con un falso interés. Sonaba brevemente un timbre y el steward se enderezó sin que la sonrisa profesional se borrara de su boca de labios finos. Empezó a ocuparse de un matrimonio sirio que quería jugo de tomate, pero en la cola del avión se concedió unos segundos para mirar otra vez hacia abajo; la isla era pequeña y solitaria, y el Egeo la rodeaba con un intenso azul que exaltaba la orla de un blanco deslumbrante y como petrificado, que allá abajo sería espuma rompiendo en los arrecifes y las caletas. Marini vio que las playas desiertas corrían hacia el norte y el oeste, lo demás era la montaña entrando a pique en el mar. Una isla rocosa y desierta, aunque la mancha plomiza cerca de la playa del norte podía ser una casa, quizá un grupo de casas primitivas. Empezó a abrir la lata de jugo, y al enderezarse la isla se borró de la ventanilla; no quedó más que el mar, un verde horizonte interminable. Miró su reloj pulsera sin saber por qué; era exactamente mediodía.
Marini elige una isla apartada como el espacio de la felicidad.
Con los labios pegados al vidrio, sonrió pensando que treparía hasta la mancha verde, que entraría desnudo en el mar de las caletas del norte, que pescaría pulpos con los hombres, entendiéndose por señas y por risas.”

Representa la otra cara de la vida cotidiana y eso es lo que le fascina. Está harto de la rutina, de lo banal de lo cotidiano. Cada vez se va quedando más tiempo pegado a la ventana y empieza a ver detalles de la vida en la isla. Marini es un personaje dinámico, no tiene un anclaje emocional, está siempre en tránsito. La fascinación va en aumento con el tiempo y alimenta el deseo ferviente de llegar hasta allí y de encontrar la manera de convivir con sus habitantes. El protagonista se va enajenando. El accidente del avión podría ser un símbolo o una alucinación. Marini está en el avión que se estrella y comprende que su estancia en la isla ha sido imaginaria. Cortázar apuesta más por el asombro que por el sentido.
Nuevamente, la escisión en dos planos narrativos que se entrecruzan y se solapan será en manos de Cortázar un recurso útil para brindar al lector una resolución inesperada y escapar de los límites de la narración convencional.
Puedes leer el cuento íntegro aquí
















miércoles, 12 de octubre de 2016

BCN y la literatura



Cómo nos gustan estos encuentros con escritores para charlar un rato sobre literatura. Las tardes de otoño en la ciudad invitan a la conversación tranquila, y si tienen lugar en una librería (Casa del Llibre, Rambla de Catalunya, 37), pues mejor, y si además no se trata de vender un libro, ya parece increíble, pero es que; ni tan solo tenías que pagar por asistir y esto sí que es genial.

El evento se anunció con el formato de mesa redonda, organizada por la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña, con el tema: “La literatura ante la transformación de Barcelona” y contó con la participación de los escritores: Marina Espasa, Eduardo Mendoza, Ignacio Martínez de Pisón y Carlos Zanón. El moderador fue Álvaro Colomer. 

La primera cuestión sobre la que se trató fue cómo está reflejando la literatura la transformación de Barcelona. Y es que si todo cambia, si la vida ha cambiado, más ha cambiado esta ciudad. Eduardo Mendoza, irónico y mordaz, apuntó que cada uno recuerda la Barcelona que ha heredado y que nadie reconoce aquella ciudad que ha contribuido a transformar, que a las ciudades no se las ama, lo que amamos es lo vivido en ellas, lo que recordamos.

Martínez de Pisón defendió la Barcelona del Eixample, que para él es la ciudad perfecta, tan ordenada y con el mismo nombre de la calle de principio a final, con sus manzanas de patio interior donde los niños están a salvo. Apuntó que la representación literaria de Barcelona, en cuanto que cultura urbana, es realista; o así lo cree él. No la concibe como un lugar para el realismo mágico o el género fantástico.
Para Carlos Zanón hay una Barcelona invisible. La recuerda de niño como un lugar donde pasaban cosas que no le pertenecían y apunta que las ciudades son un poco la gente con la que hemos vivido allí. Que son los turistas quienes las inventan y cada una está presente en el imaginario del viajero.

Marina Espasa coincidió con sus interlocutores en que hay algo en la marca Barcelona que atrae a los visitantes, que ven en BCN la libertad, la vida mediterránea, la diversidad, el clima, el cosmopolitismo,...Y nos explicó que tiene el encargo del Ajuntament de programar las actividades para la candidatura de Barcelona como Ciudad de la Literatura por la UNESCO. Entre los proyectos está el de crear una residencia para escritores como ya tienen otras ciudades. Destacó la magnífica red de Bibliotecas, las librerías, el mundo de la edición y la gran tradición literaria en dos lenguas que tiene esta ciudad.
La charla también dio para pensar en el dilema de si existe “la gran novela de Barcelona” al modo de Dublín, con Joyce o de Londres, con Dickens. La conclusión fue que no podemos hablar de una, sino de muchas “gran novela” ya que a veces la visión es parcial, de un barrio o una calle determinada. Se nombraron varios autores como Rodoreda, Baulenas, Marsé, Mendoza, Pla, Vázquez Moltalbán,...


martes, 11 de octubre de 2016

El desguace de lo real



La escritora Adelaida García Morales
      La realidad ha sido siempre el punto de partida, la materia prima de la que se nutre la ficción literaria. Los escritores se inspiran en la vida para armar sus tramas y dar vida a sus personajes. En el pacto no escrito con el lector, la narrativa siempre ha jugado a parecerse a lo real, tomando como modelo el concepto de verosimilitud que explica Aristóteles en su Poética:

relatar lo que ha sucedido no es el trabajo del poeta, sino contar lo que podría haber sucedido, lo posible según la verosimilitud o lo necesario.”

