domingo, 12 de abril de 2015

CCCB 4. Louis-Ferdinand Céline. Viaje al fin de la noche

Martes, 7 de abril.  “El Arte de la novela europea s. XX. 2”


Ignacio Echevarría aparece risueño y relajado. El coordinador, Jordi Llovet, lo presenta como un gran intelectual y crítico literario. Hoy viene a hablar de un novelista francés maldito, Céline, y de su Viaje al fin de la noche, publicada en 1932. Apunto que se trata de la primera gran novela que transcurre en el siglo XX. Es cierto, los grandes antecedentes de Joyce y Proust narran mundos de finales del XIX. Esto me hace pensar en aquello de tomar conciencia del nuevo siglo. Tras detallar la tumultuosa biografía de Céline (antisemita declarado), a partir de su alistamiento voluntario en la I Guerra Mundial, en la que fue herido y condecorado, Ignacio Echevarría intenta explicarnos los motivos de la polémica suscitada en Francia en 2011 en el 50 aniversario de su muerte y que llevó a la no celebración.

Viaje al fin de la noche (1932) fue su primera novela. Es una obra de gran complejidad moral, ética y literaria. Carga contra la carnicería que fue la guerra del 14, contra la colonización de África, contra el progreso,… En la cuarta parte de la novela narra el descenso a los infiernos de los suburbios de París y el viaje se hace interior. El personaje se propone contarlo todo, todo el horror, va a las entrañas del cuerpo social, que son el centro de ese viaje. Es un viaje a la muerte y la muerte es la nada.
Pero me impresionan las palabras sobre la reducción del ser humano a su desnudez, sobre el concepto del “nihilismo médico”, sobre el descubrimiento del horror del cuerpo o el shock que produce lo que hay bajo la piel a quien lo tiene por oficio (cirujanos, forenses). El propio Céline ejerció como médico higienista. Hijo del positivismo y del psicoanálisis, queda atrapado por la fascinación del acto de la disección, por la nada que es el cuerpo humano, por lo que se ve bajo la piel.

La novela obtuvo una gran difusión y dinamitó la posibilidad de prolongación de la gran tradición francesa. Echevarría habla de Céline como el anti modelo de Proust: “el anti Proust”. Y es que estamos frente a un alarde de estilo, que busca dar a la escritura la naturalidad de la lengua hablada. Está ese efecto de vivacidad, de hablar completamente de la vida alrededor, de un mundo que ya es el nuevo siglo XX.