martes, 15 de noviembre de 2016

Otro cuento de Cortázar, “Instrucciones para John Howell”



Un teatro no es más que un pacto con el absurdo.


“Instrucciones para John Howell” es uno de los cuentos que mejor deja entrever el gusto por el juego entre ficciones, el tema del doble y el cruce hacia lo fantástico como rasgos de la escritura de Cortázar.


Partimos de las palabras del propio escritor sobre este cuento extraídas de una conciencia dictada en la UCBA y titulada: “El sentimiento de lo fantástico”.http://ciudadseva.com/texto/el-sentimiento-de-lo-fantastico/.

En los últimos párrafos aparece la referencia a este cuento:


“Ocho años atrás escribí un cuento fantástico que se llama “Instrucciones para John Howell”, no les voy a contar el cuento; la situación central es la de un hombre que va al teatro y asiste al primer acto de una comedia, más o menos banal, que no le interesa demasiado; en el intervalo entre el primero y el segundo acto dos personas lo invitan a seguirlos y lo llevan a los camerinos, y antes de que él pueda darse cuenta de lo que está sucediendo, le ponen una peluca, le ponen unos anteojos y le dicen que en el segundo acto él va a representar el papel del actor que había visto antes y que se llama John Howell en la pieza.
Usted será John Howell”. Él quiere protestar y preguntar qué clase de broma estúpida es esa, pero se da cuenta en el momento de que hay una amenaza latente, de que si él se resiste puede pasarle algo muy grave, pueden matarlo. Antes de darse cuenta de nada escucha que le dicen “salga a escena, improvise, haga lo que quiera, el juego es así”, y lo empujan y él se encuentra ante el público… No les voy a contar el final del cuento, que es fantástico, pero sí lo que sucedió después.”

(Lo que sucedió después, lo mostraremos al final de este post)


La primera reacción de Rice, el protagonista, es negarse a participar, cree que es una broma de mal gusto, pero pronto adivinará bajo la sonrisa afable de los dos misteriosos hombres el peligro de una amenaza implícita. Rice se resignará, pues, a interpretar su improvisado papel.

Precisamente”, dijo el hombre alto.“Usted se da muy bien cuenta de la diferencia.

Usted no es un actor, usted es Howell. Cuando salga a escena, Eva estará en el salón escribiendo una carta a Michael. Usted fingirá no darse cuenta de que ella esconde el papel y disimula su turbación. A partir de ese momento haga lo que quiera. Los anteojos, Ruth.”

¿Lo que quiera?”, dijo Rice, tratando sordamente de liberar sus brazos, mientras Ruth le ajustaba unos anteojos con montura de carey. “Sí, de eso se trata”, dijo desganadamente el hombre alto, y Rice tuvo como una sospecha de que estaba harto de repetir las mismas cosas cada noche.

Al poco rato, sin embargo, empezará a cuestionar su pasividad y a reafirmarse como personaje mediante intervenciones no previstas, en un intento por tergiversar la situación. Expulsado por ello de la escena, Rice, convertido nuevamente en espectador, asistirá al último acto.
El cuento se puede dividir en tres partes: Planteamiento (Acto I), Nudo (Actos II y III) donde le dan instrucciones contrarias y toma las riendas de su personaje protegiendo a Eva. Lo expulsan. Desenlace (Acto III) Regresa al teatro y ve el desenlace, donde el personaje de Eva aparentemente muere.
En cuanto a la técnica, ¿Cómo definir la angustia de un personaje? Rice huye y se encuentra con Howell, quien también está huyendo, pero ninguno de los dos sabe por qué están huyendo.Hay dos planos con una línea divisoria muy tenue. La amenaza es incierta pero es real, alguien la percibe. Se genera un misterio, se juega con el sentido y con el asombro.

La conferencia de Cortázar nos regala una sorpresa al final, una anécdota real que sugiere la débil línea entre ficción y realidad, entre lo fantástico y lo real, entre lo vivido y lo percibido en una suerte de extrañamiento.

"El año pasado recibí desde Nueva York una carta firmada por una persona que se llama John Howell. Esa persona me decía lo siguiente: “Yo me llamo John Howell, soy un estudiante de la universidad de Columbia, y me ha sucedido esto; yo había leído varios libros suyos, que me habían gustado, que me habían interesado, a tal punto que estuve en París hace dos años y por timidez no me animé a buscarlo y hablar con usted. En el hotel escribí un cuento en el cual usted es el protagonista, es decir que, como París me ha gustado mucho, y usted vive en París, me pareció un homenaje, una prueba de amistad, aunque no nos conociéramos, hacerlo intervenir a usted como personaje. Luego, volví a N.Y, me encontré con un amigo que tiene un conjunto de teatro de aficionados y me invitó a participar en una representación; yo no soy actor, decía John, y no tenía muchas ganas de hacer eso, pero mi amigo insistió porque había otro actor enfermo. Insistió y entonces yo me aprendí el papel en dos o tres días y me divertí bastante. En ese momento entré en una librería y encontré un libro de cuentos suyos donde había un cuento que se llamaba “Instrucciones para John Howell”. ¿Cómo puede usted explicarme esto, agregaba, cómo es posible que usted haya escrito un cuento sobre alguien que se llama John Howell, que también entra de alguna manera un poco forzado en el teatro, y yo, John Howell, he escrito en París un cuento sobre alguien que se llama Julio Cortázar.
Yo los dejo a ustedes con esta pequeña apertura, sobre el misterio y lo fantástico, para que cada uno apele a su propia imaginación y a su propia reflexión y desde luego, a partir de este minuto estoy dispuesto a dialogar y a contestar, como pueda, las preguntas que me hagan.”