     Verosímil sería pues, aquello que aceptamos como probable, y tal cualidad se halla por encima del rasgo distintivo para lo real entre posible o imposible. Es necesario que algo sea creíble a que sea posible. La verosimilitud se entiende como credibilidad de la obra y de los elementos que la componen.Tal formulación deja al escritor una amplia zona de movilidad entre los límites entre realidad y ficción. Es la zona de la creación.

     Muchas veces estos límites se confunden y se traspasan, se tornan difusos y borrosos incluso entre géneros: novela, crónica, documental, biografías. Y es en estos primeras décadas del siglo XXI cuando la ficción se acerca a la realidad para asaltarla, para sacudirla, para confundirse con ella, aun cuando se trate de unos cuantos datos, de una verdad imaginada no siempre (nunca es necesario) contrastada. Lo que conocemos como real ya está en el imaginario de cada individuo totalmente distorsionado. De ahí a la ficción hay solo un paso corto.
Entre muchos ejemplos y modelos, tomamos las novelas de Javier Cercas, Soldados de Salamina, Anatomía de un instante, El impostor, en las que parte de episodios reales de la vida de sus personajes, ya dotados de una identidad nueva. Se ha producido una nueva vuelta de tuerca a la evolución del género. El propio Javier Cercas apunta que se trata de

"avanzar, de aprovechar toda la experiencia histórica combinando la geometría y el rigor del modelo flaubertiano con la libertad, la flexibilidad y la pluralidad genérica del modelo cervantino. Ese es mi ideal"

Otros autores que han tensado las relaciones entre ficción y realidad son Coetzee, Knausgard Carrère o el mismo Antonio Muñoz Molina, con Como la sombra que se va, donde el narrador realiza un ejercicio de autoexploración en paralelo con la narración de los hechos novelados. Pienso ahora también en la última novela de Luis Landero, El balcón de invierno.

Han demostrado que existen otras posibilidades de novelar o ficcionar la realidad. El viejo concepto de verosimilitud parece agotado. Ahora la narración no solo quiere parecer real, o verosímil; también quiere representar la vida y confundirse con ella, quiere sonar a verdad.

     Uno de los últimos episodios de estos “asaltos” a la realidad se ha producido con la publicación de la novela de Elvira Navarro, Los últimos días de Adelaida García Morales. La polémica surge a partir de un artículo de Víctor Erice, titulado precisamente “Una vida robada”, en el que acusa a la escritora de adueñarse no solo del nombre y apellidos de su ex mujer, o de la fotografía de la portada sino también de la identidad de Adelaida García Morales. Quizá cabría la posibilidad de valorar el daño a terceros, quizá ha podido más lo comercial del título y la foto, quizá se ha dado un derroche de evidencias que ha dejado en segundo plano la eficacia de la ficción literaria.

La polémica está servida y se abre un debate interesante sobre dónde están los límites, siempre difusos.


martes, 4 de octubre de 2016

Presentación de "Los días lábiles" en Laboratori de LLetres. Barcelona, 6 de octubre.



Dijous, 6 d’octubre, a les 19:00h, 

els autors del Club Marina presenten Los días lábiles, de Stonberg Editorial, un llibre col·lectiu de relats. 

Serà al Laboratori de Lletres, al carrer de Casp, 39, Principal 2 A. 

Reserva la teva  INVITACIÓ AQUÍ. A la trobada hi haurà una àmplia representació dels autors del Club Marina, que el formen 

 
Eugenio Asensio, Amanda Gamero, Jorge Gamero, Mercedes Gascón, Javier López, Herminia Meoro, Mariela Puértolas, Susana Tomás, Lara Vázquez i Àngels Campos.

El Club Marina està format per professors i escriptors que van començar a reunir-se com a grup de lectura. Aquests nou amants de la lectura van començar a trobar-se a finals dels anys noranta a diferents cafès de Barcelona, com el Salambó, on es troben en l’actualitat. Allà comparteixen opinions sobre llibres i fan tertúlia.
En els darrers anys, però, han decidit anar un pas més enllà. Han decidit incorporar l’escriptura com a nova activitat de grup. És així com neixen els relats de Los días lábiles, un projecte comú de nou autors que uneixen les seves personalitats i els seus estils en aquesta primera publicació col·lectiva. Tots els relats tenen en comú que passen en un dia de la vida dels seus protagonistes.
A la presentació del llibre debatran sobre la creació, el món de la lectura, les editorials… I els autors convidaran a la tertúlia al públic assistent per tal d’enriquir la trabada.