lunes, 24 de noviembre de 2014

CCCB Lecturas sobre Shakespeare (4): Othello, The Moor of Venice.

Miércoles, 19 de noviembre 2014.

“Hoy vamos a sufrir todos una gran convulsión trágica”. La voz modulada de Andreu Jaume solapa todas las voces que hasta hace un segundo murmuraban en el aula. Buenas tardes. Y el silencio se hace absoluto. He subido las escaleras con ritmo apresurado, como si se me hiciera tarde para llegar al teatro y es que estas lecturas están cargadas de interpretación, de gestualidad.
Entramos en el gran periodo trágico de Shakespeare, quien entre los 40 y los 45 años compuso el grueso de las grandes tragedias, de Hamlet hasta El rey Lear. Jaume afirma que puede deducirse aquí una experiencia íntima, la de alguien que empieza a entrar en la madurez y, de repente declama íntegro y de memoria el poema de Gil de Biedma, “No volveré a ser joven”, sobre el paso del tiempo. Lo hace para ilustrar e insistir en la modernidad de Shakespeare, quien toma conciencia, al igual que Hamlet, de que “…envejecer, morir..., es el único argumento de la obra”.

Othello es una de las obras que más ha calado en el imaginario común, pero presenta una complejidad que no aparece en las adaptaciones. Es más que una obra sobre los celos. En la tragedia es donde se descubre el problema humano en su soledad, sin dioses. Ha desaparecido el castigo divino y el mal, generado por el odio y la ambición desmedida, revierte sobre los hombres. Son los únicos responsables. El peso de la obra recae en Yago y no en el propio Otelo. Son personajes antagónicos que representan el contraste entre la magia y la razón. Yago es el pragmático, el cínico, el descreído. Y al fin lleva a cabo su propósito de poner a Otelo en contra de su joven esposa, Desdémona.

La decisión de Yago es un acto gratuito. El ponente reflexiona aquí sobre la banalidad del mal y define a Yago como la inversión del santo. “Yo no soy el que soy”, se autorretrata el personaje en su hipocresía. Yago es el ser que rechaza el ser. Es el autor de la tragedia, quien escribe el guion y decide lo que va a ocurrir. Inocula en Otelo la semilla de la duda, tan solo una mínima duda sobre su mujer va a desencadenar toda la tragedia. Desata la inseguridad latente de Otelo.
Desdémona se enamora de un proyecto de vida, de la idealización de Otelo, de sus aventuras, de sus leyendas. Busca la sublimación del amor paterno; y, a su vez, él busca la consagración de lo filial, lo virginal. (Es, sin duda un proceso de enamoramiento muy común en la modernidad).
La escena final es una escena de sacrifico que recuerda a la tragedia clásica. Desdémona sabe que va a morir y alcanza una idea del bien que es del todo incorruptible. Es imbatible, como lo es la del mal o el odio.  Esa es la grandeza de la obra: el bien también forma parte de la condición humana.  El ponente lee las últimas escenas: "Esta es la causa, alma mía"...
Aplausos.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Roberto Palacios y Adrián Báez

Roberto Palacios, Bebo para casi todos, es escritor. Imparte clases de creación literaria en un taller del Raval bastante reconocido, participa en seminarios, acude a presentaciones y administra un blog donde publica buena parte de sus crónicas con un estilo original. De vez en cuando también escribe alguna reseña de las novelas que se editan, si así le apetece. 

Bebo consigue mantener alto su perfil en las redes sociales. Su círculo de amigos escritores lo valoran por su honestidad y su rigor a la hora de reseñar. Los artículos que firmaba en prensa ya eran en otros tiempos verdaderos referentes para quienes, como yo, estábamos empezando. Puedo confirmar, porque lo sigo desde hace años, que es un escritor muy respetado, de aquellos que no caen en la trampa de la alabanza fácil, ni de la impostura, aunque esto le ha supuesto a veces problemas para publicar y alguna que otra enemistad. A pesar del tabaco, Bebo tiene un aspecto jovial, o por lo menos así es como se ve ante el espejo, un cincuentón atractivo que viste camisetas negras y vaqueros, calza siempre botas de cuero, y luce melena ochentera, a veces recogida en una cola. Esto lo sé porque así es como aparece en las fotos de cabecera de su blog.

