sábado, 31 de diciembre de 2016

Lo que está por venir

1 de enero. Cada inicio de año, cuando estrenamos agendas y dietarios, recuerdo el Diálogo entre un vendedor de calendarios y un transeúnte, de Leopardi. El vendedor apuesta por el año nuevo como el más feliz de todos los anteriores, de los veinte que lleva vendiendo calendarios. No quisiera volver a vivir la vida que ha llevado con lo bueno y con lo malo. El transeúnte concluye que la vida buena no es la que se conoce sino la que está por venir, así que compra el calendario con la ilusión de felicidad para el nuevo año. Leopardi pone de relieve la estremecedora vanidad de esperar siempre una vida futura mejor.


Diálogo entre un vendedor de almanaques y un transeúnte

Vendedor: ¡Almanaques, almanaques, almanaques nuevos! ¡calendarios nuevos! ¿un almanaque señor?
Transeúnte: ¿Son para el año nuevo?
V: Sí, señor.
T: ¿Crees que tendremos un año nuevo feliz?
V: Sí, caballero, sí, por supuesto.
T: ¿Cómo el año que acabamos de pasar?
V: Más, más todavía.
T: ¿Cómo el anterior?
V: Más todavía caballero.
T: ¿Cómo cuál entonces? ¿no te gustaría que el año nuevo fuera como alguno de estos últimos años?
V: No, señor, eso no me gustaría.
T: ¿Cuántos años nuevos pasaron desde que empezaste a vender almanaques?
V: Van a ser veinte años, caballero.
T: ¿A cuál de esos veinte años te gustaría que se pareciera el año que viene?
V: ¿Cuál me gustaría a mí? no, no sabría decirle.
T: ¿No recuerdas alguno en especial, que te haya parecido feliz?
V: La verdad no, caballero.
T: Pero la vida es bella, ¿no es cierto?
V: Eso ya se sabe.
T: ¿No volverías a vivir esos veinte años, e incluso todo el tiempo que pasó, desde que naciste?
V: ¡Ah, estimado señor, ojalá se pudiera!
T: ¿Pero si tuvieras que volver a vivir la vida que ya viviste, exactamente igual, con todos sus placeres y dolores?
V: No, no, eso no quisiera.
T: ¿Y que otra vida quisieras volver a vivir? ¿La vida que tengo yo, o la del príncipe, o la de algún otro? ¿No crees que tanto yo como el príncipe o cualquier otro responderíamos igual que tú, con esas mismas palabras, que si tuviéramos que repetir lo ya vivido, no nos gustaría vivir en el pasado?
V: Bueno, sí, eso creo.
T: Entonces, ¿no volverías atrás, si la condición es esta y no otra?
V: No, señor, en serio, no volvería.
T: ¿Qué vida quisieras, entonces?
V: La vida que Dios me diera, sin otras condiciones.
T: ¿Una vida librada al azar, sin saber nada de antemano, como no se sabe nada del año nuevo?
V: Sí, así es.
T: Lo mismo quisiera yo si pudiera vivir de nuevo, y creo que todos. Eso indica que el azar, en lo que fue del año, trató mal a todo el mundo. Y se ve claramente que cada uno opina que el mal fue mucho mayor y mucho más grave que el bien que le tocó en suerte. Si la condición para recuperar la vida desde el comienzo incluyera todo lo malo y lo bueno, a nadie le gustaría volver a nacer. La vida bella no es la que se conoce. No es la vida pasada, sino la futura. Con el año nuevo, el azar nos tratará bien a los dos, y a todos, y comenzará la vida feliz. ¿No es cierto?
V: Espero que sí.
T: Entonces, muéstreme el almanaque más bonito que tengas.
V: Tome caballero, son treinta centavos.
T: Aquí los tienes.
V: Gracias, caballero, hasta pronto. ¡Almanaques, almanaques nuevos! ¡Calendarios nuevos!

Giacomo Leopardi