sábado, 22 de junio de 2013

HISTORIAS DEL EVELYNE I


Mi padre, Carlos Santos Martí, el Litus, por aquel entonces  mandaba el barco Mercedes, el primero que tuvo en propiedad el señor marqués. Al ver que mi salud era cada día más precaria, papá pudo hablar con el administrador y rogarle que llamara a un médico para que me visitara y fue este doctor quien me recomendó la vida de marino. De esta manera pude entrar en la barca que mi padre mandaba y con la que malvivía de las propinas y vendiendo por las calles del barrio lo que se pescaba de hurtadillo.
Así, a los 13 años estaba yo con pantalones cortos metido en una enorme barca de pesca, mareado y oliendo a tripas de pescado. Recuerdo cuando al enfilar la bocana del antiguo puerto de la Barceloneta ya soñaba con gobernar un barco grande y hacerme a la mar en un mercante o algo así.
La vida entonces era muy dura para nosotros. Mi padre apenas podía encargarse de mí. Cuando el mal tiempo no permitía que saliéramos a pescar, me llevaba con él a recorrer los antros del barrio, con ese olor a humedad que lo impregnaba todo y el de los guisos de pescado recalentado que se escapaba por las cocinas. Por las mañanas olía mezclado, suave, dulce, al jabón de escamas de la ropa tendida y también el intenso y salado de pescado y alquitrán. Recorríamos las calles estrechas, los pasajes siempre resbaladizos que corrían paralelos al puerto para encontrarnos con los otros en la vieja trastienda del colmado del Situ.        Continuará