Adrián Báez es otro tipo de escritor, es de aquellos que ofrecen al público lo que quiere leer, lo que le entretiene. Es el ejemplo de autor prolijo que fabrica en serie sus novelas y ha conseguido profesionalizarse y alcanzar verdadero éxito. También es activo en las redes aunque delega en la editorial las actualizaciones y su perfil es algo más edulcorado y artificial.
Adrián Báez es un escritor de renombre también en el extranjero. Sus novelas de misterio se han traducido a varios idiomas y es consciente de que hoy en día hay que tener presencia mediática y publicar a un ritmo frenético. Ha llegado a presentar en un año hasta cinco novelas, con esta prosa que se impone ahora de párrafos breves y frases muy muy cortas, en los que, paradójicamente, acontecen tramas muy complejas y también demasiado previsibles. El éxito de Adrián también le alcanza para la vida familiar. Casado con Dora Sanz, forman una pareja muy compenetrada, o al menos, así lo creía él. Son padres de Julia, una hermosa y lánguida estudiante de Humanidades, a quien no le gustan nada las novelas que escribe su padre, le reprocha que se haya vendido al mercado y que se aparte de la literatura de verdad. 
Bebo y Adrián son amigos desde los viejos tiempos de la facultad, donde estudiaban ambos Filosofía. Compartieron lecturas, novias, días de estudio y muchas tardes en la cantina  del viejo patio de letras. Yo lo sé porque he leído entrevistas en las que ambos proclaman su antigua amistad, más o menos de forma decorosa.  

jueves, 13 de noviembre de 2014

CCCB Lecturas sobre Shakespeare (3) Richard II


Miércoles, 12 de noviembre de 2014. 

Hablemos de tumbas, gusanos y epitafios.

Este es sin duda el verso que define el drama histórico Ricardo IITras este inicio tan teatral que ha dejado mudo al auditorio, caigo en la cuenta de mi coordenada espacio/ tiempo: Misma silla, misma fila delantera flanco derecho, mismo bello rostro y sin embargo, algo ha sido trastocado y se ha quebrado el círculo de misterio y de belleza. Hoy lleva gafas y no le sientan nada bien. Buenas tardes.

Ricardo II es una obra excelente, aunque se trata de uno de los dramas históricos, un género muy popular, una moda. Shakespeare sigue aprendiendo y nos deja asistir a ese proceso de aprendizaje. Fue escrita entre 1594 y 1595. Cuenta la historia de un mal gobernante, de alguien que no sabe reinar. Comienza cuando Ricardo recibe en audiencia a Enrique (Bolingbroke), primo de Ricardo y a Mowbray, a quien el primero acusa de conspirar contra el rey. Thomas Mowbray lo niega y se convoca un duelo. De nuevo Shakespeare se concentra en la relación del poder con sus súbditos.

Ricardo no puede reinar porque descubre su conciencia, la duda, la reflexión, la melancolía. Es un rey muy triste.

Al final del acto tercero un jardinero construye una alegoría sobre el gobierno de los estados en relación con el cuidado de las flores. El estado es una máquina donde todos se destruyen. Es una obra repleta de reflexiones sobre el poder, de largos monólogos donde se anticipa el espíritu de Hamlet.
Andreu Jaume confiesa que lo que le emociona en esta obra es la presencia ya de una vibración que es únicamente shakesperiana en alguno de sus monólogos. Por ejemplo en el largo monólogo en que Ricardo II se ve acorralado por Bolingbroke, cuando el rey parece un monarca cobarde, que se desmorona y revierte la atención sobre sí mismo, sobre el hombre que sufre bajo la corona. Habla de dolor, de su mortalidad. Destruye así la imagen sagrada del monarca. Cuando Ricardo abdica la corona, el rey es una conciencia que trabaja. Es de nuevo un viaje a lo que constituye la naturaleza del ser humano. Es capaz de anticipar el concepto de la NADA, que años después pronunciará Cordelia en El rey Lear (1605) o la respuesta de Timón de Atenas (1607): “La nada me lo dará todo”.
En el monólogo final, justo antes de morir, Ricardo sigue dando vueltas al problema de la conciencia y su tiempo interno. 

Si somos capaces de vivir sin la asistencia de los dioses, ¿qué significa la nada?

Aplausos.


domingo, 9 de noviembre de 2014

CCCB Lecturas sobre Shakespeare (2): The Merchant of Venice


Miércoles, 5 de noviembre de 2014. 
Había entrado noviembre sigilosamente y hoy, de repente, nos ha traído el frío. Han llegado el otoño y las ganas de volver a escuchar a Andreu Jaume. Y así, como si en esta sala no hubiera nadie más, abre la sesión con un: Volvemos a nuestra intimidad. Buen comienzo.

