viernes, 2 de mayo de 2014

Juan Rulfo, Pedro Páramo. CCCB (7)

                                           
Juan Rulfo, Pedro Páramo. CCCB (7)




Martes, 29 de abril. Llego a la sala con tiempo de antelación porque me queman las manos. Ya me había resignado a terminar el mes de abril sin un buen libro que llevarme a la boca, y hoy el libro me ha encontrado a mí. Me siento en un lugar diferente, más discreto. He pegado la silla a una de las columnas de piedra para acomodar mis bártulos y me dispongo a abrir un tesoro. La última edición de una novela de Iris Murdoch, El unicornio, de Impedimenta. Además, el autor del prólogo es Ignacio Echevarrría, quien hoy se me revela doblemente: en la sala y en el libro.
Leo el primer párrafo y la contraportada. Hoy he venido con libro pero con cierto desasosiego. Es la séptima novela de Iris Murdoch, «…Siempre Shakespeare», señala el prologuista. Dice que la novela es una alegoría en torno a la dificultad que todos tenemos de ver realmente a los demás y quererlos por lo que son.

La sala se llena de repente. Se alza el ruido de murmullos y dificulta la lectura. Reconozco algunas caras, algunas fragancias y gestos.

Entra el flamante ponente, Ignacio Echevarría, elegante y con el pelo recogido en coleta lacia. Camisa blanca, chaleco y americana, lo más parecido a un dandy  de las letras, con sus gafas mínimas, su perilla y sus manos en continuo llevarse el pelo tras la oreja derecha. Guapo siempre. Pienso que podría firmarme el prólogo del libro al final de la sesión y explicarle que una vez lo convertí en personaje de uno de mis cuentos, pero de inmediato me parece ridículo. Hoy viene a hablar de Juan Rulfo y su Pedro Páramo. ¿Por qué nunca nos cansamos de Juan Rulfo? Tal vez ahora su Comala tiene mayor sentido.

Comienza la lección con la proyección de unos fragmentos de Pedro Páramo  en la voz de Rulfo: Tu padre ha muerto…y comenta las tonalidades del texto, la cadencia. La voz de Juan Rulfo me sobrecoge en este día de abril.

Pero la voz de I. Echevarría no parece suya, es aguda, suena raro. Habla de la vida de Rulfo y le retrata como introspectivo, taciturno, tímido, solitario…adjetivos que ya suenan a antiguo en este mundo de interacción global. Luego habla del boom, de los autores, del continente, de la revalorización continuada de esta novelita, de su deuda con la tradición de la literatura noruega y la novela gótica de la vieja Europa, con las brumas y la subjetividad. Y alude a los fantasmas y al culto a la muerte que se practica en México.
Casi al final, y tras repasar todos los aspectos formales y temáticos de la novela, el ponente cita a Juan Villoro, el escritor. Recuerdo su lectura de Pedro Páramo en una de sus clases:


« Lectura política. Crítica del patriarca, del caciquismo, del machismo. Hay una gran carga política con recursos literarios. Los personajes están excluidos de la Historia. Al pueblo llegan ecos del mundo inverosímil donde los acontecimientos son posibles. La revolución mexicana (1910-1920) y la primera guerra cristera (1926-1929) son los círculos externos de la trama. Los personajes están privados de la posibilidad de que algo les ocurra. Nadie los puede redimir. Los lectores, desde la Historia espiamos a los expulsados. Hay una responsabilidad ética del lector para evitar esta situación y ayudar a los olvidados a dejar de serlo.»


Aplausos