martes, 27 de septiembre de 2016

Cuaderno de todo




   Este título no es mío, es de Carmen Martín Gaite. Cuenta ella misma la anécdota en su Cuento de nunca acabar (1983) sobre el origen del nombre. Su hija, que tenía cinco años, bajó a la papelería y le compró un bloc de anillas cuadriculado, con tapas de color garbanzo y en cuya primera hoja escribió "Cuaderno de todo". 

La escritora lo concibió como una invitación a escribir allí toda reflexión o apunte sin ordenación previa, tal y como fuera llegando: divagaciones, comentarios a lecturas, notas sobre la narración...

El texto como artefacto (dijo alguien), como producto lingüístico de una autoconsciencia. A partir de estas cavilaciones he anotado ya varias ideas:


   La primera: que el “cuadernista” narrador-emisor sea una persona ficticia, pongamos, yo; al fin y al cabo, todo diario tiene que estructurar lingüísticamente un modo de realidad en la cual se imita la manera como un individuo, ante la imposibilidad de comunicarse, escribe un cuaderno de notas.

   Pero aquello que me ha ocupado más tiempo ha sido decidir el supuesto destinatario, el interlocutor de este cuaderno en libertad. Puedo inventar un alter ego, y utilizar el recurso de la voz de la propia conciencia, un desdoblamiento que corre el riesgo de caer en un discurso monologado o demasiado confesional, que nos llevaría a la costumbre adolescente de escribir diarios y a la escritura del consuelo.


28 de septiembre. Antes del cine, una vuelta por la librería Taifas del barrio de Gracia. Se me aparece por casualidad un librito del gran Umberto Eco, Confesiones de un joven novelista, en Lumen. En la primera página aclara el significado de joven, que ha utilizado en el título (empezó a escribir novelas a una edad algo tardía). Parece un credo, unas instrucciones de maestro. Me gusta el estilo tan ameno. Incluiré en mi cuaderno el concepto del lector modelo. Qué gran novelista-ensayista-semiólogo... Entro en el cine. Éramos tres, pero la tormenta, la luz sucia y la humedad que empapa Barcelona seguro han hecho desistir a mis compañeras.



Dudo, pero al fin entro sola.