jueves, 26 de noviembre de 2015

Don Juan, de Lord Byron

Miércoles, 18 de noviembre.

Se me está pasando el mes de noviembre, uno de los dos más tristes para desaparecer. Se me está pasando como pasa un soplo de los vientos. Hoy llego temprano a esta ponencia, pero llego muy cansada, tras horas estériles de trabajo, comida de trabajo, reuniones de trabajo. He venido como quien busca una isla en la que abstraerse de lo real. “Lord Byron y el gran público” es el título de la sesión romántica de hoy. Tengo que acordarme de pasar estas notas, de leer todo lo que se nombra.


¡Pobres Juan y Haidée! Eran tan gráciles

Así comienza la estrofa 193 del Canto II del Don Juan de Lord Byron (1788-1824). Me detengo en las siguientes. Ya nadie lee a Byron, ya nadie recuerda un solo verso suyo, a pesar de haber sido un fenómeno social, la primera voz poética popular. Fue adorado en toda Europa y un verdadero mito para el público de su tiempo. A finales del siglo XVIII crece el interés por parte del público por la intimidad de las élites. Y es que el Romanticismo crea la categoría del autor. Fue Goethe quien adquirió el prestigio de autor por encima de su obra. Así, tanto él como Lord Byron son más conocidos por su nombre que por su obra.

Andreu Jaume nos apunta que Don Juan fue la obra maestra de Lord Byron. Que condensa toda su trayectoria literaria. En ella logra disimular sus defectos y ensalzar sus virtudes. Es un poema narrativo lleno de vida, de vibración, de insolencia… Que se apropia del mito sexual por excelencia y lo transforma en una máscara para comentar asuntos políticos.Y al fin lee unas estrofas traducidas por Pedro Ugalde:

Y él descansa tranquilo. Es amado,
Comparte lo que la vida nos regala
Inerte, gentil, inmóvil y sereno,

Inconsciente de la dicha que depara.