Y volvemos a lecturas como esta de El Mercader de Venecia, comedia de 1597. Shakespeare ya dominaba por entonces el dialecto cómico y la capacidad de mezclar distintos mensajesLa obra esconde altas reflexiones sobre la justicia, el riesgo y de nuevo hallamos el proceso de averiguación acerca de la condición humana.

Parece que hoy el público de la sala ha rejuvenecido, o por lo menos, a mí me lo parece así. Acaso lo que ocurre es que yo voy envejeciendo. Pero es que a mi derecha, en la fila de sillas anterior a la mía, me he topado al volver la vista de manera distraída con un joven muy atractivo, de perfil casi clásico, bello, pelo rizado, ojos atrapados en espesas pestañas. Y lleva, extrañamente, una camiseta blanca. Ese detalle me parece un prodigio porque ya empieza a preocuparme la moda de las camisetas negras para hombres de todas las edades y en todo tipo de eventos.

Antonio es mercader en la Venecia de la época, puerto principal del comercio naval. Pide dinero prestado a Shylock, el judío vilipendiado, para ayudar a su amigo Bassanio a competir con los pretendientes de Porcia. Le obliga a firmar que si no paga la deuda en el tiempo señalado, el usurero se cobrará con una libra de carne del cuerpo de Antonio. Shylock se justifica con el famoso monólogo “Si nos pincháis, ¿no sangramos?..” Ha sido muchas veces mal interpretado. Los judíos en la Inglaterra isabelina pertenecían al imaginario colectivo. El ponente nos advierte sobre la lectura de la obra como lectores del siglo XX que somos.
Planea de nuevo la sombra de Christopher Marlowe (1564-1593) y su obra El judío de Malta, que presenta algunas similitudes con El Mercader de Venecia. Shakespeare vuelve a escribir contra el modelo de Marlowe, pero aquí quizás consigue superarlo. Shylock ha escapado de la obra para calar en el imaginario colectivo. Es, ante todo, un usurero, pero se permite un gesto de nobleza, de ternura, de amor hacia la madre de su hija (Lea).
Aparece el juego hiperbólico de las comedias. Porcia se lamenta de que su padre, al morir, dejase tres cofres cerrados (uno de oro, otro de plata y un tercero de plomo) y una adivinanza como prueba para ganarse a su hija. Y en el proceso para hallar pretendiente acaba siendo Bassanio quien elige bien, escoge el cofre de plomo por su sencillez. (“La nada me lo dará todo”)
Portia and the Merchant
Thomas Sully
. Cincinnati Art Museum
A Shakespeare le importa la tormenta humana y no la verosimilitud. Juega con el proceso de averiguación. Se matiza una idea del amor fuera del decorado de estuco del amor cortés. Este amor es una de las formas que, una vez despojado de lo sagrado, nos da pie para averiguar algo más de la condición humana. Aquí explora la condición del extraño a una comunidad, el rechazado. El final de la obra se resuelve con la confusión de identidades y la restauración del orden establecido. Porcia, disfrazada de juez, sentencia sobre Shylock, quien, desesperado y lleno de odio, reclama la libra de carne.
El joven de la camiseta blanca y espesas pestañas ha escuchado absorto toda la sesión. Tal vez más atento que yo misma.


“El mundo es solo un teatro donde cada cual ha de representar su papel”

martes, 4 de noviembre de 2014

El libro que le gustó a Luis Landero

El 7 de noviembre de 2013, el escritor Luis Landero acudió al Café Comercial de Madrid. Y lo hizo esa tarde para participar en la presentación de un libro de relatos editado por Gramática Parda. Le movió únicamente la pasión por la lectura y el deseo de acompañar al autor, quien intenta hacerse con un espacio en el territorio de la literatura. 

El título, Las tres caras de la moneda. 
El autor, Jorge Gamero.

