sábado, 28 de marzo de 2015

CCCB 2. Philip Roth. La mancha humana


Martes, 24 de marzo.  “El Arte de la novela europea s. XX. 2”

He llegado con tiempo y me he sentado junto a la ventana. La ciudad se pone tierna con la lluvia nueva de primavera. Mientras espero al profesor, elijo mirar el silencio tras los cristales, y ahí me quedo hasta que en la sala también se acalla el ruido. Buenas tardes.
Andreu Jaume habla hoy de Philip Roth, uno de los escritores norteamericanos más influyentes de los últimos tiempos. Destaca su sentido de la arquitectura de la novela, la maestría en la creación de personajes y de registros y lo ensalza como el gran renovador de la narrativa tras el agotamiento experimentado en las vanguardias europeas. Luego nos propone una nueva reflexión de esas que se quedan sostenidas en el aire durante unos segundos y no podemos escuchar nada más. Dice que Roth es un ejemplo de los que puede hacer la literatura, y solo la literatura (insiste), y en particular la novela: ser un instrumento de indagación para tratar todos los temas y lenguajes sin limitación. Le niega entonces esta capacidad a las series televisivas, género que algunos ven como heredero de la novela.

La mancha humana (2000) aborda un aspecto de la sociedad americana y consigue iluminar toda la historia de un país a través de la anécdota, de los personajes, de situaciones. Cuenta una historia fácil de leer pero con muchas capas de lectura, que desconcierta y desafía al lector. El protagonista, Coleman Silk, es un profesor universitario obligado a jubilarse al ser acusado de racista. La historia está narrada por un vecino, el escritor Nathan Zuckerman, quien se fascina al escuchar la historia y, a partir de un manuscrito biográfico, indaga en la vida desconocida de Coleman Silk.

Narra la tragedia de un contemporáneo que se desmorona y entra en una espiral de autodestrucción. Abandona la universidad e inicia una relación carnal con Faunia Farley, (37 años más joven que él) y con el mundo, rompiendo todas las convenciones. Representa el reverso de lo que es él mismo. Pero el secreto y el desconcierto llega cuando el lector se entera de que Coleman, el blanco acusado de racismo, ha llegado a los 70 años habiendo escondido sus orígenes afroamericanos para poder formar parte de la élite helenística del país. Es una crítica también a la deriva de la universidad y a las Humanidades en general.

Además del virtuosismo técnico, la obra presenta toda una teoría de la novela (documentos, averiguación e imaginación), con escenas sublimes como el monólogo de Faunia en el que hace una actualización del pensamiento griego sobre los dioses.
La escena final tiene ecos de Moby Dick en ese blanco que oculta el horror: tras la muerte de Coleman y Faunia, Nathan entrevista al marido de esta, un excombatiente del Vietnam y posible responsable, mientras está pescando sobre un lago helado:
Mientras le miraba sentí el terror de aquella barrena, aunque él ya había vuelto a sentarse en el cubo: la gélida blancura del lago rodeando una manchita que era un hombre, el único ser humano en la naturaleza, como la X de un alfabeto a modo de firma en  una hoja de papel.