lunes, 26 de enero de 2015

Mi hermana Elba y los altillos de Brumal.De los límites difusos


De los límites difusos y otras constantes en los cuentos de
Mi hermana Elba y Los altillos de Brumal


Cristina Fernández Cubas
Mi hermana Elba y Los altillos de Brumal.
Tusquets Editores. 
Colección Andanzas. Volumen 61.
Barcelona, 2ª edición: junio de 2012



Dice la narradora de “Lúnula y Violeta”, el primer cuento del libro: “Llegué hasta aquí casi por casualidad.”  Muchas veces, los libros llevan billete de ida y vuelta, y vuelven traídos por el azar o por la casualidad o quién sabe si por su mágico empeño en leernos a nosotros más de una vez. El caso es que cuando leí estos cuentos (muchos años atrás) formaban parte de una lista de lecturas pendientes sobre el género del relato en España.  Dos autores de aquella lista me sorprendieron por su originalidad: Medardo Fraile y Cristina Fernández Cubas.

El libro reúne cuentos de dos volúmenes ya publicados con anterioridad en Tusquets:
Mi hermana Elba, en 1980
Los altillos de Brumal,  en 1983.

Algunos de los rasgos de originalidad que causaron sorpresa en los medios literarios de aquellos años han perdurado y mantienen la atención de los jóvenes lectores.

  • La aparición del elemento fantástico se produce de manera natural, sin grandes efectos especiales, sin trastocar lo cotidiano más allá de rodear la situación de desasosiego. Lo irreal, lo fantástico, lo mágico irrumpe en un mundo aparentemente normal, cotidiano, aunque no exento de elementos de misterio. 
  • Los personajes, a menudo no son distintos por lo que hacen, no suelen actuar fuera de lo común, pero sí se individualizan por lo que dicen, por el lenguaje que utilizan. Narran su versión de los hechos y nunca tenemos la certeza de que lo que nos cuenten sea la verdad. Se convierten en narradores no fiables que acuden a los cuadernos, a los diarios como vía de conocimiento del devenir del relato. El narrador,en varios de los cuentos, rastrea los hechos, consulta los diarios, intenta ordenar los datos. Propone un proceso de averiguación. Cuenta los hechos a medida que los vive o los recuerda. 
  •  En “Mi hermana Elba” la escritura funciona como móvil de la memoria y como espejo de la interioridad, pero en este caso la estructura del cuento no sigue la de un diario sino es la narradora homodiegética que, tras encontrar su viejo diario personal, rastrea los hechos relativos a su infancia, desdoblándose entre la niña que fue y la persona adulta que es. 
  •  Ausencia de referencias espaciales para entornos como el campo, la ciudad, el internado. Contraste entre la minuciosidad descriptiva en algunos de ellos y lo difuso de los contornos, lo difuso de los límites de estos. No se nombran los espacios, no hay delimitación geográfica, como si estuvieran suspendidos en el límite, en los contornos. 
  • Referencias temáticas recurrentes: desdoblamiento de personalidades, el doble, el espejo, la ventana, la pérdida de la infancia, los recuerdos, el lenguaje y sus códigos, la relación entre significado y significante, 
  • El estilo, el fluir de las narraciones viene marcado por estructuras paralelísticas que se repiten en largos periodos sintácticos, a menudo con enumeraciones, bimembraciones, repetición de estructuras sintagmáticas. 
  • Estructuras narrativas complejas, al servicio de las tramas, compuestas por varias retrospecciones y marcos para el devenir de la trama principal. Juego de planos que se superponen como piezas de puzzle para encajar un final también calidoscopio, con varias posibilidades de interpretación. 
  •  Finales abiertos, con diversidad de interpretaciones. Límites difusos entre ficción y meta-ficción, entre lo cotidiano y lo inesperado. Con cierto distanciamiento, con una objetividad nada aparente, con la ausencia de lo sentimental. 
  • Otros ángulos de la realidad son siempre posibles.




miércoles, 14 de enero de 2015

Recuerdo este colmado




   Ahmed salió de su portal y a escasos cuarenta metros, alzó la persiana de la tienda y comenzó a colocar las cajas de frutas y verduras que le descargaron al alba y lo hizo en una suerte de liturgia. La parte inferior con paneles verticales, ahí cuatro cajas: una con limas y limones, de amarillo, otra con las naranjas, una más con albaricoques, de tono salmonado, también las ciruelas purpurinas y las uvas que comienzan a enverar. En el centro, el rojo de los tomates y los blancos de las hortalizas. Aunque el sol no apuntaba todavía, Ahmed cubrió todo este mosaico cromático con un toldo a rayas verticales azules y amarillas. Recuerdo este colmado, está al final del pasaje, junto a la estación de metro.


   Ahmed es un hombre de mediana edad, algo mayor que Bebo, o así se lo parece. Viste un pantalón vaquero muy desgastado, una camisa estampada en tonos vino y verde botella, con arabescos y una bata gris sin botones aunque sí con ojales. Todavía desprende cierta elegancia, como de hombre intemporal, el pelo ya escaso y pegado hacia atrás, la tez morena y los ojos negros pero con una rara claridad en su mirada plácida. Yo lo sé porque es un personaje paquistaní de manos tersas y grandes, que aparece así descrito en uno de los últimos relatos publicados de Bebo. 

—Qué tengas un buen día, Bebo. Cuando vuelvas, yo todavía estaré aquí —dijo mientras le devolvía el cambio.
—Bueno, tal vez no. Voy al estudio a escribir, pero hoy es sábado y nunca se sabe. Puede que me quede allí toda la noche, y necesite la inspiración de alguna musa —bromeó.

El tendero sonrió con complicidad sincera, con la misma caída de ojos que hace cuando  transita frente a la tienda una chica guapa en dirección al metro. Desde su posición, sentado en el mostrador, Ahmed controla a todos los vecinos que entran en esa estación, especialmente a las vecinas, a las que siempre acompaña con la mirada al descender por la boca del metro y se imagina cuál podría ser el destino de cada una y a qué hora volverá a aparecer asomando primero el cabello y el cuello, luego el torso de perfil y al final las caderas y las piernas. Sentado ante el mostrador, Ahmed parece un guarda de aduanas que controla las entradas y salidas de todas las mujeres. Y sería muy capaz de llevar un inventario de las mujeres más atractivas.

Yo lo sé porque lo he leído, ya lo he dicho antes. Bebo se lo ha llevado a su mundo, ha hecho de él un personaje, y como tal lo trata. En cambio, lo desconoce todo del Ahmed real, de su vecino. Pero esto no es algo nuevo, ni una original técnica narrativa. Y es que pudiera  ser cierta la leyenda que corre por ahí de que busca la vida en la literatura, y seguro que confunde a menudo lo uno con lo otro. A algunos de sus conocidos les ha ocurrido, los amolda a sus necesidades de la acción y los somete a las sacudidas del destino.
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