lunes, 24 de junio de 2013

Historias del Evelyne I


En la trastienda del colmado se montaba un garito con una mesa a la que cada jugador se traía su propia silla. Era donde las partidas se vivían con mayor tensión. Mi padre ha sido siempre un buen jugador de cartas. Las timbas se alargaban hasta la madrugada y yo llegué a ver más de una noche las navajas abiertas sobre fardos de billetes arrugados. Una noche hasta se jugaron a la mujer propia, la de uno, el que la tenía. Mi padre se llevó a la cama a la Elvira, la mujer de su amigo, el Pipo. Ella, sin rechistar, había sacado a su marido de muchas deudas del juego,  y corría la voz de que incluso disfrutaba con el pago. Cada vez que la Elvira lo veía, le recordaba siempre a papá que ya nada le debía su marido.
 
Me aficioné a leer cosas de náutica y poco a poco lo iba aprendiendo casi todo sobre el mar. A los veinte años conseguí el título de patrón de pesca. Luego, en el patrullero donde serví a la patria hice de todo, fui distinguido en maniobra, timonel, jefe de puente y me felicitaron tanto mi Comandante como el Capitán General.
En uno de los permisos que me dieron en el servicio militar pude visitar el Evelyne y a mi padre. Fue entonces cuando noté que la señora marquesa se fijaba mucho en mí y no quería que de ninguna de las maneras me fuera del barco. Quería que al finalizar mi servicio a la patria me quedara con ellos.
Hablé con mi comandante, una gran persona, la cual me tenía en gran estima. Él preparó todos mis papeles. Sólo faltaba la firma de mi padre, que no llegó nunca. Lo que sí recibí fue una carta en la que el señor marqués reclamaba mis servicios como brazo derecho de mi padre en una salida al extranjero, a la costa italiana. Pedí entonces consejo a mi Comandante y me dijo que me arrepentiría de servir a marqueses y demás señores; pues él era sobrino de condes y decía conocerles bien. Me advertía de que son muy raros, que lo que ellos quieren es personal de servicio y no marinos que puedan disponer y gobernar según su discernimiento, que tendría que calcular el rumbo con una mano y servir la mesa al mismo tiempo.