El libro está estructurado en tres bloques (o caras de moneda), compuesto cada uno de ellos por ocho relatos. Entre las claves de lectura de esta colección de cuentos literarios podemos apuntar:

×      La propia ejecución de los mecanismos de la ficción, para asirse uno a la escritura como tabla de salvación, como refugio ante la intemperie. Son temas que laten en la primera parte, la más autorreferencial, titulada “Gajes del Oficio”,
×  El proceso creativo como pasión, como obsesión por escribir y por sentir en esa “literatura de los sentidos” que se pasea por las páginas, equiparada a la erótica. La pulsión de amor y placer aparece en el segundo bloque del libro, “El amor y sus (D)efectos.”
×    La relación entre vida y literatura. Dualidad, confusión de ambos planos. Una relación que consiste en la conversión de la vida en texto, el paso de la historia cotidiana a trama.


A Luis Landero le gustó el libro. Aquella tarde en el Comercial lo definió como “libro casa, libro hospitalario, lleno de habitaciones donde puedes entrar, salir, subir, bajar”. Y es que se trata de un libro heterogéneo donde conviven relatos breves, algunos muy breves, (unos son pura elipsis, otros son juegos literarios o experimentos narrativos). Aparece también el cuaderno, el diario y la autoficción. En los microrrelatos, por ejemplo, la elipsis se hace protagonista, es como si se ocultara el resto del cuento, que debemos prefigurar en nuestra imaginación.
El cuento que lleva por título, “Reciclaje”, es un divertido e interesante juego de espejos. Se logra crear una historia con los títulos de obras literarias, que van engarzados de manera se urde una trama, un relato compatible semánticamente.

Trató a caballeros de fortuna incalculable, aprendió a recitar la biblia en arameo, se deshizo de la celestina tras conocer el amor en los tiempos del cólera, cuando en las últimas tardes con Teresa, una amante esporádica en el camino, ardiera de pasión y enajenación sexual.”

En apenas cuatro líneas, aparecen escondidos seis títulos literarios encadenados. El protagonista, Eduardo Torres, enfermo del mal de Montano (patología inventada por Enrique Vila-Matas) sufre una metamorfosis de lector a libro. Al fin quedará lo que somos los lectores: las cenizas de los libros que hemos leído. 116 títulos han sido reciclados.
El autor se permite otros juegos con la voz que narra, por ejemplo en el relato titulado “Comunicación”. Se trata de un cuento experimental, un juego literario que sugiere el concepto de G. Perec. Recopilación de anuncios de contactos que van hilvanándose a modo de rompecabezas o puzle de las relaciones humanas. El azar y tu intuición dotan de sentido al relato. El último anuncio cierra el texto con el efecto sorpresa. Es el anuncio de un escritor. Se plantea una relación de oferta de contacto escritor/editor.
En la otra cara de la moneda, el segundo bloque de relatos, “Del amor y sus (D)efectos”, la pasión por la escritura deja paso a la pasión erótica. Predomina aquí el placer de los sentidos, el sexo, el amor y, de nuevo la autorreferencia. En “La Giganta”, vuelve la mujer como motor imaginativo. El ritmo va in crescendo, el registro atrapa y dota de verosimilitud a los personajes. El protagonista aparece cada vez más encogido ante ella. No logra satisfacerla, se va empequeñeciendo a su lado. La giganta se hace cíclope, ninfa pantagruélica. Asoma un guiño al dinosaurio de Monterroso. “Cuando desperté, la giganta aún seguía allí”. García, el narrador, alude al “mal de Montano”, como pasión desmedida por la literatura, la obsesión que lleva a vivirlo todo literariamente.
El último bloque, "Y otros asuntos pendientes", se abre con una dedicatoria a “los locos, perdedores y amateurs del mundo” Se trata de la cara de la moneda de la injusticia social, de la indiferencia, de la crisis económica que todo lo ha cambiado. “El detective Farol” es el relato más largo de toda la antología. Se trata de una pieza con tintes de género negro, pero también de breve novela picaresca. El narrador en tercera no es objetivo, y  se muestra bien caracterizado por su manera de hablar. Duda algunas veces, y esto lo convierte en una voz muy verosímil.

A pesar de la heterogeneidad del libro, predomina una gran capacidad de sugerencias y, por encima de todo, está el runrún que recorre las páginas, pieza a pieza de este mosaico (o como dijo Landero esos “cachivaches narrativos, artefactos, cositas narrativas”). Ese runrún es el tono, un tono limpio y luminoso, un ruido que se hace conocido, una entonación que logra dar sentido unitario. Es una música que evoca dudas, pero a la vez, complacencia, veneración por la escritura, melancolía, pero con trazos de serenidad y alegría. Muchas veces, eso es lo difícil de conseguir y es lo que se parece más a la voz propia, al estilo literario.