domingo, 20 de octubre de 2013

En mitad de la carretera




 



Aquel pobre perro. En mitad de la carretera con la mirada perdida en un punto lejano. No se movía. Tan solo de vez en cuando me olisqueaba los dedos, que conservaban el olor del arenque del almuerzo. Después me lamía las manos y volvía a su postura vigilante. La húmeda lengua suspendida temblaba al compás de su respiración. Claro que ninguno de los dos quería estar allí, bajo el sol tórrido de agosto. Los dos teníamos sed y preguntas. Sin duda el perro, de estar solo, hubiera salido corriendo tras la camioneta de John hasta desfallecer. Volvería en una media hora, dijo. El almacén de los Forbes estaba a pocos Kilómetros, recogería la mercancía y haría el porte hasta la ciudad. Volveré en media hora, dijo John. En esta piedra junto al poste estarás bien, no te desvíes de la carretera, así te distinguiré. 
Ninguno de los dos quería estar allí, sobre la luz oleosa del asfalto al atardecer.